El Código Blanes

Ante el innegable fenómeno de los libros de historia novelada, que mixturan realidad y ficción en proporciones que muchas veces es difícil calcular, existen quienes se atreven a considerar que ha nacido un nuevo género, que posee características que le otorgan un espacio propio dentro de la literatura.

La fórmula, manida e imitada hasta el hartazgo, continúa en pleno auge, a pesar de la ingente cantidad de material editado según el mismo patrón y modelo prefijado.

Estas obras de alto consumo conservan una fuerte presencia en el ranking de ventas, relegando, en la consideración del público, a producciones de mejor calidad argumental y narrativa.

Pese a que no fue el exponente de este subgénero, «El Código Da Vinci resulta siempre una referencia insoslayable que ejemplifica claramente la vigencia e importancia del fenómeno.

La novela, que provocó y aún provoca verdadero fanatismo entre un público que en su mayoría no solía ser demasiado afecto al hábito de la lectura, se ha constituido en una suerte de modelo de cómo armar una obra de historia novelada exitosa y llamativa.

La creación de una enrevesada intriga, cuya resolución suele ser bastante menos brillante de lo que el desarrollo de la novela hace suponer, la inclusión de diversas organizaciones religiosas, sectas secretas y demás -de los cuales el lector sabe muy poco pero posee un claro estereotipo- y la abundancia de información, mezclando datos auténticos con la imaginación del autor, suelen conformar una combinación que atrae al gran público, más allá de su dudosa originalidad y calidad literaria.

Quien se enfrenta la más reciente novela del escritor uruguayo Marciano Durán, titulada sugestivamente «El Código Blanes, puede suponer que se trata de una obra humorística o una parodia a la celebre novela de Dan Brown, dado la destacada trayectoria del autor dentro del género humorístico.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad, ya que la novela es, cuándo no, un intento más de aprovechar tangencialmente la fama de «El Código Da Vinci», mediante la oportuna utilización de buena parte de los recursos que hicieron tan exitosa a la mencionada obra. Si bien «El Código Blanes» es menos ambiciosa que su modelo, porque Durán no cuenta obviamente con un equipo de investigadores que trabaje para él como sí sucede con Brown, sigue, al pie de la letra, los «principios» del subgénero, ofreciéndonos una intriga atrapante, compleja, atiborrada de datos históricos, referencias a distintos personajes de la cultura, la política y las artes.

El menú se completa, naturalmente, con una generosa dosis de fantasía, a lo que el autor adosa un tono misterioso y grandilocuente, como debe ser.

Un grupo de personas que no se conocen entre sí, son convocadas por una enigmática doctora, para emprender la búsqueda de un secreto que puede cambiar el destino del Uruguay.

Las supuestas claves ocultas en «La última cena», de Da Vinci y «El juramento de los 33 Orientales», del propio Blanes, constituyen el eje en torno al cual gira toda la trama. Obviamente, en el relato abundan los masones, siempre taquilleros al consumo literario, la historia política del Uruguay, los alquimistas y otros lugares comunes.

Todo ello conforma, como es de rigor, una narración muy enrevesada, pero plagada de clichés, personajes sin desarrollo psicológico y un final tan decepcionante como agotador.

Queda claro que la intención del autor no fue innovar ni impactar con una narrativa poderosa ni una temática original, sino aprovechar el éxito comercial de esta nueva ola editorial. *

(Flor Negra Ediciones)

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