El tango recogió el uso de las drogas
A pesar de que parece ser un tema moderno en la actualidad, drogas como la cocaína y la morfina, entre otras, están presentes en la sociedad por lo menos desde la década que comenzara en 1910. Y la música, en este caso el tango, es fiel reflejo de lo que acontecía.
Marcel García, un director teatral y escritor, decidió realizar un compendio de las menciones a las drogas que tenían los tangos y montó un espectáculo denominado «Tangos drogos», el cual se presentó recientemente en el marco del Debate Nacional sobre Drogas.
Al dialogar con LA REPÚBLICA, el escritor admite que la exploración para encontrar las referencias a las drogas en el tango fue una intensa tarea, la cual daba paso a paso nuevas sorpresas.
El tango se extiende entonces de los barrios bajos de Buenos Aires hacia el centro de la ciudad y se inicia su era dorada.
Pero eso tuvo como consecuencia un cambio en las letras de los mismos, pasando a ser más ciudadanas y extirpándoles el lunfardo y la mención a ciertos tipos de vida. García señala que uno de los primeros afectados fue el tango «Los dopados», compuesto únicamente con música entre 1915 y 1923, por Juan Carlos Cobián. En 1942 y a pedido de Aníbal Troilo, Enrique Cadícamo le agrega letra, pero le cambia el nombre y de «Los dopados» pasa a ser «Los mareados».
No obstante, para algunos estudiosos se ven claras alusiones a las drogas:
«Rara… como encendida te hallé bebiendo linda y fatal… Bebías y en el fragor del champán, loca, reías por no llorar… Pena me dio encontrarte pues al mirarte yo vi brillar tus ojos con un eléctrico ardor, tus bellos ojos que tanto adoré…».
La descripción de «rara», «como encendida» «tus ojos con un eléctrico ardor», mostrarían que más allá de los efectos del champán, la mujer en cuestión estaría bajo el efecto de otras drogas, como la cocaína.
«El Taita de Arrabal» fue compuesto en 1922 por Herrera y Romero; inclusive fue grabado por Carlos Gardel. Como para ese entonces la prohibición de las drogas no existía, la descripción de las mismas en la letra era más directa:
«Pobre Taita, muchas noches, bien dopado de morfina, atorraba en una esquina campaniao por un botón. Y el que antes daba envidia ahora daba compasión». Muestra que el «taita» (el malevo) tuvo un pasado mejor, inclusive porque estaba «bien dopado en morfina».
La obra de Marcel García mezcla textos y canciones y hace un recorrido por la historia del tango. Cuando se le pregunta sobre la relación de los cantantes de tangos y las drogas, sostiene que hay anécdotas famosas, pero prefiere no recordarlas, porque muchos de sus protagonistas están muertos.
«A media luz», de Donato y Lenzi, es de 1925. «Corrientes 348…segundo piso ascensor», es el prostíbulo de lujo donde suceden las historias de amor.
«Los domingos, tés danzantes; los lunes, desolación, Hay de todo en la casita: almohadones y divanes; como en botica, cocó«.
Explica García que en este tango se puede ver un reflejo de los años 20. «Como en botica, cocó» hace referencia a las boticas (las farmacias) donde se podía comprar cocaína ya que no era una droga ilegal. O sea que en el prostíbulo se conseguía cocaína.
«Micifuz» relata el asenso social de un joven y una de sus «cualidades» de nuevo rico es que consume cocaína.
«Micifuz triste gato de albañal ¿por qué te das tanto corte si yo conozco el resorte que tu vida hace mover? Misch engrupido por las montas de tu fama milonguera y porque en una carrera te apuntás con cien y cien. ¡Uñas lustradas, fomentos, bataclanas y Florida loas cosas que hay en la vida que uno tiene que ver! Un hijo de Farabutti, el changador de la esquina, dopado con cocaína ¡pero si es para no creer!».
Pero si bien el tango parecía en los años 20 plagado de alusiones a las drogas, ya en 1927 se señala que «en los viejos tiempos» estas no existían o no proliferaban tanto.
«Tiempos viejos», de 1926 (Francisco Canaro y Manuel Romero), señala en su letra:
«Te acordás hermano que tiempos aquellos. Eran otros hombres, más hombres los nuestros. No se conocían cocó ni morfina. Los muchachos de antes no usaban gomina. Te acordás hermano que tiempos aquellos. Veinticinco abriles que no volverán, Veinticinco abriles, volver a tenerlos, Si cuando me acuerdo me pongo a llorar».
Su autor recuerda los viejos tiempos y dice que «no se conocían cocó ni morfina» (cocaína o morfina) y que por eso «eran otros hombres, más hombres».
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