El homenaje será el próximo 27 de junio y es organizado por la colectividad uruguaya

En la Plaza Uruguay de México se colocará busto del embajador Muñíz

Con ese homenaje los compatriotas recordarán el día en que la Convención Nacional de Trabajadores lanzó la huelga general contra los golpistas, civiles y militares, encabezados por Juan María Bordaberry y los mandos del instituto armado de la época.

El homenaje consistirá en colocar un busto de Muñíz Arroyo en la Plaza Uruguay, en la colonia Polanco, sitio donde durante ocho años se concentraron los uruguayos exiliados en ese país durante la dictadura.

Este embajador azteca caló hondo en al colectividad uruguaya por su valentía en los años de plomo, al grado que salvó a una niña que había sido secuestrada por las Fuerzas Conjuntas y la llevó con sus padres que estaban asilados en al casa del diplomático. El primer niño uruguayo nacido en México, hijo de exiliados, lleva el nombre de «Vicente».

Durante los años de exilio de los uruguayos, Muñíz Arroyo fue invitado de privilegio en las distintas actividades solidarias de esa colectividad con la lucha del pueblo uruguayo. No fueron pocas las veces en que Muñíz Arroyo fue invitado a comer a las casas de los uruguayos, donde lo esperaban con ravioles, una de las comidas predilectas de este diplomático.

Cuando dejó la representación diplomática en nuestro país, el embajador se llevó a vivir al Distrito Federal a una funcionaria uruguaya, doña Tereza, «por razones de seguridad». Una vez que la democracia retornó a Uruguay Muñíz Arroyo fue designado representante en la Aladi en nuestro país. Al poco tiempo falleció, rodeando del afecto de los uruguayos y del cuerpo diplomático.

Vicente Muñíz Arroyo también cobró notoriedad en nuestro país, porque en setiembre de 1974 invitó al general (r) Líber Seregni a los festejos de El Día de Grito, la principal fiesta patria de México, que se realizaron en el Parque Hotel. En ese momento Seregni estaba en libertad condicional, luego fue detenido definitivamente.

En esa noche de setiembre cuando las autoridades de la dictadura vieron entrar a Seregni al Parque Hotel se retiraron de inmediato profundamente molestos, llevándose detrás de sí a los integrantes de la orquesta y hasta a los mozos que atendían a los invitados. Públicamente Muñíz Arroyo dijo que había sido «un error» de su secretaría, porque no había ajustado la lista de invitados que tradicionalmente utilizaba la embajada. Pero a los exiliados dijo que lo había hecho «con toda intención y como expresión de solidaridad con la democracia uruguaya», pero que eso no lo hizo público para poder mantener abierta la embajada de México. Un año después centenares de militantes de la resistencia, particularmente comunistas, lograban cobijo en la casa de la calle Puyol en Carrasco o en la sede de Aladi, asociación que presidía México, ubicada en el Edificio Ciudadela, en las puertas de la Ciudad Vieja.

Muñíz Arroyo fue, mientras los asilados eran custodiados en su casa, promotor de largos debates sobre arte, historia e ideología. Uno de los participantes de esas reuniones, fue el escultor uruguayo Armando González («Gonzalito»), quien falleciera durante los años de la dictadura en Bulgaria.

 

«Gonzalito» el escultor

«Gonzalito» realizó algunos bustos con papel magé durante su estadía en la embajada, tarea que muchas veces interrumpía para hacer gimnasia o competir con Meme Altesor, quien fuera muerto en Niacargua poco antes de que el sandinismo tomara Managua, para ver quien hacía más lagartijas. Uno de esos bustos fue el del embajador Muñíz Arroyo, que ahora será llevado al bronce y colocado en la Plaza Uruguay de México.

Una vez en el exilio este escultor también realizó con sus manos el busto de Rodney Arismendi, en ese entonces secretario general del Partido Comunista de Uruguay. Su réplica se encuentra hoy en una plaza del Cerro, comprendida entre las calles Carlos María Ramírez, Japón y la Rambla. El original se está en la «Fundación Rodney Arismendi», custodiado por la maestra Alcira Legaspi de Arismendi.

Otra de las obras de «Gonzalito» es un monumento a José Artigas, montando un brioso caballo. «La estatua del héroe, obra del escultor Armando González, inaugurado el 12 de setiembre de 1975, monumento éste muy original debido a que su basamento está revestido con 6.420 plaquetas de ágatas pulidas por artesanos artiguenses», se lee en la página web de la Intendencia de ese departamento. Lo que no dice es que el 26 de marzo de 1971, cuando se realizara el primer acto público del Frente Amplio, se encontraba instalado en la explanada de la Intendencia de Montevideo. Los golpistas, molestos con que el autor fuera un comunista, trataron de llevárselo lo más lejos posible de la capital, instalando el monumento en Artigas, pero colocando mal las patas del caballo. Luego corrigieron el error. Su obra más conocida fue «La niña y la paloma», que fue colocada en el Parque Rodó.

«Gonzalito» vivió un poco más de un año en el Distrito Federal de México, para posteriormente pasar a vivir en Bulgaria.

 

Los «urumex»

Los uruguayos que estuvieron en el exilio en México y que hoy residen en nuestro país, enterados del homenaje que se realizará en el Distrito Federal, han comenzado a realizar contactos con la intención de que en ese día, en Montevideo, se viva una jornada similar. *

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