sin tapujos

Manini Ríos crítico con las estrategias de seguridad: “El recreo no se acabó nunca”

El exsenador apunta sin filtros contra sus exsocios de la coalición, acusa a blancos y colorados de haber debilitado deliberadamente a su partido y advierte que esa hostilidad fue la que terminó llevando al Frente Amplio de regreso al gobierno.

Guido Manini Ríos en la campaña pasada junto a Álvaro Delgado. Foto: Cabildo Abierto
Guido Manini Ríos en la campaña pasada junto a Álvaro Delgado. Foto: Cabildo Abierto

Guido Manini Ríos habla desde una oficina sin bancas que defender, pero con la convicción intacta de quien cree que tenía razón y nadie lo escuchó a tiempo. Fuera del Parlamento por primera vez desde que fundó Cabildo Abierto (CA), el exsenador y expresidente del Ejército asume la derrota electoral de 2024 sin rodeos, pero carga las tintas sobre quienes, según él, hicieron todo lo posible para que ocurriera.

La charla es directa. Manini no especula, no mide demasiado las palabras y no tiene demasiado que perder. Y eso se nota. La acusación más fuerte de la entrevista que concedió al diario El País no tardó en llegar. Cuando se le pregunta por el debilitamiento progresivo de CA durante el gobierno de la coalición, Manini va al hueso: “Hubo más de un dirigente de CA que fue directamente comprado por tal o cual partido socio de la coalición”.

No da nombres. Pero la afirmación queda en el aire con todo su peso. Según su lectura, la estrategia no fue solo política sino también transaccional: atraer referentes del partido para fragmentarlo desde adentro, reducir su caudal electoral y, de paso, deshacerse de un socio incómodo que no siempre votaba en línea.

La consecuencia, dice, fue matemática: “De cada tres votantes que perdiera el partido, dos se irían al otro bloque». Y agrega que se lo advirtió personalmente, en 2023 y en 2024, tanto al entonces presidente Luis Lacalle Pou como al candidato Álvaro Delgado. Ninguno lo escuchó.

El “recreo” que todavía no terminó

Manini no tiene apuro por definir el futuro de CA. Cuando se le pregunta si el partido volverá a la coalición en 2029, responde con una frase que resume bastante bien su posición actual: “Es demasiado prematuro”.

“El recreo no se acabó nunca. Pero no porque nosotros no hayamos propuesto permanentemente cambios sustanciales. El recreo no se acabó y, hoy por hoy, diría que el malandraje está de fiesta como nunca. Esa bandera de lucha tiene plena vigencia”, dijo el líder derechista.

Pero lo que sigue es más revelador. Dice que tanto el Frente Amplio como la coalición tienen más similitudes de lo que sus votantes creen. Pone ejemplos concretos: la política de seguridad pública, la continuidad de las líneas de Eduardo Bonomi bajo los gobiernos blancos y colorados, e incluso menciona que uno de los principales asesores del actual ministro del Interior es colorado.

“No tiene sentido que integremos el bloque opositor porque tenemos diferencias sustanciales”, dice. Y aunque no cierra ninguna puerta del todo, la dirección que marca es la de un partido que quiere jugar solo, al menos por ahora.

“Mezquindad política” y proyectos que aparecieron con otro autor

Otra de las acusaciones que lanza Manini tiene que ver con algo que en política duele más de lo que parece: el ninguneo sistemático. Según él, CA presentó iniciativas que fueron ignoradas por la coalición, para que, meses después, aparecieran casi idénticas pero firmadas por otros legisladores.

“Ignoraron iniciativas nuestras y a los seis meses les cambiaban el autor y las presentaban casi idénticas”, afirma. Lo llama “mezquindad política” y lo ubica como parte de un patrón deliberado de desgaste que terminó pasando factura.

A eso suma el bloqueo de artículos en el Parlamento y el rechazo a propuestas como el control senatorial de las concesiones de largo plazo o la modificación de la ley de usura, que CA considera inconstitucional.

La dispersión que les costó la representación

El otro gran capítulo de la conversación es interno. Manini reconoce que CA pagó caro la forma en que se conformó en sus inicios: candidatos que llegaron de afuera, que luego mostraron proyectos propios y terminaron yéndose a competir por su cuenta.

Menciona a Eduardo Lust y al Espacio de los Pueblos Libres de Eduardo Radaelli como casos concretos. Y sobre su excompañera de fórmula, Lorena Quintana, es cuidadoso pero no del todo: “Hay quienes dicen que tenía su propio proyecto desde el primer día”.

Cuando se le pregunta si considera que Quintana lo traicionó, responde con una frase que suena más a golpe calculado que a generosidad: “El término traición lo dejo reservado para la guerra y cosas mucho más fuertes que la política. De lo contrario, son muy pocos los que se salvarían de la etiqueta”.

Lo que es claro para él es que toda esa dispersión tuvo un costo electoral directo. “De no haberse ido esa gente, la realidad sería otra, incluso para los propios interesados”, dice, sin demasiada compasión por quienes apostaron a sobrevivir fuera del paraguas de CA y no lo lograron.

Dos diputados y la acusación de “lesa coalición”

Con solo dos bancas en Diputados, CA tiene hoy una influencia mínima pero real en un Parlamento sin mayorías. Manini dice que coordina con el diputado Álvaro Perrone en más del noventa por ciento de las votaciones, y que cuando CA vota con el Frente Amplio es porque el proyecto en cuestión es bueno para la gente, no porque hayan cambiado de bando.

Pero esa lógica no le cae bien a sus exsocios. “Han acusado a CA poco menos de traidor, de lesa coalición o de lesa democracia”, dice, y responde con dureza: “Hay una tremenda hipocresía y un tremendo cinismo”.

Reconoce que esa narrativa puede costarle votos en el futuro, porque la coalición tiene más capacidad para instalar relatos en los medios. Pero no parece dispuesto a cambiar la estrategia: “No nos vamos a callar”.

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