Cómo Stalin armó a Israel en 1948: la ayuda soviética que lo hizo posible y propició la Nakba
En 1940, Trotsky advirtió que Palestina se volvería una trampa sangrienta; ocho años después, Stalin envió armas para acelerarlo. Esta es una arista de historia de Israel de la que poco se habla.

La creación del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948 no fue un acontecimiento aislado ni una simple respuesta al Holocausto. Fue el resultado de una política expansionista conjunta del movimiento sionista y de las potencias imperialistas, destinada a controlar Oriente Medio y a construir un enclave estratégico.
La Unión Soviética de Stalin, lejos de oponerse, otorgó reconocimiento diplomático y envió armas a la milicia sionista Haganá a través de Checoslovaquia. La tradición comunista antiestalinista, representada por León Trotsky y la Cuarta Internacional, rechazó el sionismo y advirtió que Palestina se convertiría en una trampa sangrienta. Este artículo recupera los hechos, fechas, personas, lugares y acciones esenciales de esa historia.
La genealogía imperial del Estado de Israel
El proyecto de establecer un “hogar nacional judío” en Palestina nació de la alianza entre el sionismo y el imperialismo británico. El 2 de noviembre de 1917, el ministro de Asuntos Exteriores británico, Arthur James Balfour, envió una carta al barón Lionel Walter Rothschild en la que prometía “un hogar nacional para el pueblo judío” en Palestina. La Declaración Balfour no consultó a la población árabe, que entonces representaba más del 90 por ciento de los habitantes del territorio.
En la Conferencia de San Remo de 1920, las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial asignaron a Gran Bretaña el Mandato sobre Palestina, formalizado por la Sociedad de Naciones el 24 de julio de 1922. El Mandato británico facilitó la inmigración judía masiva, la compra de tierras por la Agencia Judía y la represión de la resistencia palestina.
Durante la Gran Revuelta Árabe de 1936-1939, el ejército británico mató a miles de palestinos, destruyó viviendas y deportó o ejecutó a dirigentes nacionalistas.
El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas, reunida en Nueva York, aprobó la Resolución 181, que dividía Palestina en dos Estados: uno judío y otro árabe. El plan otorgaba al flamante Estado sionista el 56% del territorio, pese a que los judíos representaban aproximadamente un tercio de la población y poseían menos del 10 por ciento de la tierra. Los palestinos árabes rechazaron la partición por considerarla una imposición colonial.
El 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurión declaró la independencia de Israel en Tel Aviv. Ese mismo día, el presidente estadounidense Harry S. Truman otorgó reconocimiento de facto al nuevo Estado. La Nakba, la catástrofe palestina de 1948-1949, expulsó o forzó a huir a unos 750.000 palestinos y destruyó más de 400 aldeas, como documentó Ilan Pappé en The Ethnic Cleansing of Palestine (2006).
Israel pasó del 56% asignado por la ONU al 78% de la Palestina del Mandato. Después de 1967, Israel se consolidó como el principal aliado estratégico de Estados Unidos en Oriente Medio, cumpliendo el papel de enclave imperialista que el texto de partida denuncia.
El papel de Stalin y la Unión Soviética
Contrariamente a la leyenda antiimperialista, la URSS estalinista respaldó la partición de Palestina. El 14 de mayo de 1947, el representante soviético ante la ONU, Andréi Gromyko, sorprendió al mundo al declarar que, si la convivencia en un solo Estado resultaba inviable, la partición era la solución.
Moscú buscaba debilitar al Imperio británico en Oriente Medio, abrir una puerta de influencia soviética en la región y utilizar a los sobrevivientes del Holocausto como peón geopolítico.
El 17 de mayo de 1948, la Unión Soviética otorgó reconocimiento de iure a Israel, siendo la primera potencia en hacerlo. Sin embargo, la afirmación de que lo hizo “mucho antes” que Estados Unidos es imprecisa: Washington ya había otorgado reconocimiento de facto el 14 de mayo de 1948, el mismo día de la declaración de independencia. Estados Unidos concedió el reconocimiento de iure recién el 31 de enero de 1949. Por tanto, la URSS fue la primera en reconocimiento de iure, pero no la primera en reconocer al Estado israelí.
El apoyo soviético no se limitó a la diplomacia. A través de Checoslovaquia, Stalin envió a la Haganá fusiles, ametralladoras, munición y aviones de combate Avia S-199. Estos suministros, confirmados por historiadores como Arnold Krammer (1974) y Gabriel Gorodetsky (2003), fueron decisivos para que las fuerzas sionistas resistieran y pasaran a la ofensiva contra los ejércitos árabes.
La misma URSS que armaba a Israel perseguía a los judíos soviéticos con campañas antisemitas, como la de los “médicos asesinos” entre 1952 y 1953. Posteriormente, cuando Israel se alineó con Occidente, Moscú dio un giro y se convirtió en el principal proveedor de armas de los regímenes nacionalistas árabes de Egipto y Siria. El estalinismo no era antiimperialista: era una política de gran potencia.
La crítica antiestalinista: Trotsky y la Cuarta Internacional
La tradición comunista antiestalinista rechazó siempre el sionismo. León Trotsky, él mismo judío, escribió en 1940, poco antes de ser asesinado por el agente estalinista Ramón Mercader el 20 de agosto de 1940 en Coyoacán, México:
“El intento de resolver la cuestión judía mediante la migración de judíos a Palestina puede verse ahora como lo que es: una trágica burla del pueblo judío… El futuro desarrollo de los acontecimientos militares bien puede transformar Palestina en una trampa sangrienta para varios cientos de miles de judíos.”
Trotsky sostenía que la emancipación judía no podía lograrse mediante un Estado-nación en Palestina, sino a través de la revolución socialista internacional y la abolición de las condiciones que generan el antisemitismo.
Su prognosis fue notablemente precisa: la partición y la guerra de 1948 convirtieron a Palestina en una trampa sangrienta, tanto para los palestinos, que sufrieron la Nakba, como para cientos de miles de judíos utilizados como colonos y carne de cañón por el imperialismo y el sionismo.
La Cuarta Internacional, fundada por Trotsky en 1938, mantuvo una posición anti-sionista y antiimperialista. La Liga Comunista Revolucionaria, sección palestina de la Cuarta Internacional, escribió en 1947, en pleno debate sobre la partición:
“La fuerza del imperialismo reside en la partición; nuestra fuerza en la unidad internacional de clase.”
Este lema condensa la estrategia marxista revolucionaria frente a la cuestión palestina: la partición es una tecnología imperial de dominación que divide a los trabajadores árabes y judíos; la única respuesta es la unidad internacional de clase contra el imperialismo, el sionismo y las burguesías árabes.
Lecciones para hoy
La historia ofrece lecciones estratégicas para entender todas las visiones que se han dejado de lado sobre aquellos años. La política estalinista de buscar alianzas con potencias imperialistas “progresistas” solo conduce a derrotas sangrientas. La Organización para la Liberación de Palestina (OLP), al subordinar su lucha a la URSS y a los regímenes árabes, no logró liberar Palestina; quedó atrapada en la geopolítica de bloques.
La “solución de dos Estados”, promovida por las potencias imperialistas, no fue una solución, sino la perpetuación de la partición y del apartheid.
Para liberar Palestina, los nuevos movimientos analizan cómo rechazar la partición y el colonialismo de asentamiento, exigir el derecho al retorno de los refugiados palestinos, construir organizaciones obreras independientes en Palestina e Israel y denunciar a todos los imperialismos: estadounidense, europeo, ruso, chino e iraní.
La consigna de 1947 sigue vigente, y esa es que la fuerza del imperialismo reside en la partición; la fuerza de los trabajadores reside en la unidad internacional de clase.
Referencias bibliográficas
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Brenner, L. (1983). Zionism in the Age of the Dictators. Croom Helm.
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Gorodetsky, G. (2003). “The Soviet Union and the Creation of Israel”. En E. Karsh (Ed.), Israel: The First Hundred Years, Vol. III: Israel in the International Arena. Frank Cass.
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Khalidi, R. (2020). The Hundred Years’ War on Palestine: A History of Settler Colonialism and Resistance, 1917-2017. Metropolitan Books.
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Krammer, A. (1974). “Soviet Motives in the Partition of Palestine, 1947-48”. Journal of Palestine Studies, 3(3), 102-114.
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Lenin, V. I. (1917). El imperialismo, fase superior del capitalismo.
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Pappé, I. (2006). The Ethnic Cleansing of Palestine. Oneworld.
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Rodinson, M. (1973). Israel: A Colonial-Settler State? Pathfinder Press.
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Shlaim, A. (2000). The Iron Wall: Israel and the Arab World. W. W. Norton.
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Trotsky, L. (1940). “On the Jewish Problem”. Fourth International.
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Weinstock, N. (1969). Le sionisme contre Israël. François Maspero.
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Revolutionary Communist League (Palestinian Section of the Fourth International). (1947). Tesis sobre la cuestión palestina. Documento interno.
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