Resistencia a la BIG DATA

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«Si pudiéramos suprimir los medios de manipular realidades, daríamos un gran paso adelante. Los medios de manipulación, engendran mentiras, odios, envidia, sospecha, temor. No necesitamos la presunta verdad de la prensa diaria. Lo que necesitamos es paz, soledad y ocio». (Fragmento de mi novela «Morbi Dei», Editorial Corregidor, 1985).

En Argentina, ha llegado a ser una práctica cotidiana, aún no superada, que escritura y pensar sobre lo deseante en términos esquizoides, estén estrechamente ligados al ejercicio del poder corporativo de mafia asesina, enquistada en el país desde hace décadas, en los más diversos espacios del acontecer de lo que fue una República.

La escritura publicitaria de los habilitados, serviles a las corporaciones, significaba y sigue significando la omnipotencia de la trama siniestra del aparato criminal del Estado privatizado… El acto de escribir pierde su función comunicativa, de modo adrede, todo articulado por una logística degradante de pérdida de sentido y, por supuesto, de la verdad tan temida. Pero también y sobre todo la decepción relativa a la indisposición ante la verdad. La creencia en la bondad de los fundamentos -ética, sentido, historia, progreso, hombre- se reemplaza por una especie de creencia en la omnipotencia de unas fuerzas dispersivas, caóticas, contradictorias, demoníacas, que sin dudas la humanidad ha naturalizado, glorificando los mitos y las leyes de la destrucción: ruina, entropía, caos.

Se instalan muros, horarios fijos, escindidos de la calidez del sentir, encierros implacables que se replican en decenas de perfiles, violentando intimidades devaluadas desde la distópicas redes, accionando de modo . La palabra como medio de comunicación por contacto se ha eliminado, queda el WhatsApp, sin dejar de meditar en la infiltración de repertorios por algoritmos digitales que simulan libertades, pero restringen la identidad real, dejando fuera de su ser a los sujetos, asimilados a un estadio de anomia sin retorno, las pantallas ordenan, la humanidad obedece…

El flujo incesante de datos produce mentes que nunca descansan, derivando en un burnout colectivo… Lo relatado, me lleva a asumir una postura filosófica que se consolida como una corriente de resistencia a la BIG DATA,  donde invito a recuperar la conciencia humana frente al avance tecnológico deshumanizante… De extremo peligroso que el almacenamiento masivo de datos destruya la intimidad del individuo en beneficio de corporaciones y gobiernos, en perpetua confrontación con una humanidad que ha perdido coraje, sentido y destino de simplemente ser.

El lenguaje se diluye, deviene en confusión babélica, demostrado en el decir de la mascota Milei, un «bocón roñoso» sin red, el autodenominado «cruel», legitimando en su accionar violento y eliminador de libertades, celebrando sus «victorias» esclavizadoras aplicadas a un pueblo al que debe ofrecer una existencia armónica, en paz y libertad… Un pueblo dócil y en estado de anomia y temor inocultable. que habitan en un paisaje desolado en que se ha convertido Argentina, ¡Vaya! Resultó ser un formidable engendro psicopático este energúmeno… Todo acontece en la más penosa soledad de saber que lo peor no ha acontecido. De todos modos, nos queda el 911, no vaya a ser que, final abierto a la desmesura del desierto, anula cualquier imagen de quién jamás lo ha visto, ni experimentado en tránsitos de vida natural… Sin excipientes.

Someter a millones de parias, por su bien, a una inseguridad minuciosamente planificada, deliberadamente organizada, deviene en ser víctimas propiciatorias del nuevo ciclo de vida-muerte, que sufren etnias y pueblos condenados a la tortura atroz de esperar su final anunciado… No hace falta describirlo, pues no se ignora que para el círculo rojo, que dicta y rige en este planeta sobran millones de seres… La IA y tecnologías novedosas, han llegado a instalarse en la reprogramación de un mundo para pocos.

Las tecnologías no son neutras, ni inevitables. Cómo se diseñan, a quién benefician y en qué condiciones se integran son decisiones profundamente políticas. Cuando hablamos de IA en el periodismo, la literatura y el arte, lo que está en juego no es solo el futuro del oficio, sino también la calidad del debate público, la diversidad de voces y el derecho a una información verificada, plural y libre.

Cuando los procesos de degradación son irreversibles, llegando a alcanzar instancias sin retorno, se hace necesaria una nueva lógica para una nueva situación y cualquier ensayo resulta pertinente y necesario, además de admirable, en los bordes del ávido camino de la sobrevida de todos.

De este modo, a pesar del desgaste y rozamiento, se produjo un cortocircuito de lo simbólico, que actuaba cual placebo interno de la conciencia de una humanidad manierista/esclava y la discusión parece producía cierto vértigo, por lo que el esfuerzo en llegar a un diálogo se tornaba casi imposible, devenido en valioso, porque no decirlo o ser inútil, ignorante y mentiroso, no da resultados formidables en este sistema de sujetos-objetos, que preparan su cuerpo para los gusanos, soportando lo insoportable, en nombre de la democracia ficcional, al servicio de las mafias corporativas, incluidas las mediáticas, donde la verdad es eliminada y la mentira es instalada como fuente de todo acto delictivo,

En el interior de las democracias, se insinúa con insistencia formas de simuladas confrontaciones, donde no se llega a visualizar quién es el receptor y quién el emisor de noticias solapadas en formato «espionaje super-escort» modelo tercer milenio, tendencia «Genocidio organizado VIP». Una fisura, tendencia vintage, que insinúa lo obvio, permaneciendo extrañamente publicitada, desde un perfil de posibilidad cercana, o trascendido, de lo que parecía irreal y lejano, pero que nadie ignoraba, al menos se presentía cierto tufillo a «voyeurismo» en acto de aniquilar la esencia sagrada de la intimidad, ¿Suena terrible no? ¿De qué otra manera se podría jugar con la mafia?

La humanidad experimenta lo que se denomina vida en un «doble exilio», poético y patético, cuando relatar la vida y el mundo como son en realidad, como se los debe conocer, sin ocultamientos ni oscurecimientos, nos cueste ser eliminados y a pesar de como dicen los soplones «la verdad siempre se abre camino y se logra ver la luz», aunque ya sea de noche y las décadas hayan transcurrido llevándose consigo a las voluntades más lúcidas.

Se requiere cierto heroísmo, para mostrar a la humanidad lo que es la verdad, sin complejos, que se experimentan día a día por quienes tiene reservada la tarea irreprimible de escribir la historia, de los ganadores del gran derby de bestias que corren tras el espejismo de un oasis sin palmeras, la verdad, absolutamente prohibida de expresarla o mostrarla, en acto y vida, incluso en textos ligeros, literarios, de filosofía vocacional, o en notas de medios under, empantanados entre la melancolía y el desdén.

La situación del hombre, en medio de la confusión de leyes, hábitos impuestos, deseos indeseables, impulsos reprimidos, instintos sofocados, se ha hecho tan azarosa, artificial, arbitraria, trágica, grotesca, que jamás tuvo la literatura tanta facilidad para inventar como en el presente, como tampoco, encontró tan difícil asimilar, deglutir y seguir intentando vivir, con sonrisa dibujada. Nos rodean bestias epizoóticas, a quienes el menor roce hunde en interminables convulsiones criminales.

Para qué seguir sublimando y soñando lo que jamás tendrá espacio en este mundo de sistemas necróticos, si el hombre no puede subsistir bajo ningún sistema antropoide, por demás masoquistas todos ellos, sin la imposición de una mentira duradera, repetida hasta el delirio, una «mentira totalitaria», una mentira que no se esconde en un tal vez y libres de restricciones, estas fórmulas ¿sociales?, se disolverán irremediablemente en la anarquía.

Los discursos de gobernantes dictatoriales de democracias ficcionales repercuten en todas direcciones, acompañando a la sobrevida de los hambreados que alucinan mejores tiempos por venir, en sus monotonías de tareas diarias inexistentes, bebiendo en botellas vacías, en charcos al borde de algún cordón, inhibidos ante los grotescos maniquíes que pasan los miran y aceleran su paso, ¿proyectan posiblemente su porvenir ineluctable?, todo ellos cuajándose en un gigantesco y repugnante narcisismo, siempre con las mejores intenciones.

El sadismo instalado en la maquinaria emocional del hombre, deriva, ante todo, de un amor ante el aniquilamiento, profundamente arraigado en la naturaleza humana y muy particularmente en la naturaleza de las comunidades de hombres, una especie de impaciencia amorosa, un deseo irresistible y unánime por la muerte; impaciencia pudorosa, tímida, pero no por eso menos poderosa del deseo de que Tánatos y su suavidad nos acaricien.

El resultado es claro: el repliegue a una posición anarquista cuya violencia afectiva puede volverse inquietante, cuando la comprobación de la impotencia oscila en el sueño de la omnipotencia.

Esta serie de exilios, devenida en la posición marginal del discurso de la verdad, sin ambigüedades, determinan una pérdida de la realidad inmensa.. Una serie de exclusiones que comprende lo histórico y político, asimilados a un cuento pornográfico de lo que demasiados piensan no puede ser… Pero «es».

“No somos inmortales, tengamos presente que revolucionar, desarrollar, igualar, compartir, vivir, morir, están ligados indisolublemente. Lo han visionado en advertencias apocalípticas, poetas, soñadores, sabios, Y si el apocalipsis se equivoca, será porque ocurrirá algo improbable”. (Fragmento de mi ensayo «Final en forma ordenada», Editorial La Cifra, 2000)

 

Eduardo Sanguinetti
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