tours de la crueldad

“Safaris humanos”: millonarios pagaban para matar civiles en Sarajevo durante la guerra de Bosnia

La fiscalía de Milán investiga denuncias de presuntos turistas ricos que viajaban a Bosnia para “cazar” civiles: entre las más de 11.000 víctimas hubo unos 1.600 niños que murieron por arma de fuego.


Una nueva investigación se inició en Italia a partir de reportes de que individuos adinerados participaron en actividades de francotirador contra civiles como una forma de cruel “deporte” durante la guerra de Bosnia, una de las alegaciones más graves y persistentes surgidas del conflicto de esta cruenta guerra que duró de 1992 a 1995.

Estas denuncias, que han resurgido en investigaciones periodísticas y judiciales recientes, se centran en la posibilidad de que extranjeros pagaran a las fuerzas bosnias serbias por la oportunidad de actuar como francotiradores contra la población civil de Sarajevo. La investigación actual en Italia busca determinar la veracidad de estas afirmaciones, que hasta la fecha se sustentan principalmente en testimonios.

Se le acuñó el concepto de “safaris humanos” o “turismo sniper”, sugieriedo que los participantes, descritos como entusiastas de las armas y buscadores de emociones fuertes, viajaron a las colinas que rodeaban Sarajevo con el único propósito de ejercer la violencia letal. Se alega que estos individuos operaban sin una motivación política o militar identificable, tratando los actos de violencia como una forma de caza o entretenimiento, pero en este caso, las presas eran hombres, mujeres y niños civiles.

La investigación formal sobre estos presuntos eventos ha cobrado un nuevo impulso en los últimos años. Actualmente, la fiscalía de Milán lleva a cabo una investigación centrada en ciudadanos italianos que pudieron estar involucrados. La pesquisa judicial se basa en una denuncia presentada por el escritor italiano Ezio Gavazzeni, quien realizó una investigación propia sobre el tema. La complejidad de verificar hechos ocurridos hace tres décadas en un escenario de guerra representa un desafío considerable para las autoridades.

Tours de caza en Bosnia: caviles como trofeos

El escenario de estas acusaciones fue el asedio de Sarajevo, que se extendió desde abril de 1992 hasta febrero de 1996. Este evento, el asedio más prolongado de la capital de una ciudad en la historia moderna de Europa, fue implementado por las fuerzas del Ejército de la República Srpska bajo el mando del general Ratko Mladić. La ciudad, que albergaba una población multiétnica, fue sometida a un constante bombardeo de artillería y fuego de francotiradores desde las posiciones elevadas en las colinas circundantes.

La avenida principal de la ciudad, conocida como “Sniper Alley” o el “Pasillo de los Francotiradores”, se convirtió en un símbolo del terror que experimentaban diariamente los civiles. Los residentes se veían obligados a cruzar estas calles expuestas para acceder a agua, comida o atención médica, convirtiéndose frecuentemente en objetivos deliberados.

Según los registros del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY), más de 11.000 personas perdieron la vida durante el asedio, incluyendo aproximadamente 1.600 niños.

Fue en este contexto de violencia indiscriminada y caos generalizado donde surgieron los primeros rumores sobre la presencia de francotiradores extranjeros que no formaban parte de las estructuras militares regulares. Estas historias circulaban entre la población civil y los medios de comunicación durante la guerra, pero a menudo carecían de una verificación concreta. El ambiente de miedo y la dificultad para acceder a las zonas controladas por los sitiadores impedían una investigación adecuada en ese momento.

Las graves acusaciones contra los turistas bélicos

Los informes periodísticos y la investigación legal en curso describen un presunto sistema organizado donde los extranjeros adinerados, predominantemente italianos pero también de otras nacionalidades, habrían pagado sumas sustanciales de dinero a las milicias serbobosnias.

Las tarifas mencionadas en las acusaciones alcanzaban hasta los 100.000 euros por viaje, ajustados a la inflación actual. Los supuestos participantes eran transportados desde ciudades italianas como Trieste, volando a Belgrado y siendo posteriormente escoltados hasta las posiciones de francotirador en las colinas de Sarajevo.

Una de las alegaciones más impactantes es la existencia de una lista de precios escalonada según el tipo de víctima. Según los testimonios recogidos en la investigación, se habría cobrado la tarifa más alta por disparar a niños, seguida de hombres y mujeres, mientras que los ancianos habrían sido considerados blancos sin costo adicional. Esta jerarquización macabra reforzaría la narrativa de que la actividad era tratada como una forma de caza, con un sistema de trofeos implícito. Los participantes son descritos como individuos que buscaban “la emoción” y “el poder absoluto”.

El documental “Sarajevo Safari”, dirigido por Miran Zupanič, jugó un papel crucial en la revitalización del interés público por estas denuncias. La película presenta testimonios de fuentes anónimas, incluido un esloveno que afirma haber tenido vínculos con una agencia estadounidense, quien describe la mentalidad de los extranjeros. “Era la posibilidad de tener un poder absoluto sobre la vida de otra persona”, declaró una de las fuentes del documental, reflejando la supuesta falta de empatía y la motivación recreativa detrás de los actos.

La investigación actual y los testimonios clave

La investigación formal en Italia, dirigida por el fiscal Alessandro Gobbis, se inició tras la presentación de una queja detallada por el escritor Ezio Gavazzeni. La pesquisa se centra en posibles cargos de homicidio agravado y cuenta con el apoyo declarado de las autoridades bosnias, incluida la exalcaldesa de Sarajevo, Benjamina Karić. Gavazzeni, tras una investigación de dos años, afirmó haber identificado a varios presuntos participantes, entre los que se encontraría un cirujano plástico de Milán y otros individuos del norte de Italia.

Uno de los testimonios clave lo proporciona Edin Subašić, un ex oficial de inteligencia del ejército bosnio. Subašić ha declarado en múltiples ocasiones que su unidad detectó la presencia de estos “francotiradores turistas” durante los fines de semana, periodos en los que la actividad de los francotiradores se intensificaba de manera peculiar. Subašić afirmó que estos individuos vestían ropa civil distintiva y utilizaban rifles de alto calibre, más apropiados para la caza mayor que para el combate militar convencional.

Otros testimonios provienen de supervivientes y observadores internacionales. Džemil Hodžić, fundador del proyecto fotográfico “Sniper Alley”, ha corroborado la percepción de que los fines de semana eran más peligrosos. El ex marine estadounidense John Jordan testificó ante el TPIY en 2007 sobre la presencia de lo que describió como “turistas” en las líneas de francotiradores. Además, existen informes de inteligencia, como un documento del SISMI de 1993, que detallan la participación de ciudadanos italianos y las rutas utilizadas.

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