Se hizo cortar la mano para cobrar el seguro pero fue descubierto
El plan no podía fallar, porque nadie se haría cortar una mano por dinero para saldar una deuda.
Sin embargo, una sucesión interminable de errores y contradicciones, llevaron a que la Policía paulista pudiera aclarar el caso y desenmascarar al estafador.
A fines del ano pasado, el empresario paulista, Sebastian José Rodríguez, de 31 anos, habló con su mujer que estaba embarazada de cinco meses y le contó de su desesperada situación económica. Ante la inminente llegada de su segundo hijo, le contó su plan. Durante cuatro meses había pensado cómo salir de su difícil situación. Resolvió que la única manera era haciéndose cortar la mano izquierda mediante un fuerte golpe de machete, simulando un asalto y así poder cobrar el dinero del seguro.
Al final de la historia, el empresario perdió la mano, se quedó sin el dinero del seguro y aún sigue siendo deudor de una enorme suma de dinero. Aparte de ello, la mujer amenaza con dejarlo.
Dueno de una empresa de compra-venta de teléfonos, su negocio supo de grandes éxitos y fracasos. Llegó a tener una deuda de 700.000 reales (casi 700 mil dólares) y todos los meses se escondía de sus acreedores. Desde entonces sólo pensaba en matarse y por eso resolvió contratar tres pólizas de seguro que pagarían 900.000 reales en caso de muerte y 500.000 en caso de invalidez permanente.
Cuando supo que sería padre por segunda vez desistió del suicidio y se decidió por la amputación, aunque con ello no saldaba toda la deuda.
La mujer, espantada, se opuso al principio y le dijo: «No te cortes la mano, cortate cualquier otra cosa…» pero luego, al verlo decidido resolvió apoyarlo. Era una locura. Se quedaría sin una mano y con la deuda reducida a 200.000 reales.
Sebastián siguió adelante con su plan. Llamó a su amigo Antonio Silva alias «Lilico» para que hiciera el papel del asaltante. No quiso, pero luego aceptó cortarle la mano por 300 reales.
Una noche a fines de octubre pasado, Sebastián salió a pie con su mujer, para comprar helados cerca de su casa.
La Policía sostiene que él llevaba 800 reales, pero igualmente sacó otros 20 reales del cajero automático. Al salir con los helados fue rodeado por tres individuos (según su relato), uno de ellos armado con un machete y otro con un garrote, quienes le robaron el dinero y además le cortaron la mano de un golpe de machete para quitarle el reloj y los anillos.
Sebastián fue llevado para el hospital y la Policía comenzó a investigar el caso.
El delegado Osvaldo Nico Goncalvez, del Departamento de Investigaciones, sospechó desde un principio por varios detalles que anotó en su libreta: 1- ?Que bandido lleva un machete para cometer un asalto en la ciudad? 2- La víctima fue a comprar helados a las 11 horas de la noche con una temperatura de 10 grados. 3- Los bomberos que acudieron primero dijeron que Sebastián tenía el brazo cortado envuelto en una toalla y nadie supo decir de dónde había salido. 4 – En su casa apareció otra toalla igual y las cuentas de luz y agua todas atrasadas. Lo único que estaba al día era el seguro.
5 – El retiro de 20 reales sirvió de coartada para probar que había ido al cajero minutos antes de ser asaltado. 6 – Finalmente, no aparecieron restos de la mano cortada.
Dos días estuvo el delegado Nico Goncalvez reuniendo evidencias y contradicciones, hasta que se presentó en el hospital y acusó directamente a Sebastián por intento de estafa por cobrar el seguro.
Entonces Sebastián contó todo. «Rápido, Lilico, de una vez» , le dijo a su amigo que blandía indeciso el machete. Aseguró que no quiso ponerse anestésico contra el dolor temiendo que luego surgiera en un eventual análisis de sangre.
Después del golpe, certero y fuerte, Lilico envolvió la mano cortada en un plástico y la tiró al río. El cómplice fue inmediatamente detenido y confirmó el relato.
Lo insólito del caso es que para la Justicia Sebastián no cometió ningún delito, ya que intentó cometer el fraude contra el seguro pero no lo logró.
Para la ley, sólo Lilico es responsable por la lesión grave cometida contra Sebastián y debe enfrentar un proceso por ello.
La esposa, amargada por el fracaso de su marido y a punto de dar a luz, está pronta para abandonarlo.»Fue algo bestial –dice– aún quedó la deuda y el está sin una mano. Peor que antes…»
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