Los casinos deben ser públicos
Hasta hace unos cuantos años, los casinos sólo podían ser públicos: estatales en el interior y municipales en Montevideo.
Hoy hay en Montevideo dos municipales: el Parque Hotel y el Casino Carrasco, y cuatro privados: Maroñas Entertainment en 18 y Yaguarón, Hipódromo de Maroñas, Montevideo Shopping y Hotel Radisson, este último en asociación con el Estado.
La IMM tenía antes el 100% del juego y hoy tiene sólo el 23%.
A esto deben agregarse miles de «slots» en kioscos y clubes sociales donde juegan muchos niños. Son las máquinas tragamonedas, que necesitan muchos menos funcionarios además de aumentar la adicción al juego. Lo lógico era que la IMM las comprara, pero, como eran muy caras y no había dinero suficiente, hubo que arrendarlas a privados y esto agravó aun más el problema.
Montevideo no es tan grande para tener tal cantidad de casinos, además de los de Las Piedras, Atlántida y Géant en Canelones.
La IMM comenzó por incentivar la jubilación de funcionarios, que pasaron de ser unos 700 a 350, disminuyendo los gastos del personal de Casinos a la mitad, aunque sus salarios no son más que los de los otros casinos, entre administrativos y profesionales.
Y en cuanto a las denuncias que Brecha hizo sobre la gestión en los casinos, no nos compete a nosotros opinar ahora, sino después de las investigaciones hoy en marcha.
La afición o la adicción al juego deben ser reguladas por el Estado y los municipios.
Abundan los ejemplos de que el juego en manos de los privados conduce a la creación de mafias. Basta recordar que cuando en 1950 se prohibió el juego en la Florida en Estados Unidos, hubo mafiosos que se fueron a La Habana, y en 1952 financiaron nada menos que a Fulgencio Batista para que diera su golpe de estado y les entregara a ellos los casinos en La Habana, a la que transformaron en un gran garito.
En Uruguay ha habido una gran lucha para que los casinos sean públicos. Allá por 1948 Luis Batlle terminó con la quiniela privada, que pasó a integrarse con la Lotería Nacional. Casinos como el Nogaró, el Miguez y el San Rafael pasaron al Estado. Javier Barrios Amorín libró una gran batalla en Rocha para que el Casino de La Paloma fuera del Estado, entre otros.
Pero en los últimos años se han ido creando casinos privados que lo han cambiado todo. El más importante ha sido el Conrad en P. del Este, totalmente privado, aunque debemos reconocer que con sus espectáculos semanales, incluso en pleno invierno, ha seguido dando trabajo a unos 1.200 empleados y ha permitido que P. del Este no tenga solamente un turismo de verano sino de todo el año.
Estas reflexiones son sólo un pantallazo sobre un tema que el Estado y los municipios deberán abordar en profundidad. *
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