ANECDOTICO. BENDITO FUTBOL PROFESIONAL URUGUAYO...

Jugadores de Durazno FC viajaron en un camión de ganado

La directiva y los gerenciadores de Durazno FC, en vistas de tener un plantel conformado en su mayoría por jugadores que viven en Montevideo, tomaron la determinación antes de comenzar el torneo de entrenar en Montevideo y viajar los fines de semana, ya sea a Durazno cuando son locales o a cualquier otro lugar del país donde les toque jugar.

Primera situación anómala o diferente, pero además, en los últimos días, a raíz de un reclamo salarial, los funcionarios de Progreso decidieron ocupar el Paladino, lugar de entrenamiento cedido a Durazno, habida cuenta que el equipo gaucho no participa esta temporada. Por lo tanto tuvieron que entrenar en la cancha de Huracán del Paso de la Arena.

Este sábado, Durazno era local ante Rocha, por lo que tras reunirse apenas pasado el mediodía, el plantel, cuerpo técnico, colaboradores y un par de dirigentes abordaron el tradicional ómnibus, conducido por Leonardo «Pochito» Pereira, como un viaje más.

Todo transcurría normal, el asfalto caliente de la Ruta 5 era devorado por el ómnibus que trasladaba a la roja al centro del país. En determinado momento el conductor alertó a un dirigente, «mirá como sube la temperatura del motor… tenemos que parar». Estaban a 25 km de Durazno por Ruta 5 entre Puntas de Maciel y Goñi, con mucho campo a los costados y un calor pegajoso e insoportable.

Decidieron frenar, dejar enfriar el motor y echarle agua al radiador; pero a falta de agua natural debieron utilizar el agua mineral que llevaban para consumo del plantel. Entre risas, bromas y comentarios todos observaban como el radiador parecía un géiser largando agua caliente. Pero seguía faltando agua por lo que un dirigente y el preparador físico vieron una chacra algo cerca y decidieron ir y solicitar ayuda.

Cruzaron los pastizales, el alambrado y enfilaron a la casa distante casi una cuadra de la ruta, sin contar con los perros, mascotas imprescindibles para la gente de campo. Uno de los canes, quizás el más manso seguramente, estaba suelto, pero igual les mostró los dientes. No sabían si correr o seguir. Decidieron jugársela y con un varita «amansar» al can, que luego de casi 10 minutos, en medio del griterío y risas del plantel que observaba desde la ruta, movió la cola y los dejó pasar.

Golpearon las manos pero nadie atendió, por lo que decidieron «servirse» solos. Llenaron un balde de 20 litros con agua de una canilla en el patio y regresaron al ómnibus, con tan mala suerte para el dirigente, que al pretender cruzar el alambrado, pisó en un pozo y se esguinzó un tobillo. Fue atendido en el lugar por los médicos del plantel y con una bolsa de hielo en el pie lo subieron al ómnibus.

A esta altura nadie dudaba que el ómnibus seguiría. El chofer tampoco y todos volvieron a subir para llegar a Durazno. Sin embargo, dos kilómetros más adelante, el ómnibus definitivamente se quedó.

Se venía la hora del partido; llamadas infructuosas en busca de un ómnibus que no consiguieron y hasta un llamado al árbitro del partido para retrasar el encuentro. Pero este les dijo: «Sólo espero 15′ como marca el reglamento» por lo que los jugadores decidieron cambiarse en el ómnibus y bajar «prontos» a la ruta ¡a hacer dedo!.

Pasó un pequeño camión y dos jugadores se subieron, pasó una moto y se llevó a otro, y el resto (ya dispuestos a irse igualmente uno a uno) fueron trasladados en un camión de carga de ganado.

Minutos más tarde el automóvil de la familia Pellejero trasladó al dirigente que a esa altura aún estaba con una bolsa de hielo en su tobillo. Los jugadores llegaron con el tiempo justo y entraron a la cancha. Ganaron 2 a 0 pero los problemas no terminaron ahí. No tenían como volverse, porque no pudieron contratar ningún ómnibus.

El gerenciador del club, Alejandro Nannini, le entregó al dirigente (lesionado) el dinero para que todo el plantel se trasladara de regreso a Montevideo en un ómnibus de línea, pero debían esperar en Durazno hasta cerca de la medianoche.

Por otra parte, Naninni le dio dinero a uno de los jugadores referentes del plantel, para que hiciera las compras en un supermercado y repartiera refrescos y comida a la delegación.

Mientras sus compañeros esperaban en la Plaza Sarandí, cansados, molestos y con calor, este jugador apareció con un carrito de supermercado cargado, en medio de los aplausos y «gastadas» de todos y ante el asombro de los duraznenses. Después, horas de ocio hasta poder regresar a Montevideo ya entrada la madrugada. Una odisea que a esta altura forma parte del folclore de nuestro fútbol profesional…

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