Encuentro de pintores en los Pasos Perdidos
Es una buena iniciativa. Facilitar el acceso al patrimonio cultural del país no solo constituye un acto de afirmación democrática sino la oportunidad de reordenar un acervo oculto, extraviado entre despachos de senadores y diputados, en corredores que habitualmente pasan inadvertidos para los huéspedes temporarios del recinto parlamentario. Seleccionados y agrupados, aún en la brevedad numérica, merecen la atención del visitante.
No es, ni quiere ser, un panorama sintetizador de la pintura uruguaya. Modestamente, al azar de las adquisiciones, propone algunas obras de algunas personalidades. El Palacio Legislativo adquirió a través del tiempo, además de la riqueza propia de pinturas murales en las amplias lunetas del edificio, cuadros en diferentes oportunidades, como contribución a los salones nacionales o en adquisiciones directas. La última se remonta a 1997, cuando el vicepresidente Hugo Batalla encomendó la compra en una subasta del «Retrato de Emilio Frugoni» de Alfredo de Simone, una tela extraviada por mucho tiempo que tuvo un periplo accidentado e intrigante hasta que finalmente recaló en una casa de remate, una decisión acertada que, más allá de la significación del modelo, parlamentario y fundador del Partido Socialista, documenta la audacia formal del pintor al ubicar la figura de Marx como halo protector y referente ideológico del modelo.
No es la única pieza valiosa de las 39 obras seleccionadas por O. Astesiano, de un total de 405 existentes. Dos suntuosos óleos firmados por José Cúneo («Rancho de Florida», «Luna con rancho»), dos de Rafael Barradas («Obrero en el café», «De Hospitalet del Llobregat»), otros de Manuel Rosé («El parral», «El árbol rojo»), un par de cartones de Pedro Figari («A la querencia», «Candombe»), un paisaje de Andrés Etchebarne Bidart y uno de Carmelo de Arzadun, en sus períodos planistas, son suficientemente atractivos como para hacer de la colección un punto de obligada referencia. Que no termina en esos pocos nombres y obras citados. El gran talento de Pedro Blanes Viale se proyecta en dos pequeños óleos: «Jardines de Mallorca» y, en especial, en «Retrato del pintor Santiago Rusiñol», un delicioso óleo sobre tela pegado en madera, que nada tiene que envidiar a Manet por la frescura de su pincelada suelta y el talante impresionista que invade la composición. Una tendencia que también se infiltra en «Anochecer en el Central», de Washington Barcala, una excelente pieza de sus años juveniles. A veces, el gran tamaño no suele acompañar la calidad («La feria», de Anhelo Hernández, «Paisaje andino» de Hugo Nantes, «Niños a la mesa», de Edgardo Ribeiro) y ni siquiera el formato mediano es índice de lo mejor de Vicente Martín, Oscar García Reino y José Gurvich, talentos mayores de la modernidad. Se destaca también «Libertad» de Carlos M. Herrera.
La movilización en torno al Bicentenario, parecería una buena oportunidad para actualizar la colección del Palacio con la entrada de artistas uruguayos contemporáneos y así, en una próxima exhibición, redondear un ciclo histórico más cercano a la dinámica realidad de las artes visuales nacionales y de una generación emergente, ya suficientemente consolidada, no siempre arropada con el apoyo oficial. «La Pinacoteca del Palacio Legislativo», permanecerá habilitada al público de lunes a viernes de 11.00 a 18.00 y es recomendable asistir por la tarde cuando la luz natural ilumina convenientemente las obras.
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