"Belleza americana": una comedia de humor negro en clave reflexiva

Una irreverente caricatura que desnuda frustraciones

Mientras se expanden hacia afuera sojuzgando intereses y arrasando identidades nacionales, en el ámbito doméstico reproducen rostros grotescos que se empeñan en ocultar.

El llamado «sueño americano» constituye una mera fachada de una sociedad sacudida por un océano de contradicciones que, pese a su impetuosa expansión económica y desarrollo tecnológico, no ha logrado abolir el estigma de la pobreza, el flagelo de la droga y hasta su recurrente instinto autodestructivo.

Belleza americana, el filme independiente de Sam Mendes, que cosechó ocho nominaciones al Oscar, propone una delirante sátira de humor negro que es una aguda radiografía de la sociedad contemporánea.

Apelando a recursos habituales en la comedia norteamericana, el realizador diseña un cuadro familiar que reproduce todos los conflictos inherentes a la convivencia humana.

El protagonista de esta historia es Lester Burnham (Kevin Spacey), un pequeño burgués cuarentón abrumado por la rutina cotidiana, que decide modificar radicalmente el curso de su vida emprendiendo una sorprendente regresión a la adolescencia.

Agotada su relación de pareja y separado de su joven hija por un abismo generacional, el protagonista abandona su cómodo empleo en una prestigiosa revista, cobra una suculenta indemnización y toma un puesto de trabajo en un local de comida rápida.

Su esposa, Carol (Annette Bening), es una fracasada y neurótica operadora inmobiliaria, que rinde pleitesía a la cultura del éxito. Para lograr sus objetivos arribistas, no duda en alternar con la selecta fauna empresarial y hasta tener alguna experiencia de alcoba extramarital.

Debajo de esa ominosa superficie de hipocresía, debe sobrevivir Jane (Thora Birch), la adolescente hija de la pareja que ha perdido toda comunicación con sus padres y busca alternativas de emancipación.

El debutante cineasta inglés Sam Mendes sitúa a la familia en un complejo cuadro barrial, que incluye a una simpática pareja de homosexuales, un severo militar retirado de ideología fascista y un joven traficante de drogas obsesionado por filmar todo lo que le rodea.

La historia integra otros dos personajes al paisaje humano: una hermosa rubia adolescente que se ufana de sus presuntas conquistas sexuales y un ejecutivo galán que seduce mujeres abandonadas con la misma eficacia que concreta sus negocios.

Con esas figuras en el tinglado, el realizador –que ha tenido una relevante carrera en el teatro– ensaya una despiadada mirada a la sociedad contemporánea, reproduciendo sus miserias, ambigüedades y dobles discursos.

El filme propone una irreverente visión de la problemática convivencia en los suburbios residenciales, donde una pequeña burguesía frustrada en su intento de lograr altos rangos sociales oculta su rostro de mentiras, obsesiones y oscuros sentimientos.

El personaje central, que compone con singular solvencia el talentoso Kevin Spacey, es un auténtico arquetipo del desencanto.

Cuando advierte que la juventud se le escapa abandona su rutina laboral, se masturba y realiza extenuantes sesiones de gimnasia, con el propósito de seducir a una joven que podría ser su hija.

Todos, a su modo, rompen con las convenciones y renuncian a su lugar en el mapa social: la madura mujer que engaña a su marido con un empresario fanfarrón, la hija que se enamora de un enigmático joven traficante de drogas y hasta el espartano militar retirado que, detrás de su respetable temperamento de inconmovible moral, oculta sus verdaderas inclinaciones sexuales.

Belleza americana, pese a su abundante humor, es algo más que una mera comedia de sesgo satírico, en la medida que bucea osadamente en los territorios de la condición humana y hasta en la tragedia.

El filme propone un cuadro caricaturesco hasta el delirio, de una sociedad que no siempre admite en forma explícita sus debilidades.

La belleza americana a la que alude el título representa, en cierto sentido, una fachada que pretende encubrir las angustias y frustraciones de un modelo de convivencia que se desmorona estrepitosamente.

El reparto, magistralmente encabezado por Kevin Spacey, tiene interpretaciones de alta factura en las actuaciones de Annette Bening, Thora Birch y Wes Bentley.

Belleza americana es un filme que debe verse, porque explora conflictos cotidianos y sugiere una visión diferente de una realidad habitualmente recreada con liviana frivolidad.

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