Nueve en Montevideo Reinas
Un tipo enciende un cigarrillo con la colilla del que tiene en la boca. Está parado en una esquina mirando nervioso hacia una estación de servicio. Tira el cigarro al piso y cruza hasta el supermercado al trote. Adentro, un hombre de barbita y patillas largas está comiendo un pancho. El tipo que acaba de entrar elige un par de cosas de las góndolas y se dirige a la caja. Sonríe a la empleada y mientras lo hace, la confunde con el cambio y termina sacándole 45 pesos argentinos. Son los primeros cinco minutos de Nueve Reinas, película que fue un éxito de crítica y público en Argentina, donde convocó un millón de espectadores. LA REPUBLICA dialogó con Gastón Pauls y Leticia Brédice, durante su visita a Montevideo para asistir la avant premiere del film.
–En Argentina, Nueve Reinas fue un éxito no sólo de público sino también ante la crítica, ¿a que atribuyen eso?
Gastón Pauls: –No tengo la menor idea de por qué algo es exitoso. Sí sé que algunas cosas ocurren cuando uno la pasa bien haciendo lo que hace. No digo que siempre ocurra, pero algo pasa a la pantalla, como que el negativo copia algo que esta ahí, cierta vibración. Y nosotros nos divertimos mucho haciendo la película, muchísimo. Yo estaba muy apasionado con lo que estábamos contando, estaba muy apasionado con ese personaje. No sé, a veces también te pasa eso y no te va a ver nadie. Pero que algo de eso hay.
Leticia Bredice: –Para mí es una ruleta. A mí me halaga, me viene bien y trabajo más si a las películas en las que actúo les va bien. Pero vos podés hacer un casting con Harvey Keitel y John Turturro y si la película es mala y aburrida no va nadie. Es muy ruleta rusa.
–Quizá también que es una película que logra lo que se propone, sin recurrir a frases altisonantes para decir lo que tiene que decir…
GP: –Creo que hay algo claro acá y es que el libro está muy bueno. Te puede gustar o no el género pero el libreto está redondo, muy bien escrito. Cuenta un cuento que no apunta más que a contar su historia, que empieza a las 6 de la mañana de un día y termina a las 9 de la mañana del otro. Nada más que eso, y eso es bueno, que sólo se esté contando eso.
LB: –La película todo el tiempo te va tirando datos que sólo en forma retrospectiva tienen sentido. Es muy bueno como está armada, es impecable. El aporte de Ricardo y Gastón fue grande, se metieron mucho en los diálogos, en el cómo decir. Además Fabián es un loco, filmó cada escena como 17 veces.
–Al comienzo del film, aparece cierta rigidez en los personajes que poco a poco desaparece y queda una relación con mucha química, ¿es intencional eso?
GP: –Eso tiene que ver con que en la película no hay casi nada que esté puesto por casualidad. Y en esto tiene mucho que ver Fabián, el guión es tan complicado en sus vueltas que no hay nada al azar. Esa rigidez que vos mencionás tiene que ver con que son dos estafadores y ninguno confía en el otro, si somos dos estafadores todo el tiempo estamos pensando «éste me va a cagar».
–¿Cómo surge su involucramiento con el film?
GP: –Tres semanas antes de empezar a rodar, Fabián nos llamó a mí y a Ricardo Darín y nos mostró el libro y nos gustó. No hubo una gran preparación de tres meses, donde investigás cómo es el mundo de la calle, fue más bien trabajar sobre la relación de dos estafadores callejeros no violentos. También tiene que ver con esa astucia porteña, de ver cómo le sacás al otro lo que tiene en la mano sin que se dé cuenta.
LB: –Por más que ensaye y ensaye, solamente me involucro el día que voy al set y dicen: corte. Cuando está impresa la primera escena, ahí ya sé cómo se va a desarrollar todo. Es ahí cuando me involucro, sé cómo se va a mover la cosa. Observo las mujeres que interpreto a través del cuerpo. Lo que les sucede psicológicamente, no califico ni lo moralizo, hago más bien la historia del cuerpo, que no es igual el de una panadera, el de una secretaria que el de una mujer que trabaja en un circo. Mi personaje es una chica rígida que vive cagando a pedos a todo el mundo.
Yo entré en contacto con el guión mucho antes ya que mi novio fue el que organizó el concurso de guión y me resultó difícil verlo con todas sus virtudes. Cuando salió ganador, vino Fabián y me dijo: «Escribí el personaje femenino pensando en vos» y fue algo muy halagador.
–Aparece por ahí un truco, «la uruguaya»…
GP: –Claro, es una anécdota que nos contaron de que era un uruguayo el que la hacía, primero acá en Montevideo, y después en Buenos Aires. De ahí el nombre «la uruguaya».
–Es una especie de policial de guante blanco, sin policías…
GP: –Es cierto, es una película rara. No podría decir que es un policial, o sea, es un policial, sin policías, sin arma, las únicas que aparecen es una de juguete y la otra está descargada. También podría ser vista como una historia de amor, está bueno que no sea de un género muy claro.
–Una para Gastón: ¿cómo fue trabajar cerca de Darín?
–Para mí fue excelente. Ricardo es un tipo al que yo respeto mucho. La primera escena que hicimos juntos es una que se desarrolla en el hotel. La rodamos, Ricardo fue al monitor, la vio y me dijo: «Loco, hay química» y eso a mí me tranquilizó para el resto del rodaje. Fue pensar «si este pibe, que lo respeto mucho como actor y como persona, dice que acá pasa algo, entonces es que algo pasa y va a pasar».
–¿Cuáles son los planes actuales y de futuro de ambos?
GP: –Se estrena una película que hice en Buenos Aires en la que trabaja un uruguayo, Daniel Hendler, en donde hago un personaje muy raro, hago de mí mismo, de Gastón Pauls. Es una película independiente, muy rara, que se estrena en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. Y estuve en Perú, filmando una película para España, con Federico Luppi y dos actrices españolas. También salió algo para hacer una película independiente en Los Angeles, en inglés, que sería una experiencia interesante.
LB: –Voy a Madrid en 20 días a filmar una película con Leo Sbaraglia, Geraldine Chaplin, Alfredo Alcón. Y cuando termine tengo dos proyectos más para hacer en España. Y en junio hago Los Monológos de la Vagina, ya en Buenos Aires.
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