Los tesoros del Indio Solari
El músico under que hoy a sus cincuenta y seis años sigue llenando estadios enteros, continúa siendo un fenómeno controvertido.
En el epicentro de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, este fenómeno extraño que se ha convertido en único en su especie, tiene un nombre que juega de eje: Carlos Solari.
Si se constituye como un raro y extraño fenómeno es porque desde sus inicios, en los setenta (en un sótano de la ciudad de La Plata y hoy arquetipo de banda de culto del rock argentino) Los Redondos se mantuvieron fieles a sus propias reglas: no entablaban contratos discográficos ni productor, tampoco sponsors y sus discos no eran promocionados en alta rotación en radios y televisión.
Sin embargo, así pasaron de tocar en pequeños antros para intelectuales y artistas del under, hasta llegar, paso a paso y por una convocatoria que no pedían pero que aceptaban, a tocar en estadios desbordantes en público.
Paralelamente, también comenzó la historia de un hombre que hizo de la resistencia una bandera y que hoy, luego de cinco años sin pisar escenarios, se presenta entero en nuestro país, en casi todas sus facetas: el minusválido capilar de voz molesta y turbadora como un jean mojado, el experimentador (en todas las direcciones: música, poesía, plástica, sexo, drogas y rock, claro), el maníaco depresivo que afinó sus vibraciones y su ruido sin una sola concesión de los medios.
Aunque también, sigue siendo el cincuentón culto, refinado y elusivo de La Plata que se convierte en ídolo de multitudes, de catorce a cuarenta años que, alcoholizados o no, lo idolatran como a un mesías.
Sin embargo «El Indio» prefiere no confrontarse con Carlos Solari, simplemente porque piensa que aquél es más interesante que este ser de carne, huesos y pasiones.
«El Indio», en cambio, y según sus palabras, «tiene una realidad mucho más grande, porque es un personaje en el cual se juntan los caudales de imaginación de miles de personas».
Pero ese Indio fue «la estampita» de un masivo grupo. Y esto, tiene su precio.
De lo poco que se sabe, Carlos Solari no sale demasiado. O casi nada. En los contados reportajes que otorga llegó a confesar que se ha pasado seis meses sin salir de su casa en las afueras de la ciudad.
Solari sigue siendo un personaje que forma parte de la lista de ídolos populares argentinos que no necesitan apellido y es por ese motivo, que el individuo de voz rasposa, herida y aguda al extremo en un rock al palo y grave marcó a la música popular argentina. Hecho a base de una afilada escritura, poca exposición y un recelo militante ante la prensa, sus seguidores no pueden asumir ni entender la separación definitiva de Los Redondos.
Tal vez, esa sea una de las tantas razones, por las que «El Indio» vuelve a las canchas montevideanas para presentar su primer trabajo como solista (El tesoro de los inocentes), uno de los tantos tesoros que guarda Solari.
Entradas a la venta en Cd Warehouse (Gaucho), Palacio de la Música y Red Uts a $300. *
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