Un adjetivo para cada sustantivo
Desde que empecé a leer noté un curioso fenómeno lingüístico que no parece llamar la atención de la mayoría de la gente. Me refiero al hecho de que a cada sustantivo corresponde un cierto adjetivo; o, dicho de otro modo, que hay adjetivos que siempre acompañan a determinados sustantivos.
Por ejemplo, el adjetivo ‘pundonorosos’, ¿a qué otro sustantivo se aplica que no sea ‘militares’? Responda con franqueza, estimado lector: ¿Ha oído o leído alguna vez hablar de los pundonorosos carpinteros? No, evidentemente, los únicos pundonorosos son los militares.
En las crónicas periodísticas una ceremonia es, invariablemente, sencilla pero emotiva: «En una sencilla pero emotiva ceremonia, el homenajeado recibió el premio otorgado». Lo desafío, estimado lector, a encontrar alguna ceremonia que sea calificada de ‘compleja pero fría’. Estoy seguro de que no la encontrará; pero no se preocupe porque no la hay.
Los adjetivos ‘fría y calculadora’, así en yunta, sólo se aplican a mujeres. Jamás en mi vida oí que se caracterizara a un hombre como «frío y calculador». Se ve que el machismo de que estamos imbuidos nos impide adjudicar esas cualidades negativas a los varones. «Ella era una mujer fría y calculadora» que se casó con él para quedarse con su fortuna y, además, lo guampeó con el amigo más fiel. ¡Como para no haber casos de violencia doméstica!
Los violadores, por su parte, son catalogados indefectiblemente como «execrables sujetos» que cometen «actos incalificables». Para los incendios, los cronistas policiales no vacilan en emplear el adjetivo ‘voraz’. Todos, absolutamente todos los incendios son voraces, y jamás hallaremos un incendio inapetente.
Hay otro adjetivo de uso exclusivo en los cuerpos legislativos, sean estos nacionales o departamentales, que se aplica al legislador que ha hecho uso de la palabra inmediatamente antes del que está hablando; me refiero al adjetivo ‘preopinante': «Como ha sostenido el edil preopinante, el responsable del caos no es otro que el intendente». Juro por la Biblia y el Corán que nunca oí ni leí esa curiosa (y bastante fea) palabreja en otro ámbito que no sea el de una sesión de la Junta o de Diputados.
Las patronales son ‘hambreadoras’ por antonomasia; la represión policial siempre es ‘brutal’ o ‘salvaje'; las precipitaciones son ‘aisladas’ y las tormentas, ‘dispersas’ (esto último en los partes meteorológicos); las derrotas son ‘estrepitosas’ y las victorias, ‘contundentes’.
Y finalmente, ¿qué adjetivo acompaña siempre al sustantivo ‘ágape’? ¿No adivina? Sí, mi amigo: todo ágape es ‘cordial’.
Con todos estos elementos, puede usted largarse a escribir sin complejos y seguro de que va a emplear el adjetivo justo.
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