Experiencia única: una escuela pública tiene cero por ciento de repetición
Los Portones de Carrasco, pintadas de blanco sus columnas antiguas, testimonio de una época que no está más entre nosotros, reciben en un entorno de verde y asfalto al visitante de aquel viejo barrio balneario que hoy es la zona más pintoresca de la ciudad.
Los Portones de la tradicional Bolivia, sobre la calle Alberdi, atestiguan una realidad que, de tan positiva, parece irreal.
Al mediodía, las túnicas parecen confundirse con el frío de un invierno que coquetea con el calor húmedo de la mañana. La fila se desarma en la puerta de la escuela 130 Andrés Bello. La maestra los despide con un beso, y dos niñas acuden a su madre. Hasta ahora todo es normal, así se puede ver cualquier escuela, pero esta tiene algo en particular: los niños no repiten de año, pero sí de maestra.
La escuela de Portones
Arcángela Meliande es la directora del centro escolar. Desde hace 8 años ocupa el cargo de manera efectiva aunque cuenta con una amplia experiencia en escuelas de contexto crítico.
Uno puede suponer que la escuela 130, a dos cuadras del Shopping de Portones de Carrasco y muy cerca de la zonas de mayor poder adquisitivo de Montevideo, cuenta con niños de un nivel socioeconómico medio o alto en su matrícula, pero no es del todo cierto. «La mayoría de los niños que vienen aquí viven del otro lado de avenida Italia. Los niños que viven en Carrasco no vienen a estudiar acá, van a los colegios privados de la zona. Nosotros tenemos algunos de zonas donde el contexto es desfavorable», explicó la directora.
Según los datos de Primaria, el mayor índice de repetición en la educación pública se registra en primer año. En 2002, en las zonas cuyo contexto sociocultural era elevado, el índice era de un 3%, mientras que en las escuelas de entorno desfavorable llegaba al 40%. En los últimos tres años se registró un estancamiento en la caída en el índice de repetición, pero la situación del año 2002 persiste hasta hoy, y en 2007 se estancó la baja del índice de fracaso.
«Las inspecciones técnicas han venido estudiando la situación teniendo en cuenta los factores que inciden en este problema, tales como los grupos numerosos», explicó la semana pasada a LA REPUBLICA el consejero de Primaria Héctor Florit. Actualmente se logró superar una de las dificultades para mejorar la condición educativa, y es la de tener grupos con la cantidad ideal de niños, que es de 25 por clase, algo que se aplica obligatoriamente en la escuela 130 de Portones, aunque el plan es mucho más abarcativo.
Mejoras
En la escuela 130 Andrés Bello de Portones, es en el turno de la mañana donde se aplica el plan. Hasta hace 8 tenía una tasa de repetición global del 11%, que hoy ha disminuido al 2%. El centro escolar, que tiene 77 años de existencia, hoy atiende a más de 200 niños, cuya mayoría debe cruzar avenida Italia para concurrir a clases, a pesar de la existencia de otros centros cercanos del otro lado de la arteria vehicular. El promedio de notas también subió significativamente, destacaron las autoridades del centro.
«Nosotros queremos formar alumnos felices», destaca la directora Arcángela Meliande, adelantando parte del secreto del éxito en el programa. «Aplicamos la pedagogía de la ternura. Los niños requieren una atención especial no sólo en lo educativo, sino también en lo afectivo», dijo.
Desde el nivel preescolar, en la escuela 130 se realiza el seguimiento de los niños y de aquellos que tienen más dificultades. De esta forma, la maestra de primer año podrá tener un mejor panorama de su clase. Otro de los secretos es que «acá, inclusive yo, los maestros son todos efectivos, es decir que son fijos de la escuela, y es por eso que todos nos comprometemos con el proyecto de trabajo y se puede tener una continuidad con los alumnos», explicó la directora.
El plan que se aplica a los alumnos de primero, que pasan en bloque con su maestra a segundo, se piensa extender en la escuela a los alumnos de tercero y cuarto en un futuro cercano, así como a quinto y sexto. «Los maestros van rotando, es decir que a ninguno de primero le tocará al año siguiente primero nuevamente», dijo la directora. El resultado es el estrechar el vínculo entre los maestros y los alumnos, con una consecuencia directa en el rendimiento del estudiante.
Ventajas
Según explican tanto la directora como las maestras consultadas por LA REPUBLICA, una de las ventajas del proyecto es que «el maestro, con base en la información que tiene desde preescolar, y en lo que el mismo conoce del niño en primero, cuando pasa a segundo va a tener el camino hecho». «La maestra de segundo, si comienza con un nuevo grupo, podrá leer en la ficha del alumno si tiene alguna dificultad, pero tiene que comenzar de cero con él», agregaron.
A su vez, la adaptación del niño al docente es un factor importante a tan corta edad. La maestra Dixie Mallarini, que excepcionalmente pasó con su grupo de primero a segundo y de segundo a tercero, valoró positivamente la experiencia. «El niño es un ser emocional, y necesita afecto todo el tiempo», aseguró.
Consultada por si puede ser contraproducente para el niño tener una maestra dos años o hasta tres, a la hora de desprenderse afectivamente de la persona que lo está educando en la escuela y tener que enfrentarse a un nuevo maestro, dijo que parte de su trabajo «es también que el niño se pueda integrar a otro maestro».
Ambiente educativo
La escuela 130 cuenta con un aula de informática, clases de danza y canto, y realiza trabajos comunitarios con otros colegios privados de la zona.
A su vez, desde hace un largo tiempo viene brindando educación sexual a todos sus alumnos, como una forma de contribuir a una formación integral del niño. «Vemos que hay un gran interés de los padres de otras zonas más alejadas por enviar aquí a sus hijos y eso nos da una buena señal», destacó la directora.
«Acá se respira ambiente educativo», indicó la directora. «Escuchá, hay un silencio absoluto». Las maestras Nora Cabrera y Lilián Milesi también confirmaron que el plan «es un éxito», debido al «interés que se le da a la atención del niño».
Lo cierto es que este novedoso plan que apela a la continuidad educativa, al afecto hacia los niños, al seguimiento de su superación y control de sus dificultades, hasta el momento es poco probable que se aplique en otros centros. «Yo lo aplico acá y cuento con un equipo que me apoya». Esto -dice la directora-, «es parte de la libertad de cátedra que tiene también el director».
La escuela 130 es considerada un «modelo» de trabajo. «Teníamos a tres niños que podrían haber repetido y les dimos un impulso, hablamos con los padres y pasaron a segundo. Gracias a la continuidad vemos que se han superado muy positivamente a pesar de sus dificultades», explicó la jerarca.
Esta escuela, que no esconde en su vieja estructura los pasitos de los niños que quieren hacerse oír a pesar del pedido de silencio de la maestra que los lleva por los pasillos, cuenta su propia historia. Una historia de afecto «que es un compromiso de todos los maestros», tal como dijo Dixie, una maestra que ya debe ir pensando en dejar ir a sus alumnos, que desde hace tres años la acompañan en las mañanas de túnica y moña.
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