PROHIBIDO PARA NOSTALGICOS

Roberto Barry

Y seguimos haciendo girar la calesita de la memoria. El domingo pasado hablamos del gran Fosforito, quien se llamaba Juan Antonio Rezzano. Ahora la seguimos con otro artista popular que también fue muy querido por los uruguayos. Por la década del 40 fue cuando un joven vestido de charro mexicano se subía al esquinero tablado de La Paz y Justicia. Ahí fueron los comienzos de Roberto Barry, toda una leyenda del humor montevideano. Tocaba la guitarra, imitaba a Jorge Negrete y de a poquito se largó a contar cuentos que cuando más avanzada estaba la madrugada más picarescos se convertían.

Ya al empezar los años 50, Barry fue picado por el bichito del teatro que como genuino artista popular siempre lo llevó muy dentro del cuore.

La radiotelefonía lo captó de inmediato y comenzó sus primeros amoríos con el género de los radioteatros. Su nombre empezó a ser conocido por intermedio de la Broadcasting Centenario, donde se plasmó su genial personalidad de actor cómico. Armó una pequeña compañía de actores que bajo su dirección representaban jocosas piezas teatrales siguiendo la línea de Paquito Bustos.

De esa época fue su éxito titulado «El Gerente Loco», donde Barry hacía desternillar de risa a su cada vez más creciente público. Los vecinos se prendían a sus radios de capilla y los más bacanes a las recién llegadas Geloso para escuchar sus radioteatros que captaban el picaresco espíritu montevideano.

Así fue que Roberto Barry, en una época de grandes cómicos como Julio Puentes y Núbel Espino, empezó a brillar con su potente luz. En las tablas su género favorito fue la comedia de enredos y el sainete.

Sus actuaciones en el viejo Stella D’Italia aún se mantienen en la memoria de los más viejos vecinos que se rieron a carcajadas con sus ocurrencias. Por ese bastión de Mercedes y Tristán Narvaja fue donde Roberto llenó todas sus butacas con la recordada obra del autor Botta titulada «En casa de solteros siempre se arman entreveros». Y fue con esa pieza teatral que se presentó en la capital porteña en el Teatro Buenos Aires, logrando cautivar al público argentino. Ya convertido en un personaje muy popular del Montevideo de los años 60, Roberto se mostró a todos como un autor y guionista de piezas radiofónicas de humor desopilante.

Las fonoplateas se convirtieron en sus escenarios predilectos, ya sea en Carve o en El Espectador, donde cosechó su éxito más recordado. Fue ahí, en la CX 14 y su enorme y moderna fonoplatea, donde realizó su «Comisario de Cerro Mocho», una sátira jocosa a los abusos del poder policial.

Quizás por eso luego del golpe de Estado le costó mucho seguir trabajando y en sus últimos años se dedicó a recorrer pequeños escenarios donde se presentaba en solitario contando sus típicos cuentos. Fue como si al final volviera a los tiempos en que vestido de charro mexicano hacía reír a todos los vecinos del tablado de La Paz y Justicia. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *

COORDINACION: ANGEL LUIS GRENE

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