la migra

Un uruguayo en EE.UU. contó cómo la “limpieza étnica” de Trump le tocó personalmente

Una sensación colectiva se apodera de ciertos vecindarios de Estados Unidos: Trump lleva adelante lo que muchos califican como limpieza étnica, y un uruguayo que lo vivió de cerca cuenta su experiencia.

Captura de pantalla cortesía de Telemundo
Captura de pantalla cortesía de Telemundo

En el corazón de Minneapolis, una ciudad aún convaleciente por la tensión social y las protestas, el sueño americano de un inmigrante uruguayo se ve interceptado por lo que él describe como una pesadilla orquestada desde el poder.
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Daniel Larumbe, exfutbolista y dueño del restaurante La Estancia, habla con la crudeza de quien ha sentido el peso de una política migratoria en su propia puerta. Su historia personal se entrelaza con un clima nacional de miedo y división, poniendo rostro a una estadística y voz a un sentimiento de comunidad acorralada.

Larumbe, residente en Estados Unidos desde hace tres décadas, construyó con esfuerzo un negocio familiar que, en las últimas semanas, se transformó en blanco de una presencia que alteró la paz de su “estado fantástico, supertranquilo y pacífico”.

El relato comienza un miércoles, con una llamada al estacionamiento que de inmediato le generó alarma. “El miércoles llegó gente sospechosa al parqueo del restaurante. Llamaron al parqueo y, por suerte, atendí yo. Yo los podía ver desde adentro hacia afuera con la cortina baja. Me di cuenta de que había algo sospechoso. Hicieron una reservación, llamaron. Hablaron con malas palabras (…) Obviamente apagamos todo y no abrimos nada”, relata el empresario y deportista uruguayo retirado. La intuición, esa corazonada de quien conoce su territorio, lo llevó a actuar con cautela.

La “migra” acechando con la cara cubierta

El episodio no fue aislado. El domingo siguiente, la sombra regresó. “Dios me iluminó. Abrí la puerta, pregunté si tenían reservación, los vi sospechosos. Esas cuestiones que se llaman corazonadas. Decidimos no abrir y se fueron”, señaló. Lo que para algunos podría ser una anécdota de clientes conflictivos, para Larumbe y gran parte de la comunidad latina de Minneapolis es la materialización de una presión sistemática.

Su restaurante se ubica en un área donde la presencia de agentes del ICE (llamado popularmente por los inmigrantes “la migra”) se ha intensificado, en un contexto marcado por recientes tiroteos mortales contra personas inocentes y protestas ciudadanas que han convertido a Minnesota en un polvorín social. Todo esto, los agentes del ICE lo pueden hacer porque Donald Trump les brindó total y absoluta impunidad y les permite atacar con sus rostros cubiertos.

La conclusión de Larumbe es categórica y dolorosa. “Esto es un atropello. Es una limpieza étnica, por llamarlo de alguna manera”, afirma. Su testimonio va más allá de su experiencia personal y pinta un cuadro de terror comunitario. “El tema es que están yendo a cada metro del área, a todos los lugares de Minneapolis; es una persecución. Es algo que mete miedo, la gente está atemorizada. Hay gente que lleva ocho semanas sin salir de la casa”, describe.

Esta percepción de “limpieza étnica”, aunque el término es jurídicamente controvertido para este contexto, refleja el grado de desesperación y alienación que sienten muchos inmigrantes legales bajo la actual administración. La política, disfrazada de aplicación de la ley, se traduce en visitas sospechosas, palabras soeces y un miedo que encierra a personas en sus hogares, erosionando el tejido social de barrios enteros.

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