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Chile elige al pinochetista José Antonio Kast como nuevo presidente

La victoria de Kast, descendiente de un militar nazi, marca el regreso de la extrema derecha, que había sido desterrada desde el gobierno del dictador Augusto Pinochet, a quen el nuevo gobierno reivindicará.

El ultraderechista José Antonio Kast es el nuevo presidente de Chile
El ultraderechista José Antonio Kast es el nuevo presidente de Chile

El domingo 14 de diciembre de 2025, el Servicio Electoral de Chile (Servel) proclamó los resultados definitivos de la segunda vuelta presidencial. José Antonio Kast, candidato del Partido Republicano, obtuvo una victoria decisiva con aproximadamente el 55% de los sufragios. Su contendor, Jeannette Jara, representante de la coalición de izquierda, se quedó con el 45% restante. La jornada electoral registró una participación superior al 52% del padrón, marcando el fin de un proceso marcado por la polarización.

El triunfo de Kast representa el ascenso más significativo de la ultraderecha en el país desde el retorno a la democracia en 1990. Analistas políticos coinciden en que su campaña se centró eficazmente en tres ejes principales: el aumento sostenido de los índices de delincuencia, la gestión de la migración irregular y la percepción de inestabilidad económica. Estos temas resonaron en amplios sectores del electorado, trascendiendo sus bases tradicionales de apoyo.

La derrota de la coalición de izquierda pone fin a un ciclo político iniciado con el estallido social de 2019 y la posterior Convención Constitucional. El proyecto de refundación impulsado desde esos sectores parece haber encontrado un límite en las urnas. La victoria del Partido Republicano sugiere un viraje hacia demandas de orden y seguridad, priorizando estos conceptos sobre otras agendas de reforma estructural.

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Un giro hacia la ultraderecha: ganó la nostalgia pinochetista

Los mercados financieros reaccionaron con volatilidad durante la mañana del lunes 15 de diciembre. El índice IPSA de la bolsa local mostró ganancias iniciales superiores al 3%, mientras el dólar intercambiado en los bancos chilenos registró una caída de $25 pesos. Economistas atribuyen esta respuesta positiva a las expectativas de un programa económico enfocado en la disciplina fiscal y la reducción del gasto público, pilares del discurso de Kast.

Las primeras declaraciones del presidente electo se realizaron desde su comando en Providencia. Kast afirmó que su gobierno «trabajará desde el primer día para restaurar la paz y la seguridad que las familias chilenas merecen». Agregó que convocará a «un diálogo sincero, pero sin ingenuidades» con todos los sectores políticos. Por su parte, el candidato derrotado reconoció los resultados y exhortó a sus seguidores a «defender la democracia desde el rol de oposición».

La comunidad internacional comenzó a emitir sus reacciones. Gobiernos de la región como los de Argentina y Colombia enviaron mensajes formales de felicitación, destacando el fortalecimiento de las relaciones bilaterales. Representantes de la Unión Europea y Estados Unidos hicieron referencia al respeto de los procesos democráticos, sin comentarios extensos sobre el perfil político del electo. Observadores de la OEA certificaron la normalidad del proceso de votación.

La figura de Augusto Pinochet y su régimen militar (1973-1990) se posicionó como un personaje sumamente relevante durante toda la campaña. Kast ha sido un defensor abierto de aspectos del legado de Pinochet. En múltiples oportunidades, el ahora presidente electo ha expresado admiración por el exdictador, llegando a afirmar en campañas pasadas que, de estar vivo, Pinochet votaría por sus propuestas.

Durante los mítines de la recta final, Kast invocó recurrentemente el contraste con lo que denominó la «amenaza comunista» de la izquierda. Sus promesas de medidas estrictas contra el crimen y la migración evocaron, para analistas y organizaciones de derechos humanos, el lenguaje del autoritarismo del pasado. «Chile entre la libertad y el comunismo«, fue una de las consignas más repetidas en sus actos de cierre, apelando a una dicotomía que remite a la Guerra Fría.

En la campaña anterior, en donde fue vencido por el presidente saliente Gabriel Boric, Kast había manifestado que «si (Pinochet) estuviera vivo, habría votado por mí». 

Las reacciones entre las agrupaciones de víctimas de la dictadura fueron inmediatas y de condena unánime. La directora de la Fundación 1367, María Paz Vergara, declaró que «este resultado es un golpe a la memoria de miles de chilenos. Tememos un retroceso en las políticas de derechos humanos y una reivindicación de un período oscuro de nuestra historia«. Por el contrario, sectores que apoyan la gestión económica del régimen militar celebraron el triunfo como una validación de sus postulados.

Los controvertidos vínculos familiares con el nazismo

La discusión sobre los orígenes familiares de José Antonio Kast ha sido un punto controvertido a lo largo de su carrera política. La atención se centra en la figura de Michael Kast, su padre, quien fue miembro del Partido Nazi en Alemania. Documentos desclasificados, incluida una tarjeta de membresía fechada en 1941, confirman que Michael Kast se unió voluntariamente al partido a los 18 años.

La información documental contradice versiones anteriores ofrecidas por el político, quien sostuvo que su padre fue reclutado «forzosamente» en la Wehrmacht, según un artículo de investigación, de diciembre de 2021, del diario británico The Guardian. Los registros indican que Michael Kast alcanzó el grado de teniente en el ejército alemán. En 1950, emigró a Chile junto con su familia, estableciéndose en la región de La Araucanía. Este hecho conecta la biografía familiar con los flujos migratorios de alemanes a Chile posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

«Las autoridades alemanas han confirmado que una tarjeta de identificación en el archivo federal del país muestra que un joven de 18 años llamado Michael Kast se unió al Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes, o NSDAP, en septiembre de 1942, en pleno apogeo de la guerra de Hitler contra la Unión Soviética», dice el artículo que es además firmado por The Associated Press.

Kast ha minimizado estas conexiones en entrevistas públicas. «Mi padre no era un nazi activo; llegó a Chile a trabajar y a progresar como miles de inmigrantes», ha insistido. Sin embargo, el contexto histórico chileno, que incluye la acogida de criminales de guerra nazis, añade capas de complejidad a esta narrativa. Además, el hermano del presidente electo, Miguel Kast, se desempeñó como ministro director de la Oficina de Planificación Nacional (Odeplan) bajo la administración de Pinochet.

Expectativas y desafíos de un gobierno inédito

El futuro gobierno del Partido Republicano enfrenta el desafío de implementar su programa en un Congreso Nacional fragmentado. Si bien la derecha tradicional y la ultraderecha aumentaron su representación, no alcanzan una mayoría absoluta que permita aprobar reformas constitucionales o leyes de mayor alcance sin negociación. Los primeros sondeos postelectorales indican que la ciudadanía prioriza la entrega de resultados concretos en seguridad y economía.

La política exterior será otro ámbito de observación. Las declaraciones de Kast durante la campaña, mostrando escepticismo hacia organismos multilaterales y enfatizando la soberanía nacional, anticipan posibles roces en foros internacionales. La relación con gobiernos progresistas de la región, como el de México o Brasil, podría experimentar un distanciamiento en materia de discurso y alineamientos.

El triunfo de José Antonio Kast en Chile se inscribe en un fenómeno global de ascenso de liderazgos de derecha radical y ultraderecha, que se entrecruzan con ideas neofascistas e, incluso, supremacismos raciales que recuerdan a oscuros momentos de la historia reciente. Analistas internacionales lo comparan con tendencias observadas en Europa y otras partes de América Latina, donde figuras con discursos fuertes contra la inmigración y el llamado «globalismo» han ganado espacio. El caso chileno, sin embargo, es particular por la profundidad histórica del vínculo con un régimen militar pasado y la reciente historia de movilización social progresista.

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