Se casa Taylor Swift, y lo celebró generando CO2 con su jet privado
La historia de Taylor Swift y Travis Kelce es, sin duda, el cuento de hadas que muchos deseaban. Pero hoy en día, los cuentos de hadas no pueden ignorar el contexto climático global.

La noticia recorrió el mundo en cuestión de segundos. Taylor Swift y Travis Kelce, la superestrella global de la música y la estrella del fútbol americano, anunciaban su compromiso con una idílica serie de fotografías en Instagram. “Tu profesor de inglés y tu profesor de gimnasia se casan”, rezaba la leyenda, desatando la euforia de millones de fans. La propuesta, según reveló Ed Kelce, padre del atleta, había sido un asunto íntimo y hermoso en el jardín de su casa en Lee’s Summit, Missouri, lejos de los flashes.
Pero mientras el mundo celebraba este cuento de hadas moderno, una realidad menos romántica despegaba desde los aeropuertos: el jet privado de Swift iniciaba una nueva y contaminante singladura, tejiendo una red de emisiones de CO₂ que mancha de gris el vestido blanco de la noticia.
El reciente compromiso no es solo el inicio de una vida en común; es el preludio de una logística frenética que implicará constantes viajes entre ciudades, giras, entrenamientos y eventos. Y para Swift, el medio de transporte por excelencia es su Dassault Falcon 7X, un vehículo de lujo que le garantiza privacidad y eficiencia, pero que tiene un coste ambiental desorbitado.
La que es posiblemente la artista más famosa del planeta se ha convertido también en una de las celebridades más contaminantes, y su nueva vida de novia promete incrementar aún más su ya abultada huella de carbono.
Los datos, fríos y objetivos, pintan un cuadro elocuente. Según análisis realizados a partir de rastreos de jets privados y calculadoras de emisiones como myclimate Carbon Tracker, Taylor Swift generó aproximadamente 138 toneladas de CO₂ solo entre diciembre de 2023 y febrero de 2024. La razón principal: sus constantes viajes para visitar a Travis Kelce, entonces su novio, entre Nashville y Kansas City. Un solo trayecto entre estas dos ciudades emite alrededor de 4 toneladas de CO₂. Para ponerlo en perspectiva, esa es la misma cantidad que emite una persona promedio en todo un año en muchos países europeos.
Pero el ejemplo más flagrante de este año fue su viaje relámpago desde Tokio, donde actuaba en su Eras Tour, hasta Las Vegas para no perderse la final de la NFL, el Super Bowl, donde Kelce jugaba con los Kansas City Chiefs. Ese viaje de ida y vuelta, de aproximadamente 19,400 millas, generó la escalofriante cifra de 48 toneladas de CO₂ en solo unos días. Es el equivalente a llenar de humo 6 coches dando la vuelta al mundo, o a las emisiones anuales de 6 ciudadanos estadounidenses.
El patrón se repite una y otra vez. En 2023, se reportó que Swift utilizó su jet privado 170 veces, recorriendo una distancia de 286,463 kilómetros, el equivalente a dar 7 vueltas completas al mundo. Las emisiones totales para ese año se estimaron en 1,200 toneladas de CO₂. Esta cifra es 1,333 veces mayor que las emisiones anuales por vuelos de una persona promedio a nivel global y 3,243 veces mayor que las de un estadounidense promedio.
El “Eras Tour” y su gigantesca huella de carbono
Con la gira Eras Tour convertida en el evento musical más lucrativo de la historia y una boda de proporciones épicas en el horizonte, la agenda de Swift es una pesadilla logística que solo puede resolverse con aviación privada. Los vuelos para 11 shows de su gira en febrero de 2024 generaron, por sí solos, 393 toneladas de CO₂. Esto incluye un viaje de Nueva York a Sídney y viceversa que emitió, en un solo trayecto, 141 toneladas.
Ahora, imaginen la planificación de una boda de esta magnitud: pruebas de vestido en diseñadores de Londres o Milán, selección de catering en California, viajes de Travis entre Missouri y donde sea que Taylor esté de gira, luna de miel en una isla exótica… Cada uno de estos eventos, celebrados en la intimidad que ella exige, requerirá de múltiples viajes en su jet. La contaminación asociada a la celebración de su amor podría fácilmente superar las emisiones anuales de decenas de familias.
Más contaminación que el humano promedio
La grandeza del problema reside en la desproporción. Los jets privados son, con diferencia, el medio de transporte más contaminante por pasajero. Emiten entre 5 y 14 veces más CO₂ que un vuelo comercial en clase business, y hasta 50 veces más que uno en clase economy. Esto se debe a su baja eficiencia energética y a que, la mayoría de las veces, viajan con muy pocos pasajeros a bordo, a menudo uno solo.
Mientras que el 80% de la población mundial nunca ha pisado un avión, una sola persona puede emitir en un día lo que otros no emiten en toda su vida. Taylor Swift se convierte así en un símbolo de los superemisores, el 1% de la población que es responsable de más del 50% de las emisiones de la aviación global. Su huella, aunque pequeña en el contexto global total (apenas un 0.000003%), es un megáfono que amplifica la brutal desigualdad en el impacto ambiental.
El parche de los créditos de carbono
Frente a las críticas, la representación de Taylor Swift ha argumentado que la artista compensa todas las emisiones de su jet privado comprando créditos de carbono. Estos créditos financian proyectos de energías renovables o reforestación que, en teoría, absorben o evitan una cantidad de CO₂ equivalente a la emitida.
Sin embargo, la comunidad científica es escéptica. Muchos expertos señalan que estos mecanismos de compensación son often imperfectos, difíciles de verificar y no eximen de la responsabilidad de reducir las emisiones de raíz. Un árbol tarda décadas en absorber el carbono que un jet emite en minutos. Compensar es un parche, no una solución. La verdadera sostenibilidad, argumentan, pasa por reducir el uso, no por pagar por contaminar.
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