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Remates en Uruguay: todo lo que necesitás saber antes de ofertar

Cada semana hay más de 150 remates activos en Uruguay, entre particulares, judiciales, extrajudiciales y oficiales, en los 19 departamentos. Comprar en uno es más simple de lo que parece, pero hay reglas que conviene conocer antes de ofertar: la seña, la comisión del rematador, los plazos de pago y el retiro de los lotes. Esta guía responde las preguntas de quien participa por primera vez.

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Agenda de remates de la semana en Uruguay. Fuente: Rematu.

Los remates son una de las formas más antiguas de comprar y vender en Uruguay, y siguen muy vigentes: inmuebles, vehículos, maquinaria, muebles, arte, mercadería de liquidaciones comerciales y hasta bienes del Estado se venden cada semana al mejor postor. Lo que cambió en los últimos años es el acceso. Buena parte de las casas rematadoras ya permiten ver los lotes y ofertar desde el celular, y la información, que antes estaba repartida entre avisos, PDF y redes sociales, hoy se puede consultar en un solo lugar.

Las preguntas que se hace cualquiera que quiere participar por primera vez son siempre las mismas: qué es exactamente un remate, qué tipos hay, cuánto cuesta comprar, qué pasa con la seña y cómo enterarse de los remates que hay cada semana en el país. Acá van las respuestas, con las cifras y las normas que las respaldan.

¿Qué es un remate y cómo funciona en Uruguay?

Un remate es una venta pública en la que cada bien, llamado lote, se adjudica a quien ofrece el precio más alto. En Uruguay solo puede dirigirlo un rematador matriculado: la profesión está regulada por el Decreto-Ley 15.508, de 1983, que exige haber aprobado los cursos oficiales de rematador de la UTU y estar inscripto en la matrícula que lleva la Asociación Nacional de Rematadores. La misma ley obliga al rematador a anunciar cada remate con su nombre, matrícula y la comisión que cobra, y le prohíbe comprar para sí los bienes que remata.

El mecanismo es el mismo sea presencial u online. Antes del remate se publica un catálogo con los lotes y las condiciones: fecha, lugar o plataforma, base (si la hay), seña, comisión, medios de pago y plazos de retiro. Muchas casas abren además uno o dos días de exhibición para ver los bienes en persona. El día del remate el rematador presenta cada lote, los interesados ofertan y, cuando nadie mejora la última oferta, el lote se adjudica con la bajada del martillo.

Un detalle que sorprende a los primerizos: en la mayoría de los remates no hay precio de lista. Muchos lotes salen «sin base» y el precio lo construyen las ofertas. Otros tienen base, un mínimo por debajo del cual no se venden; si las pujas no la alcanzan, el rematador puede suspender o diferir el remate. En cualquier caso, conviene revisar los lotes antes y decidir un tope personal.

¿Qué tipos de remates hay: particulares, judiciales, extrajudiciales y oficiales?

Hay cuatro tipos. Los remates particulares los organiza una casa rematadora por encargo de un dueño que quiere vender: desde la liquidación de un comercio hasta una colección de arte, herramientas, vehículos o maquinaria. Los remates judiciales los ordena un juez dentro de un expediente, en general para cobrar una deuda, y se anuncian por edicto en el Diario Oficial. Los remates extrajudiciales los dispone un organismo autorizado por ley sin pasar por un juicio, como las viviendas que remata la Agencia Nacional de Vivienda. Y en los remates oficiales el Estado, los entes públicos y las intendencias venden bienes propios: la Intendencia de Montevideo remata vehículos abandonados y mobiliario, Aduanas vende mercadería incautada y el Banco de Seguros del Estado remata vehículos siniestrados.

La diferencia práctica para el comprador está en las condiciones. En un remate judicial de inmuebles la seña, la comisión y los plazos los fija el edicto, y el bien se compra en el estado en que está, a veces ocupado. En un remate particular las condiciones las fija la casa rematadora y pueden variar bastante de una a otra. La ley, además, prohíbe anunciar un remate como «judicial», «extrajudicial» u «oficial» si no lo es. Los remates judiciales en curso se anuncian siempre por edicto, y el edicto es el documento que hay que leer antes de cualquier otra cosa.

¿Cómo se participa en un remate online?

Para ofertar online hay que registrarse en la plataforma de la casa rematadora que organiza el remate, dejar los datos y aceptar sus condiciones. Una vez habilitado, el usuario ve los lotes con fotos y descripción y puede ofertar de dos maneras: en vivo mientras el lote está abierto, o dejando una oferta previa, también llamada pre-oferta o encargue, que indica el máximo que está dispuesto a pagar y que el sistema usa para pujar por él. Si lo superan, recibe un aviso.

Hay dos formatos. En el remate online puro la puja se hace por internet durante varios días y cada lote cierra a una hora fijada, con una cuenta regresiva que se reinicia si entra una nueva oferta sobre la hora. En el remate híbrido el remate ocurre en sala y por internet al mismo tiempo, y las ofertas online compiten en vivo con las de los presentes.

Los remates presenciales siguen existiendo, sobre todo para inmuebles, vehículos y remates judiciales. En las tres modalidades la regla es la misma: una oferta es un compromiso de compra. Quien gana un lote tiene que pagarlo, y las plataformas pueden bloquear a quien no lo hace.

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¿Cuánto se paga de comisión y qué otros gastos hay?

Al precio de adjudicación se le suma la comisión del rematador más IVA. En Uruguay no hay una comisión máxima por ley: cada rematador la publica antes del remate, y se le agrega el IVA a la tasa básica del 22 %. Por eso los porcentajes publicados suelen tener decimales. En muebles, objetos y vehículos el comprador suele pagar un 18,30 % sobre el precio, que corresponde a una comisión del 15 % más IVA; es lo que publican casas como Bavastro y organismos como la Intendencia de Montevideo o el BSE. En los inmuebles de remate judicial la comisión del comprador la fija el edicto según el arancel de la Suprema Corte de Justicia, y es habitual un 3,66 % (3 % más IVA). En las viviendas de la ANV, 1 % más IVA.

Según el bien pueden aparecer otros costos. En inmuebles, los gastos de escrituración, los honorarios del escribano y los certificados. En vehículos, la transferencia y las deudas de patente o multas que el vehículo pueda tener, que no siempre asume el vendedor: hay que leerlo en las condiciones. En mercadería y muebles, el retiro y el traslado, siempre a cargo del comprador y dentro del plazo fijado. El impuesto a los remates, del 1 %, lo paga el vendedor, no el comprador.

Una regla simple para no llevarse sorpresas: sumar el precio de martillo, la comisión con IVA y los gastos propios del bien, y comparar ese total con el precio de mercado. Con una comisión del 18,30 %, un lote rematado en 10.000 pesos cuesta 11.830 antes del traslado. Si la diferencia con el precio de mercado no justifica el trámite, no conviene pujar.

¿Qué es la seña y qué pasa si no se paga el saldo?

La seña es el pago a cuenta que el mejor postor hace al adjudicarse el lote para garantizar su oferta. La reglamentación de la actividad establece que se cobra a la bajada del martillo y que no puede ser menor al 20 % del precio, salvo que se pacte otra cosa por escrito. En los remates judiciales el Código General del Proceso fija un mínimo del 10 % y el edicto indica el porcentaje exacto; en inmuebles es habitual ver entre 25 % y 30 %. En los remates de vehículos de organismos públicos es común una seña del 30 % más la comisión en el acto, y la ANV publica una seña del 5 % en sus remates extrajudiciales.

Los plazos para el saldo los fija cada remate. En objetos y vehículos es común pagarlo entre 24 y 48 horas después y retirar en pocos días hábiles; en los remates judiciales de inmuebles el saldo se paga dentro de los 20 días corridos desde que el juzgado notifica la aprobación del remate. Si el comprador no paga en plazo, pierde la seña y lo pagado, y el bien vuelve a rematarse. Por eso conviene tener el dinero disponible en un medio de pago que acepte la casa, que no siempre es tarjeta.

¿Qué se remata hoy en Uruguay?

De todo, y en todo el país. Según el relevamiento de Rematu, que reúne las agendas de 226 casas rematadoras, hay más de 160 remates próximos publicados en los 19 departamentos, repartidos en 28 rubros: desde muebles, electrodomésticos y herramientas hasta vehículos, maquinaria, inmuebles, arte, antigüedades, coleccionismo y rural.

Montevideo concentra la mayor parte de los remates particulares, pero el interior tiene un peso propio en maquinaria, vehículos y campos, con casas rematadoras activas en prácticamente todos los departamentos. Los remates oficiales y judiciales aparecen con regularidad a lo largo del año, con picos cuando la Intendencia, Aduanas o el BSE liquidan lotes acumulados.

Para quien compra, la implicancia es clara: casi cualquier semana hay un remate del rubro que le interesa. El problema no es la oferta sino enterarse a tiempo.

¿Cómo enterarse de los remates que hay cada semana?

La información está repartida, y conviene saber dónde buscar según el tipo de remate. Las casas rematadoras publican sus remates en sus propios sitios y redes: Bavastro, Castells, Prado, Remates Morales o Sánchez tienen catálogos online con fotos de los lotes y las condiciones de cada remate. Los remates judiciales se anuncian por edicto en el Diario Oficial, que se puede consultar en el sitio de IMPO. Los remates oficiales aparecen en las páginas de los organismos que los organizan, como la Intendencia de Montevideo o el BSE, y suelen tener cobertura en la prensa. Y muchos rematadores del interior usan solo Instagram o Facebook para mostrar lo que sale a remate.

Para no recorrer todo eso cada semana existen los buscadores que reúnen las agendas de las casas y se pueden consultar de todos los remates en Uruguay en un solo lugar, filtrar por rubro, fecha, departamento o modalidad, y activar un aviso antes de que cierre un remate. Estos sitios no rematan ni intervienen en la venta: cada remate lleva a la casa que lo organiza, que es donde se registra el usuario, se oferta y se pagan la seña y la comisión.

Cualquiera sea la fuente, lo que hay que mirar es lo mismo: quién es el rematador, cuáles son las condiciones y cuándo se puede ver el lote. Con eso, comparar qué se remata esta semana en un rubro, en qué departamento y con qué condiciones, es cuestión de minutos.

¿Qué conviene revisar antes de ofertar?

Cinco cosas, siempre. Primero, que el remate lo dirija un rematador identificado, con nombre y matrícula. Segundo, las condiciones: comisión, seña, plazos de pago y retiro, y medios de pago aceptados. Tercero, el estado del lote: ir a la exhibición si la hay, o preguntar antes; se compra en el estado en que está y no hay devoluciones. Cuarto, en inmuebles y vehículos, la situación legal y las deudas: en los autos, consultar patente y multas en SUCIVE y leer quién las paga. Quinto, el costo total y la logística: precio más comisión con IVA más gastos, y cómo y cuándo se retira.

Con eso resuelto, participar en un remate es simple. La ventaja sigue siendo la de siempre: precios que fija la competencia entre compradores y no una lista, y la posibilidad de encontrar cosas que no aparecen en los circuitos comerciales habituales.
Preguntas frecuentes sobre remates en Uruguay

¿Hay que pagar para participar en un remate?

No. Registrarse y ofertar es gratis en las casas rematadoras. Solo paga quien gana un lote: el precio de adjudicación más la comisión del rematador con IVA. Algunas plataformas piden una garantía reembolsable para habilitar la cuenta.

¿Se puede ver el lote antes de ofertar?

En general sí. La mayoría de los remates tienen uno o dos días de exhibición presencial, y en los online las fotos y la descripción son la referencia. Como se compra en el estado en que está y sin devolución, revisar antes es la regla.

¿Cómo saber si un remate es confiable?

Verificando que lo conduce un rematador matriculado, que las condiciones y la comisión están publicadas por escrito, como exige la ley, y que la casa tiene datos de contacto y dirección. Si un aviso no dice quién remata, es motivo suficiente para no ofertar.

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