Técnicos del deporte

 

Tuve el privilegio que mucho valoro de haber recibido un informe de la Asociación de Preparadores Físicos muy completo de gente técnica profesional no sólo en su función específica sino además por razones de afinidad laboral con el deporte de todo el país. Señalan entre otras radicales diferencias con el ministro Trobo, en forma acertada, la confusión entre la educación física y el deporte de alta competitividad que sufre el jerarca. La primera es indispensable para el desarrollo físico y mental de la juventud, independientemente de la alta competitividad que se obtiene por otros medios técnicos, financiaciones y recursos incluyendo los de infraestructura de los que nuestro país carece en términos generales. Claro, para discernir y proyectar esas diferencias con sus desarrollos, al frente de las organizaciones estatales responsables hay que poner gente por lo menos idónea. Alguna vez dije, y los profesores creo que coinciden, que para dirigir el deporte se debe haber sido deportista o haber estado vinculado a alguna de esas actividades.

Pero si al frente se pone gente absolutamente profana es obvio que se va al fracaso. En nuestro país, seamos realistas, sin perjuicio del amor patrio, sobra un Ministerio del Deporte con toda su infraestructura. La vieja Comisión Nacional de Educación Física, la cual añoran con razones sobradas los profesores, siendo como fue la cenicienta de la administración pública, a influjo de grandes deportistas con ingenio e iniciativas útiles, hizo milagros. Se equivoca el ministro Trobo, no creo por mala fe sino por ignorancia supina en el tema, cuando sostiene pensando sólo en Maracaná, que en nuestro país se vive desde el 50 de recuerdos deportivos.

Le señalan ácidamente los profesores con acierto, que pregunte a los cronistas deportivos sobre éxitos incluso mundiales que ha tenido el Uruguay. Se desprende de sus propios dichos que el jerarca máximo los ignora. En años y décadas posteriores, por ejemplo, tanto Peñarol como Nacional fueron campeones mundiales interclubes, varios sudamericanos de selección mayor y juveniles (somos con los argentinos los que primamos en estadística continental) obtenidos como campeones, sin perjuicio que en otras disciplinas brillaron deportistas como Moyano y otros muchos en ciclismo, records sudamericanos en natación como las hermanas Felicia y Elena Ospitaletche, en el box hombres como Dogomar, Burgues y Pilar Bastidas, en el basquetbol destacadísimas actuaciones y campeonatos sudamericanos, etc. Por las declaraciones del ministro, parecería sólo interesarse por el fútbol como «alta competencia». Llenó el Ministerio de administrativos bien pagos y escasean profesores con sueldos de hambre. Sin perjuicio del error de concepto, lo primero es la salud física de la juventud por más que los éxitos mundiales den prestigio y los jerarcas puedan, como lo señalan los profesores, sacarse «sonrientes» fotos. La solución que buscó el ministro y sólo para el fútbol, fue traer de España un técnico, pago en dólares supongo. Se desconocía de esa manera a los técnicos nacionales de trayectorias ejemplares reconocidas a nivel continental. Véase la cantidad de orientales que dirigen física y técnicamente incluyendo selecciones nacionales y clubes de primer nivel mundial, y que también, por lo visto el ministro ignora.

El «buen» español fue recibido en cambio bajo palio, se le hizo dar una ampulosa conferencia en el edificio Libertad con el presidente Batlle y el gobierno presente poco menos que en pleno; para culminar «aconsejando» intervenir el fútbol. ¡Toda una originalidad! Se discute desde la época del golpe de Estado y por razones obvias nadie cometió la torpeza de llevarla a cabo. O sea, aunque parezca otra verdad del doctor Perogrullo, hay que conocer el medio que se gobierna. Al frente del Ministerio de Defensa, ni al que asó la manteca, se le ocurre poner una «monjita de clausura». Tampoco en Vivienda a un talabartero. Y el de Deporte, aunque sea un Ministerio al «ñudo», no escapa a esa realidad. Si la intención es darle importancia, hay que pensar que es la juventud de la Nación futura la que está en juego. ¡Pavada de responsabilidad! La añosa Comisión Nacional, con todas sus carencias, si se le hubiese financiado, con recursos e infraestructuras, medios para mayor proporción de profesores y menos «clientela» administrativa burocrática, hubiese alcanzado de sobra. Por un lado se quiere reducir el Estado y por el otro se crea un elefante obsoleto e ineficaz desconociendo profesionales uruguayos que nada tienen que envidiar y muy poco que aprender de técnicos españoles, dolarizados, que al menos en fútbol ellos sí, jamás lograron títulos mundiales como lo hizo el «paisito» Uruguay antes, durante y después del 50. Amén. *

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