Qué hay detrás de la intervención francesa en Costa de Marfil

Decisiones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas autorizaron el uso de la fuerza en Costa de Marfil. ¿Por qué allí y no en otro lugar? ¿Quién y con qué intereses ejerció esa fuerza (o debemos decir derecho a la fuerza)? ¿Tiene la fuerza derecho propio?

Para entender qué pasó el lunes 11 de abril en Costa de Marfil, es necesario tomar en cuenta algunas realidades, históricas unas, económicas (como siempre) otras. Recordemos que este país africano es antigua colonia francesa y que como tal está ligado por muchos y fuertes lazos económicos a la patria de los derechos humanos. Digo esto con minúscula porque no son prioritarios en la actitud francesa más allá de los gritos y declaraciones que se hacen.

En 1960 Costa de Marfil accede a su independencia. Felix Houephouët-Boigny, su primer presidente, se apresura a solidificar sus relaciones con París, alineándose firmemente detrás del bloque occidental y convirtiéndose así en un pilar occidental en el Africa de países emergentes y con posiciones socialistas.

Un insolente diez por ciento de crecimiento anual hacen de Costa de Marfil la vitrina económica de París. Algunos dirán el «patio trasero» de Francia, o una parte de la «Francáfrica», que es como se ha dado en llamar al grupo de nuevos países excolonias francesas, pero que mantienen estrechos lazos económicos, políticos y hasta monetarios, puesto que tienen una moneda común: el franco CFA.

El crecimiento (tutelado) de la economía marfileña lo convierte en primer país exportador de cacao, exportador de aceite de palma y principal exportador de ananá. El reciente descubrimiento de petróleo colabora en lo que sigue. Hasta 1993, fecha de su muerte, Felix Houphouet-Boigny mantuvo su influencia y podemos decir sin equivocarnos que fue la referencia política marfileña. La parte de la historia que hoy nos importa comienza en el año 2000. Es en el mes de octubre que Laurent Gbagbo, emparentado a la Internacional Socialista, toma el poder en Costa de Marfil. Elegido presidente por cinco años, ocupa el cargo hasta diciembre de 2010. Su mandato está marcado por un enfrentamiento Norte Sur. Es el Norte del país terreno político de su rival Alassane Ouattara, ex primer ministro de Felix Houphouet-Boigny (llamado también Padre de la Independencia). Outtara ­quien fue director del FMI para Africa­ es un fiel aliado de Francia y de la derecha francesa, la cual financió su carrera a la presidencia, armó y entrenó a sus fuerzas en la lucha Norte Sur. Desde la independencia, Francia mantiene bases militares en Costa de Marfil: el 43 Batallón de Infantería de Marina. Todo esto legalizado por acuerdos de defensa que autorizan la intervención francesa en caso de riesgo de las «instituciones marfileñas». Las desavenencias entre Gbagbo y París tienen origen en la negativa francesa de intervenir en el conflicto Norte-Sur.

Las elecciones de diciembre de 2010 fueron confusas. Una Comisión Electoral Independiente dio el triunfo a Alassane Ouattara, pero el Consejo Constitucional Marfileño declaró a Laurent Gbagbo como vencedor. Todos los ingredientes del drama estaban en su lugar. Luego de tres meses de statu quo, durante el cual ambas partes son responsables de masacres, es Alain Juppé, actual ministro francés de Relaciones Exteriores, quien impulsa en Naciones Unidas la decisión de intervención armada en Costa de Marfil. Es entonces bajo el paraguas de Naciones Unidas y a su pedido que las tropas francesas ­que conservan la dirección de las operaciones militares– intervienen.

El asalto final al cuartel general de Gbagbo en Abidjan (capital económica) está marcado por el tiro de un misil francés y la destrucción a cañonazos del muro detrás del cual se protegían los últimos leales a Laurent Gbagbo. Este último es detenido por un helicóptero francés en su intento de escape en una lancha rápida. Podríamos pensar ­y no faltarán declaraciones en esa dirección­ que París intervino por pedido de Naciones Unidas y en defensa de la democracia en Africa. También podríamos decir o pensar que la patria de los derechos humanos puso a disposición sus tropas en defensa del pueblo de Costa de Marfil, víctima final (como siempre) de masacres por parte de ambos bandos. Pero estaríamos ignorando algunas realidades. La primera de ellas y no la menor, la discreción que en todo esto han mantenido las grandes empresas francesas, que han continuado haciendo negocios y obteniendo los mejores trozos del pastel; por ejemplo, el puerto de Abidjan, la telefonía móvil o la electricidad, por no citar más que tres. Recordemos una vez más que ­hoy se sabe­ hay petróleo.

¿Qué importancia tiene la independencia de un país africano, para Francia, cuando están en peligro sus intereses económicos? Agreguemos que el momento político interno francés, con una derecha que se cae a pedazos, favorece una intervención militar prestigiosa. Zarkozy obtuvo 65% de aprobación fronteras adentro. En 2008, en Africa del Sur, el mismo presidente francés declaró que París no tiene vocación de mantener su presencia militar en Africa. ¿Es creíble?

La situación que se le plantea al actual presidente electo, Alassane Ouattara, luego de su instalación con ayuda de las armas francesas, es delicada. Es de suponer que el 54% de votos obtenidos en su elección le permitan esquivar el problema, pero en definitiva todo dependerá de su capacidad, de su «clemencia para los vencidos».

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