Una ciudad subterránea en Seúl
La capital de Corea del Sur es una ciudad de arquitectura moderna, que por momentos se torna fascinante, y en pleno centro es muy difícil encontrar vestigios de edificación que revelen su cultura, que supuestamente sería un sello de identificación.
A diferencia de los países latinoamericanos (en los que sus calles generalmente identifican sus raíces), si nos paramos en el corazón de la city, de no ser por su gente, perfectamente podríamos afirmar que estamos en Tokio, Shangai, Washington o Sydney.
Sus habitantes en su forma de vestir tampoco conservan las prendas de estilo antiguo, sino que por el contrario compiten por tener ropa de marcas europeas e internacionales.
Pero para el grueso de la población –en los barrios no céntricos– la calidad de la indumentaria es menor y sencilla, y los jeans prácticamente no existen. Los hombres usan pantalón de vestir y las mujeres vestidos enteros con motivos de colores.
Uno de los atractivos mayores de la ciudad son los grandes centros comerciales subterráneos, donde se desplazan y conviven miles de personas sin ver la luz solar.
Generalmente estos centros se comunican entre sí y uno puede recorrer hasta veinte cuadras sin salir a la superficie.
El transporte de metro lo deja al visitante dentro de estos centros, donde encontrará todo lo que necesite en infinidad de locales, plazas de comidas y parques artificiales con pequeños lagos, para leer el diario o simplemente descansar un momento. Es obvio que en ningún lugar de esta ciudad subterránea se permite fumar.
Es muy factible que en el Trade Center –como se le denomina a esta zona–, usted vea más gente por debajo de la tierra que en la superficie.
Arriba, amplias avenidas de cinco carriles en cada mano atestadas de vehículos rompen la serenidad que se encuentra por debajo.
Realmente es asombroso el adelanto de este país, si tenemos en cuenta que tan solo 40 años atrás estaban sumergidos en una guerra que no dejó nada en pie.
En Corea, un país geográficamente más pequeño que Uruguay, un poco más de la mitad de Uruguay, conviven 47 millones de personas, lo que significa que con solamente un cinco por ciento de la población con interés por el fútbol alcanzaría para completar todos los estadios disponibles en el país.
Es un mundial muy artificial, todo está organizado, incluso los coreanos que realizan tareas sin recibir sueldos pues son voluntarios y muchas veces les toca por ejemplo, entre otras, alentar a un equipo que con seguridad ni saben dónde queda ese país.
Pero el objetivo es la cámara de la televisión que debe llevar a todo el planeta esas imágenes perfectas.
A usted le llamará la atención ver tribunas enteras, con gente vestida con el mismo color de camiseta, demasiada casualidad que se sentaran todos juntos y no hay uno de otro tono. Si concurre con una remera distinta son capaces de sacarlo y mandarlo a la tribuna que no se ve por la TV.
Son fríos y poco expresivos, pero gentiles a la hora de ayudar al extranjero, aunque no se sabe si entre ellos será así. Pueden llegar a límites increíbles para nuestra sociedad y los tiempos que vivimos, como por ejemplo detener el auto y querer llevarte hacia donde vas caminando.
Creo que también tiene que ver la constante y abrumadora «manija» de la Copa a través de todos los medios.
Sumado a que cada Alcaldía incentiva a su gente para demostrarle al mundo que esa ciudad es la mejor.
Es una sociedad altamente consumista y tienen millones de opciones para gastar su dinero.
En electrónica ni hablar todos los días le presentan un producto nuevo.
El auto cero kilómetro comprado el año pasado, ya este año es antiguo en comparación de los tres modelos posteriores que surgieron en el transcurso del mismo.
El usado no vale nada. Aquí hay que comprar todo nuevo.
Hay trabajo, es un país pujante y la gente gasta, por esta razón está lleno de Centros Comerciales y hasta en los barrios más humildes existen cerca de 6 comercios por cuadra. Hay a quién venderle, eso es obvio, y surge solamente de la observación.
El taxi es un transporte natural y de costumbre en la city capitalina, está incorporado al diario vivir, por ende otra fuente de trabajo importante, pues son miles y miles los autos que se necesitan para satisfacer a tan vasta población.
Lucha contra el tabaco. Los fumadores se encuentran muy complicados en Corea ya que las campañas contra el cigarrillo son muy fuertes, y además tampoco hay lugares donde fumar, ya que en casi todos lados está prohibido, al igual que en los estadios.
La noche luminosa. Cualquiera de las ciudades tienen una característica muy particular que las asemeja y es el uso de la iluminación.
Los carteles luminosos son millares y le dan un colorido especial y extraño para nosotros. Además, las alcaldías con este elemento le dan vida a todo lo público utilizando muy bien los colores. En las plazas, parques y la infinidad de puentes que hay en Seúl por ejemplo, ya que la ciudad está atravesada por el río Hanan, que representa mucha historia para los coreanos.
Río de colores. La capital coreana –que ya lució sus galas en los Juegos Olímpicos de 1988– es verdaderamente un espectáculo maravilloso de noche, y el río parece iluminarse de todos los colores debido al reflejo que emiten los focos en sus orillas.
No a la propina. Otra de las particularidades que nos llamó la atención es la no existencia de la famosa «propina». No se estila, pero tampoco viene incluida en la factura como sucede en algunos países. ¡Y en Uruguay le quieren poner impuesto!
Ferias populares. No todos son centros comerciales en Seúl, pues en ellos los precios son muy elevados como en todos lados y tampoco están al alcance de todos.
También existen las grandes ferias populares que se centran en un barrio y son realmente gigantescas e imposibles de recorrer en un día. Al mejor estilo de Tristán Narvaja, en Un Dang Chang puede encontrar lo que se imagine: ropa, electrodomésticos, electrónica, herramientas, juguetes, artículos de sex shop y las maravillosas antigüedades, donde uno puede quedarse fascinado ante tantas piezas antiquísimas. Claro, también valen por su historia y puede encontrar algo que le guste, pero puede costar hasta U$S 10.000.
Menú «a la palangana» – Y por supuesto no faltan los locales improvisados de comida donde usted puede elegir la tortuga que se encuentra en una palangana en el piso para hacer su sopa, o los cangrejos, anguilas o cualquier tipo de pez o fruto del mar.
Traiga bolsa de nailon – Claro que para los estómagos débiles, los olores concentrado de todos los locales juntos pueden ser inaguantables. Esto se debe al tipo de condimentación que usan, ya que todas las comidas son sumamente picantes y fuertes.
El que no llora no mama. La modalidad del regateo es un instrumento usado por los coreanos, cuando el turista lo plantea. Los desprevenidos visitantes, generalmente compran al primer precio que se da. Los artículos no tienen carteles que indiquen su valor y ese es justamente el indicio de que hay que regatear.
No te van a buscar – Pero lo raro de estos comerciantes, a diferencia de los chinos (donde sucede algo similar), es que si ante el primer precio uno se da vuelta y se va, el comerciante no lo llama. Sin embargo los chinos cuando dices no, inmediatamente te plantea que uno ponga el precio y si no hay acuerdo al primer síntoma de retirarte con seguridad saldrá detrás y en la puerta lo llamará para cerrar el trato. En Corea no es así, pero s
i uno se dispone a pelear el precio a través de una calculadora o un papel y lapicera en el mostrador, puede comprar el artículo de su gusto hasta por la mitad del primer precio planteado.
Honestos sobre todo. La sociedad coreana aparenta ser tranquila, muy honesta y no existe la doble intención o la maldad. Esto se refleja en los comerciantes por ejemplo que dejan sus artículos en la calle y no temen que alguien pase y se los lleve. Usted puede estar con un producto en la mano en la puerta esperando que alguien lo atienda y puede pasar que se aburra y lo deje pues nadie apareció.
El Republicano del mes. Muy difícilmente un taxista «lo pasee» por la ciudad –que es muy grande–, cuando usted se dirige a un lugar y no conoce.
Máxime teniendo en cuenta que la única vía de comunicación es una tarjeta o un papel escrito por un amigo coreano, donde diga la dirección del lugar donde usted quiere ir.
Pero pese a que el auto es con fichas como en Montevideo, todos van derecho sin avivarse y darle vueltas por una ciudad que es más grande que San Pablo, para tener una referencia.
Igual que en Montevideo. Sin embargo, días pasados, le sucedió un hecho muy particular a Julio Sánchez Padilla.
El conductor de Estadio Uno abordó un taxi para dirigirse a determinado lugar y resulta que el taxista se equivocó y se dirigió a otro.
Al encontrarse perdido llamó desde su celular y lo orientaron hacia el verdadero destino. Al llegar al lugar correcto y comprobar que realmente era ese, no aceptó de ninguna manera que Padilla le abonara lo que marcaba el aparato y tampoco menos.
Sólo se quedó contento cuando el uruguayo ingresó en su destino sin abonarle nada, mientras él lo miraba desde el auto.
El primer Mundial realizado en Asia, fue pensado en dos países que no fallarían en nada que tenga que ver con la tecnología, organización y tendrían el éxito económico asegurado.
Así fue, ya que en la primera ronda, los estadios estuvieron todos colmados, más allá de que en alguna ciudad en particular no se completó del todo, como en el caso de Ulsan en el partido entre Dinamarca y Uruguay. Pero en el resto se llenaron con los extranjeros que llegaron (Francia, por ejemplo, trajo más de 2.000 espectadores) y un mínimo porcentaje de la población que le interesa el fútbol y concurre.
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