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Peñarol y Nacional firman un parejo 2-2 en la ida de la final marcada por desmanes en las tribunas

En un Campeón del Siglo que ardió con fuerza, los carboneros revivieron de la mano de Fernández y Arezo, dejando todo abierto para el Parque. Errores, goles y expulsiones: puro fútbol uruguayo.

Foto cortesía de CNdF
Foto cortesía de CNdF

En un Campeón del Siglo repleto de pasión y tensión, Peñarol y Nacional protagonizaron un vibrante empate 2-2 en la primera final del Campeonato Uruguayo 2025, un duelo que dejó todo abierto para la revancha del 30 de noviembre en el Gran Parque Central. Bajo un sol abrasador de noviembre, los aurinegros remontaron un 0-2 adverso en un primer tiempo irregular, para igualar con garra en la complemento y cerrar con roce y expulsiones que calientan el ambiente de cara al segundo capítulo.

El pitazo inicial de Andrés Cunha encontró a un Nacional más incisivo, que no perdonó los desaciertos rivales para tomar la delantera tempranamente. Apenas al minuto 10, un grosero error en la salida de Peñarol —con fallos consecutivos de Maximiliano Olivera, Ignacio Sosa y Eric Remedi— permitió a Christian Ebere filtrar un pase letal para que Juan Cruz de los Santos definiera con frialdad ante el arco vacío, poniendo el 0-1 y desatando la euforia tricolor.

El Bolso, inspirado, siguió presionando y amplió la ventaja al 37′, cuando un insólito resbalón de Javier Méndez al intentar despejar le regaló el balón a Gonzalo Carneiro, quien no falló en el mano a mano para clavar el 0-2. El aurirrojo, aturdido por los yerros defensivos, apenas generó peligro en una etapa inicial de bajo voltaje, marcada por la imprecisión y el físico a flor de piel. Sobre el cierre, al borde del entretiempo, Matías Arezo descontó de cabeza tras un preciso centro de Leonardo Fernández, maquillando el 1-2 y devolviendo algo de esperanza a los carboneros antes del vestuario.

El segundo tiempo fue otro partido: Peñarol salió con la sapiencia de Diego Aguirre y el empuje de su gente, dominando la posesión y ahogando al rival. Apenas al 54′, Fernández —el motor de la reacción manya— igualó con un remate de media distancia que Luis Mejía, en el arco tricolor, no pudo contener, sellando el 2-2 y encendiendo el estadio.

Los locales hicieron méritos para dar vuelta la tortilla, pero el palo les negó un tiro libre del propio Fernández, que rozó la victoria. Nacional, herido en su orgullo, resistió con uñas y dientes, y la expulsión de Javier Méndez al 75′ —por un duro planchazo al tobillo de Carneiro, que bien merecía roja antes— les dio un respiro numérico.

Los ingresos de Maximiliano Gómez y el «Diente» López revitalizaron al Bolso, que casi se lleva los tres puntos en la última jugada: un error grosero del arquero Brayan Cortés le cedió el balón a López, pero su zurdazo besó el palo y salvó al Manya.

El final fue puro fuego: jugadores de ambos lados intercambiaron insultos, requiriendo intervención policial, y el árbitro Cunha expulsó post-partido a Lucas Villalba de Peñarol por su quinta amarilla acumulada, dejándolo fuera de la decisiva vuelta. Un clásico de ida que resume la esencia del fútbol uruguayo: goles, errores, remontadas y rivalidad eterna. Todo se define en siete días, con el título y un boleto a la Libertadores en juego.

El inicio de juego fue retrasado por desmanes en las tribunas, que incluyeron pólvora ilegal, gran cantidad de sombrillas que tapaban la visión de las cámaras del Ministerio del Interior y comportamientos violentos de las barras.

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