LIBROS

Insomnios y duermevelas

Esta crisis  que no es meramente económica o social  se percibe en el vaciamiento de los discursos, el descaecimiento del espíritu crítico, el auge de la doble moral y la proliferación de la cultura mediática, asociada  naturalmente  a la apócrifa doctrina de la globalización planetaria.

En medio de tanto renovado oscurantismo, sobreviven los cada vez más escasos espacios de reflexión, las redes solidarias que multiplican esfuerzos para mitigar el dolor de los que sufren y  naturalmente  el arte.

En ese contexto, compitiendo con la congelada virtualidad de la red Internet y desafiando a los agoreros que pronostican su muerte por inanición, aflora con renovados bríos la literatura.

Es que la escritura es bastante más que un mero ejercicio de sensibilidad. Es la capacidad de crear y fabricar fantasías, pero también de moldear conciencias, pincelar realidades con toda su despiadada crudeza y edificar necesarias utopías.

A los 81 años de edad, el poeta, narrador y ensayista uruguayo Mario Benedetti aún siente íntimamente la emergencia del constante parto creativo, que alimenta incesantemente vivencias propias y ajenas.

En «Insomnios y duermevelas», la nueva obra del elogiado escritor, que será presentada el próximo jueves en Montevideo, la poesía vuelve a asumir el rango de mensajera, en esa suerte de coloquial diálogo con el lector que es la razón de ser del ya legendario autor.

Con abundantes metáforas y simbolismos, Benedetti va imprimiendo el ritmo cardinal de su escritura, que divide en tres tramos, que representan  a su vez  diferentes estados emocionales.

El primer conjunto de poemas, sugestivamente intitulado «Papel en blanco», recorre los siempre laberínticos territorios de la reflexión, a partir de los marcos referenciales del tiempo y el espacio.

En este tramo de su obra, la pluma del poeta se estaciona en los escenarios de la incertidumbre contemporánea, al aludir a un futuro oscuro y ciertamente vacío de expectativas.

Luego, impregna su «papel en blanco» con la siempre renovada angustia de la soledad y la recurrente dicotomía con los sueños, que en este caso trascienden a lo meramente onírico.

Benedetti transita  a continuación  los sinuosos escenarios de la memoria, donde «…quedaron hambres y recelos, desamparados de trapo y de tristeza…» El pasado se torna presente y, desgarrada por el dolor de la inexorable pérdida, aflora nuevamente la angustia.

Amasando su verso en la esencial arcilla de la sensibilidad, el escritor juega con las palabras y las estaciones del año, que asocia a las estaciones de la vida, cuando advierte: «…aprovechemos el otoño antes que el futuro se congele y no haya sitio para la belleza porque el futuro se nos vuelve escarcha…»

Benedetti puebla su universo creativo de los insomnios que se apropian de la noche, con sus característicos rumores pero también sus silencios congelados por la ausencia.

En el segundo segmento de su poemario, intitulado «Lugares comunes», Benedetti desafía a los enemigos, las mentiras, las distancias y su pluma roza las ominosas alas de la muerte, como si se tratara de un recurrente fantasma de presencia permanente. Afloran, entonces, nuevamente, las incertidumbres humanas y quizás hasta los miedos ancestrales. El escritor se sumerge luego en sus «Poemas a la intemperie», para desnudar y recordar la fragilidad humana, pero también la renovada poesía de la naturaleza y la belleza que ni la perversidad logra asfixiar.

Sin embargo, su pluma se disloca nuevamente en la angustia de los oscuros senderos de la muerte: «….en la noche tembleque y nebulosa me acercan otra vez al desenlace, reconozco los brazos funerarios que intentan abrazarme como antaño…»

El verso de Mario Benedetti no soslaya la fútil patología de la guerra, la nostalgia por un pasado colmado de reminiscencias y se detiene particularmente en la diáspora, intransferible impronta de un pueblo que  como el uruguayo  parece condenado al exilio. «…En la diáspora en paz nos asomamos al país que fuimos y que somos, a veces nos llegaban resonancias que guardábamos siempre en el ropero…»

El autor baja el telón de su libro con un cuento, en el que el protagonista emprende un extraño viaje a través de un túnel que simboliza al tiempo, dentro del cual desfilan todas las miserias y dolores humanos.

Como es habitual, la poesía de Mario Benedetti no siempre respeta parámetros y estructuras morfológicas, ratificando que el envase es  en definitiva  un mero recurso literario siempre maleable.

Asume, en cambio, que la palabra es la única materia prima indispensable, cuando el desafío creativo es reflexionar en torno a la condición humana, los sentimientos, los afectos y las angustias.

El autor despliega un vasto friso poético, para describir sus octogenarias incertidumbres. Su caligrafía literaria se pasea por los paisajes de la emoción y la memoria, demoliendo las fronteras del tiempo, para instalar el pasado en el presente y desafiar osadamente al futuro.

El autor «respira» la contaminada atmósfera de un mundo infectado por una epidemia de insensibilidad, con la inquietud de un intelectual comprometido con la realidad, que siempre impregnó a su obra de un sesgo desafiante y contestatario.

Como es habitual, Mario Benedetti imprime en su verso la intransferible identidad de su discurso literario, que captura los códigos, sentimientos y emociones de un lector solidariamente consustanciado con sus lenguajes.

«Insomnios y duermevelas» es una nueva épica escritural, que condensa  mediante el hoy infrecuente vehículo de la poesía  un tejido literario cargado de sensibilidad e intenso lirismo.

(Editorial Seix Barral) *

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