Mujeres uruguayas 2: el lado femenino de nuestra historia
Esta secuencia se nutre cotidianamente de hitos y acontecimientos, luego registrados en libros y documentos e incluso transmitidos a través de la tradición oral, de generación en generación.
En una sociedad aún clasista y segregacionista que custodia celosamente los vernáculos privilegios que integran un legado que se proyecta en el tiempo, muchos personajes permanecen en el anonimato del olvido y el silencio deliberado.
Persiste hoy, en pleno siglo XXI, pese a algunos auspiciosos avances de plausible valoración, una concepción rígidamente machista que relega a la mujer a un rango social secundario.
El segundo volumen de «Mujeres uruguayas: el lado femenino de nuestra historia» aspira a cubrir parte de ese vacío de nuestra memoria, reivindicando diez nombres que descollaron en su tiempo.
Esta obra colectiva coordinada por Cielo Pereira, nos acerca a la apasionante peripecia de una decena de mujeres, que crecieron, se desarrollaron y sobresalieron en un mundo que pretendió ignorarlas.
La obra –de sesgo biográfico– recorre las apasionadas historias de Julia Arévalo, Dolores Castillo, Enriqueta Compte y Riqué, Melchora Cuenca, Luisa Luisi, Matilde Pacheco, Manolita Piña de Torres García, Concepción Silva, Susana Soca y Armonía Sommers.
El primer relato, a cargo de Cristina Canoura Sande, evoca la figura de Julia Arévalo, la primera mujer que ocupó un escaño en el Parlamento uruguayo. Julia Arévalo, que sobresalió en la política en un tiempo en que esa actividad era un patrimonio casi excluyente del sexo masculino, fue protagonista de una apasionada épica vivencial.
De origen humilde, Arévalo vivió intensamente: trabajó desde muy joven, militó sindicalmente y, casi sin proponérselo, fue construyendo una inclaudicable vocación por asumir compromisos con las causas de la igualdad y la justicia social. Fue diputada y senadora por el Partido Comunista, en un tiempo en que parecía inverosímil que la mujer incidiera en la escena política uruguaya.
En el segundo relato, Mónica Bottero nos propone recorrer los laberintos vivenciales de Dolores Castillo, de recordará incursión en el periodismo en un tiempo histórico en que ésta era también una actividad casi exclusiva del sexo masculino. Dolores, con quien compartimos jornadas de trabajo en otros medios escritos, era una pasional de esta profesión sin dudas irresistible y subyugante. En la tercera escena de esta obra desarrollada en varios actos, Carina Gobbi nos invita a evocar nada menos que a Enriqueta Compte y Riqué, la pionera de la educación inicial en nuestro país.
El magisterio de Enriqueta modificó radicalmente las concepciones en materia educativa, en plena reforma vareliana. En el cuarto relato, Cielo Pereira exhuma la figura de Melchora Cuenca, mujer de bravura e indomeñable coraje, que acompañó apasionadamente a José Artigas en su épica libertaria.
En el siguiente texto, María José Santacreu recuerda a Luisa Luisi, una figura sin dudas descollante de nuestra cultura. Poetisa y pedagoga, Luisa consolidó una personalidad avasallante, en un período histórico en que la mujer enfrentaba un escenario adverso a sus posibilidades de desarrollo personal e intelectual.
Graciela Sapriza reconstruye luego los rasgos más relevantes de la vida de Matilde Pacheco, la mujer que compartió casi toda su vida con el dos veces presidente de la República José Batlle y Ordóñez, en un tiempo de conmociones y profundas transformaciones sociales.
Rosario Peyrou recorre luego los 111 años de Manolita Piña de Torres García, cuyo prestigio trascendió al de su ilustre marido, con quien compartió una existencia no menos apasionada e itinerante, que debió enfrentar múltiples contrastes y dificultades.
En el siguiente cuadro, Sofi Richero arroja un soplo de renovada vida sobre la poetisa uruguaya Concepción Silva que, entre la belleza y lo patético, construyó un subyugante universo creativo.
Las dos historias que completan este volumen son las de Susana Soca –a cargo de Helena Corbellini– y Armonía Sommers, cuya evocación corrió por cuenta de Ana Inés Larre Borges.
Las autoras que compartieron esta obra colectiva aportaron su propia impronta creativa e intelectual, para otorgar renovada vida a estas diez relevantes mujeres.
Libradas a su imaginación en algunos casos o ceñidas a la más estricta investigación en otros, las escritoras revelan diez universos íntimos únicos e intransferibles. Las estructuras de estos trabajos, sin bien difieren en función de técnicas narrativas, peculiaridad de enfoques y las propias características de las personalidades evocadas, descubren — en todos los casos– los rasgos del modo de ser femenino.
El libro está construido con una plausible profesionalidad, que contempla prolijidad de textos, minuciosas pesquisas históricas y profundidad de abordaje.
(Editorial Alfaguara)
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