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¿George Orwell era de izquierda o de derecha? Un tuit desató la discusión en redes

El tuit que desató una tormenta ideológica: Regalar Orwell a un suegro "zurdo hasta el tuétano" y el debate eterno sobre la izquierda.

Todo empezó con un tuit inocente, o eso parecía. El domingo 26 de octubre, el usuario @CaiusIulianus –un autodeclarado misántropo y “sociópata de alto funcionamiento” con un alias homérico que evoca resacas mitológicas (Ἠρικεπαῖος, nada menos)– subió una foto que parecía sacada de una comedia negra: un ejemplar envuelto de Rebelión en la granja de George Orwell, rodeado de una botella de coñac y un sofá que invita a la siesta post-cumpleaños.

El pie de foto era puro veneno dulce: “Mi suegro es zurdo pero zurdo hasta el tuétano mal, de la secta y todo. Mañana cumple años y le compré este regalo a ver si disimuladamente puedo ir sacándolo de ese culto. O lo recibe bien o me lo tira en la cabeza, no hay punto medio jaja. Me gusta la adrenalina”.

En menos de 48 horas, el post explotó: 326 likes, 10 reposts, 663 quotes y 293 replies, con vistas que superan las 631.000. Caius, un diatribista aforístico que advierte en su bio que sus posts son “Animus Iocandi” (espíritu de broma, para evitar demandas), no esperaba que su jugada familiar se convirtiera en un campo de minas ideológico. Pero X es X: un algoritmo que amplifica las grietas políticas como un megáfono en una manifestación. La imagen del libro –esa fábula de cerdos revolucionarios que terminan más tiranos que el granjero– se viralizó como un meme, pero el humor se torció rápido hacia la polémica.

¿Era George Orwell de derecha o izquierda? El debeta tras el tuit

La controversia se encendió casi de inmediato. Los replies fueron un desfile de pullas izquierdistas que acusaban a Caius de no haber leído ni la contraportada. @DJinnzn, un “obrero de la investigación social”, soltó el dardo que más dolió: “La gente de derecha no entiende lo que lee xd”, convirtiéndose en el quote estrella.

El usuario @m7od_ remató: “Literalmente el libro más pro anarco-comunista del mundo, seguro ya lo leyó y te sabe explicar por qué estás menso”. Y @ReviewerRandom, reseñador de libros, lo clavó: “Orwell era socialista. Lo que cuenta ese libro es el riesgo de que post-revolución se produzca una tiranía (tomando como experiencia cosas como la Revolución Francesa y la Rusa). No es un problema con el concepto de ser ‘socialista’ o ‘comunista’ en sí. El problema eres tú”. Boom: un recordatorio de que regalar Orwell a un izquierdista no es un ataque al socialismo, sino un boomerang.

Otros replies añadieron leña: @freezerael7u7 imaginó al suegro respondiendo “pero si yo ya era socialista, no tenías que convencerme más”, mientras @chemismelodious filosofaba sobre cómo cualquier revolución –comunista, capitalista, de derecha o izquierda– puede acabar en tiranía.

Caius no se quedó callado: replicó con un GIF de explosión, argumentando que el libro critica el totalitarismo en general, y que “la mayoría de ejemplos de este sean provenientes de la izquierda es solo una alegre coincidencia”. Pero la marea era imparable. Quotes como el de @loqueeee, con una viñeta de Orwell en su “día más tranquilo”, y pullas como “Estaría bien que te lo leyeses tú también” de @Natillas666, convirtieron el tuit en un microdebate global sobre malentendidos ideológicos. Al final, Caius actualizó con un vídeo corto: “Entregado”, y un emoji de pulgar arriba. ¿Reconciliación o armisticio tenso? La adrenalina, al menos, no falló.

George Orwell en la BBC (izq) y su libro “Rebelión en la Granja”, publicado el 17 de agosto de 1945
George Orwell en la BBC (izq) y su libro “Rebelión en la Granja”, publicado el 17 de agosto de 1945

No, Orwell no era de derechas

Esta tormenta no es casual: en 2025, con elecciones polarizadas y algoritmos que nos encierran en ecos, Orwell es el comodín perfecto para pelear. Pero para entender por qué el regalo de Caius fue como lanzar una granada a una reunión de familia roja, hay que desentrañar la posición política de George Orwell.

No era un conservador disfrazado, ni un liberal tibio. Era, sin ambages, un socialista democrático hasta la médula, un hombre de izquierda que vivió y escribió para defender la igualdad, pero con una obsesión por la libertad que lo puso en guerra con los dogmas de su propio bando.

Nacido Eric Arthur Blair en 1903 en la India británica, bajo el Imperio que tanto despreció, Orwell creció en un mundo de privilegios coloniales que lo marcaron de por vida. Su primer libro, Días en Birmania (1934), es un ajuste de cuentas con el imperialismo: como policía colonial, vio de cerca cómo el “civilizador blanco” era una farsa racista.

Renunció al puesto y se sumergió en la pobreza londinense para escribir Sin blanca en París y Londres (1933), un testimonio crudo de la miseria proletaria que lo convenció de que el capitalismo era una “enfermedad”.

De ahí, saltó al socialismo: en 1936, se alistó en la Guerra Civil Española del lado republicano, uniéndose a las milicias del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), un grupo trotskista antiestalinista. Herido en el cuello por un francotirador fascista en Huesca, Orwell vivió el caos de Barcelona –esa “utopía anarquista” de milicias igualitarias donde los camareros no aceptaban propinas– antes de ser perseguido por los comunistas estalinistas, aliados traidores que disolvieron el POUM y lo tacharon de “trotskista fascista”.

Ese trauma inspiró Homenaje a Cataluña (1938), su crónica de la traición soviética: “Toda la propaganda que hemos visto o leído, procedente de fuentes rusas o españolas afines a Rusia, ha consistido en una y otra vez en desacreditar al enemigo inmediato y glorificar a Rusia”.

Sin embargo, Orwell no era un marxista ortodoxo. Se definía como socialista ético y libertario, influido por el anarquismo y el fabianismo (un socialismo gradual y democrático). En ensayos como Por qué escribo (1946), confesó: “Todo lo que he escrito, motivado política o directamente, ha sido escrito contra el totalitarismo y a favor del socialismo democrático”. Abominaba el estalinismo –lo llamó “el enemigo del hombre de izquierdas”– pero también el fascismo y el imperialismo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, trabajó para la BBC (propaganda aliada) mientras escribía El león y el unicornio (1941), un manifiesto por un “socialismo inglés”: nacional, igualitario, con un Estado que controle la economía pero preserve las libertades civiles. Imaginaba un socialismo “de abajo arriba”, no impuesto por burócratas, sino forjado en pubs y sindicatos.

Sus novelas maestras destilan esto. Rebelión en la granja (1945) es una sátira directa de la Revolución Rusa: los cerdos Napoleón y Snowball parodian a Stalin y Trotsky, y el lema “Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros” clava cómo el poder corrompe la utopía igualitaria.

Pero no es antiizquierda: es un aviso para socialistas sobre la traición estalinista, escrito cuando Orwell, expulsado del establishment laborista por su antiestalinismo, luchaba por publicarlo. 1984 (1949), su distopía final, amplía el horror: el Gran Hermano fusiona estalinismo y nazismo en un totalitarismo que borra la verdad misma.

Si quieres que la gente crea mentiras, diles que la verdad es peligrosa”, resume su miedo a la ortodoxia ideológica. Orwell, fumador empedernido y bebedor, murió de tuberculosis en 1950, a los 46, pero dejó un legado: listas negras de intelectuales prosoviéticos en su columna de Tribune, y un socialismo humanista que influyó en la Nueva Izquierda de los 60.

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