Qué hay detrás del boom del chocolate Dubai: las raras teorías tras el postre viral
Oscuras teorías conspirativas orbitan en torno al boom internacional del chocolate Dubai, el postre que se volvió tendencia en cuestión de un par de años.

Dubai, la ciudad de rascacielos imposibles y sueños hechos de arena y acero, no solo es sinónimo de lujo extravagante, sino también de innovaciones que se cuelan en los paladares del mundo entero. En medio de su bullicio cosmopolita, surgió un dulce humilde pero hipnótico: el chocolate Dubai.
No es un bombón cualquiera, ni una tableta genérica de supermercado. Es una sinfonía de texturas y sabores que fusiona el exotismo del Oriente Medio con la indulgencia occidental, convirtiéndose en el antojo colectivo de millones. Desde ferias rurales en Estados Unidos hasta las confiterías porteñas de Argentina, este chocolate ha irrumpido como un huracán dulce, dejando un rastro de migajas crujientes y sonrisas adictivas.
La barra de chocolate con leche se resquebraja con un chasquido suave, revelando un corazón generoso de crema de pistacho esmeralda y hilos dorados de kunafa –o kadaifi, como se conoce en la tradición árabe– que crujen como nieve fresca bajo los dientes. ¿Es rico? Ah, esa es la pregunta que ha obsesionado a foodies desde su debut.
La respuesta es un rotundo sí, pero con matices que lo elevan por encima de lo ordinario. Su cremosidad envolvente, salpicada de notas tostadas y un leve amargor del pistacho natural, crea una experiencia multisensorial que engancha desde el primer bocado. No es empalagoso, sino equilibrado: la dulzura del chocolate se domestica con la frescura terrosa de los frutos secos, mientras que la kunafa aporta ese contraste crocante que hace que cada porción sea una pequeña explosión de placer.
En palabras de quienes lo han probado, es como un abrazo cálido en forma de dulce, calórico sí –alrededor de 228 calorías por cada 40 gramos–, pero tan satisfactorio que justifica cada gramo extra.
Por qué el chocolate Dubai está tan de moda
El origen de esta delicia es tan cautivador como su sabor. Todo comenzó en 2021, en las cocinas improvisadas de Sarah Hamouda, una emprendedora británico-egipcia radicada en Dubái. Embarazada y antojada de sabores que evocaban su infancia en El Cairo –el crujir de la kunafa en postres callejeros y la untuosidad de la crema de pistacho–, Sarah experimentó en su hogar hasta dar con la fórmula perfecta.
Lo bautizó inicialmente «Can’t Get Knafeh Of It«, un guiño juguetón a su obsesión por la kunafa, ese postre árabe hecho de finos hilos de masa frita, empapados en jarabe y coronados con queso fresco. Bajo su marca Fix Dessert Chocolatier, lanzó las primeras barras en 2022, limitadas a solo 500 unidades diarias para mantener la exclusividad. Lo que empezó como un capricho personal se transformó en un emblema de la repostería fusionada, donde el chocolate belga de alta calidad se une a ingredientes locales como el tahini y pistachos iraníes, creando un puente cultural que sabe a tradición y modernidad.
Pero, ¿qué hace que un chocolate, por exquisito que sea, conquiste el planeta en cuestión de meses? La clave está en su irresistible atractivo visual y en el poder de las redes sociales. En diciembre de 2023, un video de la influencer gastronómica Maria Vehera en TikTok –mostrando el corte dramático de la barra y el flujo lento de su relleno– acumuló más de siete millones de visualizaciones en días.
De repente, hashtags como #DubaiChocolate y #PistachioBar inundaron Instagram y X, representando el 90% de las publicaciones sobre chocolate en un mes. La kunafa, con su textura fotogénica de hilos entretejidos, se presta a videos ASMR que hipnotizan: el sonido del crujido, el brillo del pistacho, el derretirse lento del chocolate. Es un dulce hecho para la era digital, donde cada mordisco se convierte en contenido viral. En Argentina, por ejemplo, el furor ha llevado a colas interminables en confiterías porteñas, mientras que en ferias de estados rurales de EE.UU., vendedores ambulantes lo adaptan con toques locales, convirtiéndolo en un hit de temporada.
No es solo fama efímera; el chocolate Dubai ha tejido una red de anécdotas que lo humanizan y lo engrandecen. En X, usuarios comparten confesiones hilarantes: una fan de K-pop, Tzuyu de Twice, lo rechazó públicamente en una entrevista, declarándolo «demasiado trendy» para su gusto, lo que solo avivó el debate entre golosos del mundo.
Otro post viral muestra a un concursante de Operación Triunfo en España cantando un tema inspirado en tendencias TikTok, con el chocolate Dubai como estrella involuntaria de la letra. Y en las calles de Dubái, turistas de todo el globo forman filas al amanecer, dispuestos a pagar precios premium por una barra que, en su versión original, cuesta unos 25 dólares emiratíes –alrededor de 7 dólares–, pero que en imitaciones caseras se replica con ingredientes accesibles como harina de trigo para la kunafa y pistachos molidos.

¿Es esto una movida publicitaria de Emiratos Árabes Unidos?
Esta explosión de popularidad ha impulsado un boom turístico gastronómico: viajeros planean escalas en Dubai solo para visitarla tienda de Sarah, que ahora exporta a Europa y Asia, aunque advierte contra falsificaciones que diluyen su esencia. Culturalmente, representa más que un snack; es un símbolo de globalización dulce, donde un antojo personal cruza desiertos y océanos, fusionando identidades en cada capa crujiente.
Una hipótesis afirma que el fenómeno no es orgánico, sino una campaña orquestada por el gobierno de Emiratos Árabes Unidos para proyectar a Dubai como un paraíso innovador y trendy, fortaleciendo su influencia global a través de la cultura pop. El dulce, con su estética exótica y viralidad en redes, serviría como herramienta de soft power para distraer de temas como derechos humanos o dependencia petrolera, similar a cómo Dubai usa el lujo para rebranding.
También hay foros que hablan de un intento por tapar los resultados que daban los buscadores de internet al colocar «chocolate Dubai». Según estas teorías conspirativas, prácticas relacionadas con este término involucraban prácticas sexuales bastante poco agradables, pero que en Dubai tienen mucho asidero en círculos oscuros.
Menos extendida, pero presente en foros científicos y redes, la última teoría habla de la idea de que el pistacho usado en el chocolate (cuya demanda global colapsó suministros en 2025) podría estar contaminado con aflatoxinas o sustancias químicas para «controlar» a los consumidores adictos, o incluso como parte de un experimento de Big Food para impulsar ventas masivas. Científicos nucleares han analizado pistachos por toxinas, alimentando especulaciones sobre pruebas ocultas.
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