PERSECUCIÓN POLÍTICA

Netanyahu exige revelar la identidad de los soldados que hablaron en el documental NAZA

La instrucción no quedó en un gesto verbal. Netanyahu la formalizó por escrito y dirigió la carta a tres figuras clave del aparato estatal israelí para perseguir a los periodítas creadores del documental y a los colaboradores del documental que confesaron y revelaron todo tipo de violaciones a los derechos humanos que cometieron en Gaza.

Los creadores del documental NAZA.
Los creadores del documental NAZA, los valientes periodístas israelíes.

Netanyahu exige revelar la identidad de los soldados que hablaron en el documental NAZA

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dio una orden que marca un nuevo capítulo en la tensión entre su gobierno y la prensa internacional: pidió que se identifique a los militares que brindaron testimonio en el documental de investigación NAZA y que se los procese judicialmente. Según su planteo, estos soldados y oficiales habrían provocado un “daño a los intereses diplomáticos y de seguridad de Israel”.

La instrucción no quedó en un gesto verbal. Netanyahu la formalizó por escrito y dirigió la carta a tres figuras clave del aparato estatal israelí: la fiscal general, Gali Baharav-Miara; el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, el teniente general Eyal Zamir; y el titular del servicio de seguridad interior Shin Bet, David Zini.

Una orden para desenmascarar a las fuentes del film

En ese documento, el mandatario reclamó a los tres funcionarios que actuaran “con urgencia para descubrir la identidad de todos los involucrados o que aparecen en la película difamatoria”. La exigencia apunta directamente a quienes decidieron hablar frente a cámara, es decir, a las propias fuentes periodísticas que sostienen la investigación audiovisual.

El uso del término “difamatoria” para calificar al film resume la postura oficial israelí frente a un trabajo que ha incomodado al gobierno desde su estreno. Pero más allá de la calificación, lo que está en juego es el intento de un Estado por abrir una causa penal contra personas que colaboraron con un trabajo periodístico.

Qué muestra NAZA y quiénes están detrás

NAZA no es un proyecto menor ni marginal. Se trata de un documental premiado, dirigido por los cineastas Yuval Abraham y Rachel Szor —ambos ganadores de un Oscar— y producido por el diario británico The Guardian. La película documenta la matanza masiva de civiles perpetrada por Israel en la Franja de Gaza, un relato construido a partir de testimonios reales y materiales que exponen la dimensión del horror vivido por la población palestina.

El peso de sus realizadores no es un dato secundario. El reconocimiento de la Academia a Abraham y Szor coloca al film en un lugar de visibilidad global y le otorga un respaldo artístico difícil de ignorar, lo que vuelve aún más llamativa la reacción del gobierno israelí.

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La respuesta de la producción: “Son intentos de distraer”

Desde The Guardian salieron a responder con firmeza. Un vocero del medio recordó que esta no es la primera vez que el Estado israelí busca presionar a los responsables del documental: “Después de amenazar primero con quitarles la ciudadanía israelí a los directores de NAZA, el gobierno israelí ahora pide una investigación sobre sus fuentes periodísticas”, señaló.

El portavoz fue más allá y enmarcó la movida dentro de una estrategia deliberada: “Estas maniobras son todos intentos de distraer de las preguntas urgentes que plantea la película sobre las matanzas masivas de civiles palestinos en Gaza. Los periodistas deberían ser libres de llevar adelante investigaciones de interés público sin amenazas ni acoso”.

El doble embate —primero contra la nacionalidad de los directores y ahora contra el anonimato de las fuentes— dibuja un patrón que preocupa a quienes defienden la libertad de prensa. La producción insiste en que el foco debería estar puesto en lo que el film revela y no en quienes se animaron a hablar.

Un documental que ya recorre el mundo

Pese a la ofensiva oficial, NAZA sigue su camino en las salas de cine. La película ya se exhibe en distintos países, entre ellos el Reino Unido y los Estados Unidos, y tiene previsto llegar a más de cincuenta naciones. Esa expansión internacional sugiere que el intento de frenar o deslegitimar el trabajo difícilmente logre silenciar su contenido; por el contrario, la controversia tiende a amplificar su alcance.

La escena final de este episodio todavía está abierta. Lo que queda claro es que un gobierno busca convertir en delito el testimonio de sus propios soldados, mientras un documental premiado recorre el planeta llevando a las pantallas las imágenes y relatos de la tragedia en Gaza.

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