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El boicot mundial a Tesla y Elon Musk está dando sus frutos: acciones y ventas se desploman

Acciones de Tesla caen 15% tras boicot por vínculos de Musk con la extrema derecha. Ventas en Europa se desploman un 50% en enero y los propietarios los venden por precios ridículamente bajos: nadie quiere verse ligado al polémico empresario y su romance con el neofascismo.

Tesla está por los suelos: nadie quiere comprar vehículos de un empresario afín a movimientos neonazis y gobiernos con deriva autoritaria.
Tesla está por los suelos: nadie quiere comprar vehículos de un empresario afín a movimientos neonazis y gobiernos con deriva autoritaria.

La caída del 15.4% en las acciones de Tesla durante una jornada volátil en Wall Street, sumada a un desplome superior al 50% en sus ventas europeas, ha encendido alertas sobre el impacto del activismo de consumidores. Chris Blackhurst, analista económico, destaca cómo decisiones de compra están siendo utilizadas como herramienta de presión ante posturas políticas controvertidas de sus líderes.

El CEO de Tesla ha intensificado su perfil como figura divisiva tras alinearse públicamente con grupos de derecha en Europa, gestos interpretados como saludos nazis y defensa de recortes al gasto social. Estas acciones, amplificadas en redes y medios, han generado rechazo en sectores progresistas, quienes vinculan la marca directamente con su propietario.

Protestas simbólicas y el efecto en la imagen corporativa de Tesla

Sheryl Crow, cantante y activista, se sumó al boicot anunciando la donación de su vehículo eléctrico y fondos a la National Public Radio (NPR), entidad que calificó como “amenazada”. En redes, se refirió irónicamente a Musk como “presidente Musk”, reflejando críticas a su cercanía con Donald Trump. Analistas señalan que, aunque la competencia china influye, la postura ética de clientes ya es un factor medible.

Mientras Tesla enfrenta su peor crisis desde 2018, el apagón económico del 28 de febrero emerge como otro frente. La iniciativa, impulsada por The People’s Union USA, buscaba paralizar por 24 horas el consumo en grandes corporaciones. John Schwarz, su fundador, declaró en Instagram: “Durante toda nuestra vida, nos han dicho que no tenemos otra opción […] el 28 de febrero cambiamos las tornas”.

Aunque el evento inicial tuvo un enfoque amplio —evitar compras en Amazon, Walmart o gasolineras—, su viralización lo transformó en una protesta anti-Trump. Empresas como Meta o Target, acusadas de eliminar programas de diversidad tras una orden ejecutiva, se volvieron blancos. Stephen King y Bette Midler apoyaron la causa, aunque expertos dudan de su impacto real en el PIB estadounidense.

Lecciones históricas sobre el poder del consumidor

Maurice Schweitzer, académico de Wharton, advierte que los boicots suelen fracasar si no se sostienen con estrategias claras. Ejemplifica con el embargo ético al azúcar esclavista en 1791: tras protestas masivas, las ventas cayeron y las importaciones de India —libres de explotación— se multiplicaron. “La indignación inicial se desvanece; se requiere persistencia”, afirma.

El movimiento contra el apartheid (1959-1994) ilustra cómo campañas específicas —como presionar a Barclays o Marks & Spencer— lograron cambios. Erica Chenoweth, de Harvard, sostiene que se necesita el respaldo del 3.5% de la población para generar transformaciones. En el caso de Tesla, la meta sería consolidar un núcleo crítico dispuesto a sacrificar comodidad por convicción.

Schwarz planea nuevos “apagones” con objetivos más definidos, mientras crece el debate sobre cómo afectar a figuras como Musk. Desde podcasts hasta cadenas de WhatsApp, usuarios comparten alternativas para reducir dependencia de Amazon o Google. Aunque Lily Allen y Miquita Oliver admiten adicción a estas plataformas, su discurso refleja un malestar creciente con el poder corporativo.

La fortuna de Musk ha mermado en $100 mil millones desde diciembre, según Bloomberg. Aunque sigue liderando rankings de riqueza, analistas especulan si la presión social acelerará su declive. Para Tesla, el desafío es doble: recuperar confianza inversora y contrarrestar narrativas que asocian sus autos con extremismo político. El mercado eléctrico, cada vez más competitivo, no concede treguas.

En paralelo, y haciendo uso de su poder como consumidores éticamente responsables, miles venden sus autos Tesla en Estados Unidos a precios ridículamente bajos, haciendo que el valor de reventa baje: nadie quiere verse relacionado con Elon y su nueva deriva neofascista.

Elon Musk bajo la lupa: controversias y percepciones de extremismo

Desde 2023, Elon Musk, CEO de Tesla y SpaceX, ha enfrentado crecientes críticas por gestos y declaraciones interpretadas como cercanas a ideologías de extrema derecha. Aunque no existen pruebas de vínculos directos con grupos neonazis, sus acciones públicas y decisiones han alimentado un debate global sobre su posicionamiento político.

Uno de los momentos más polémicos ocurrió en enero de 2025, durante la celebración de la investidura de Donald Trump. Musk realizó un gesto que muchos asociaron con un saludo nazi: llevó su mano al pecho y luego extendió el brazo con la palma hacia abajo. Según NBC News, grupos neonazis como Blood Tribe celebraron el movimiento, interpretándolo como un respaldo. Musk lo negó, calificándolo de simple “muestra de entusiasmo”, pero la Liga Antidifamación señaló su similitud con símbolos históricos del régimen hitleriano.

Ese mismo mes, su apoyo al partido alemán Alternativa para Alemania (AfD), considerado de extrema derecha, añadió leña al fuego. En un discurso virtual ante simpatizantes del partido, Musk instó a superar la “culpa pasada” —en alusión al legado nazi— y defendió la preservación de la cultura alemana frente al multiculturalismo. Las declaraciones, emitidas días antes del Día de Recordación del Holocausto, fueron tachadas de “insultantes” por Yad Vashem, el centro mundial de memoria de las víctimas.

La plataforma X, adquirida por Musk en 2022, también ha sido eje de críticas. Bajo su gestión, informes de NBC News revelaron en 2024 la presencia de al menos 150 cuentas verificadas difundiendo propaganda nazi, incluyendo discursos de Hitler. Aunque cuentas de figuras neonazis como Andrew Anglin y Nick Fuentes fueron suspendidas tras presión pública, su reintegro inicial generó acusaciones de permisividad. Expertos señalan que, bajo el paraguas de la “libertad de expresión”, la red ha facilitado indirectamente la expansión de narrativas extremistas.

Las polémicas no se limitan a gestos o alianzas. En 2023, Musk acusó a medios y escuelas de ser “racistas contra blancos y asiáticos”, una frase que algunos vincularon con retórica supremacista. Un año después, según Mother Jones, amplificó en X teorías pseudocientíficas que defendían la “superioridad biológica” de personas de origen europeo. Estas acciones, aunque no implican una adhesión explícita al neonazismo, han sido vistas como una normalización de ideas asociadas a la extrema derecha.

Investigaciones de medios como Euronews no han hallado pruebas concretas de que Musk financie o mantenga reuniones con grupos neonazis. Sin embargo, analistas como los de Al Jazeera subrayan que su respaldo al AfD —cuya base incluye sectores radicales— y su manejo de X representan una facilitación indirecta de estas ideologías. La combinación de su influencia mediática y su retórica lo sitúan, para muchos, como una figura que, sin ser abiertamente neonazi, erosiona barreras contra el extremismo.

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