disfagia post-acv

El Hospital Británico presentó una guía clínica para el manejo de disfagia post-ACV

El Hospital Británico lanzó una guía para evaluar y manejar la disfagia en pacientes con ACV agudo. Desarrollada por un equipo multidisciplinario, busca estandarizar la detección temprana y reducir complicaciones.

La implementación de esta guía es un paso hacia la mejora continua de la calidad asistencial en el Hospital Británico
La implementación de esta guía es un paso hacia la mejora continua de la calidad asistencial en el Hospital Británico

El Hospital Británico presentó este mes su Guía de evaluación y manejo de la disfagia en pacientes con ataque cerebrovascular (ACV) agudo. El documento fue desarrollado por un equipo multidisciplinario integrado por profesionales de los departamentos de Otorrinolaringología, Neurología, Medicina Interna y Medicina Intensiva. La creación del protocolo contó con la colaboración adicional de los servicios de Imagenología, Enfermería y Fonoaudiología de la institución.

Las responsables principales de la elaboración de la guía fueron las Dras. Valeria Rocha, Ines Doassans Gomez-Haedo y Lucía Zaballa Pérez, junto a las Lics. Alejandra Amestoy, Ma. Florencia Pintaluba Batista y Alejandra Rodríguez. La presentación oficial marcó la culminación de un proceso de diseño institucional destinado a estandarizar prácticas clínicas. El objetivo declarado del protocolo es establecer un marco de acción uniforme para los profesionales que atienden a pacientes neurocríticos.

El objetivo principal de la guía es sistematizar la detección temprana de la disfagia orofaríngea en individuos que han sufrido un ACV agudo. La implementación de un proceso estandarizado busca reducir la variabilidad en la práctica clínica y minimizar el riesgo de complicaciones asociadas a los trastornos de la deglución. La guía proporciona algoritmos de actuación secuenciales para la evaluación inicial y el manejo posterior.

El enfoque multidisciplinario para una complicación frecuente

La disfagia orofaríngea constituye una secuela común tras un evento cerebrovascular. La Dra. Valeria Rocha, una de las autoras, explicó la prevalencia e implicancias del trastorno: “La disfagia orofaríngea es una complicación frecuente, presente en el 81% de los pacientes con ACV.

En hasta el 50% de los casos, la disfagia persiste de forma crónica, por lo que su adecuado abordaje requiere identificación temprana, rehabilitación oportuna y un manejo nutricional e higiénico adecuado”. Estas cifras sustentan la necesidad de un protocolo específico.

La guía detalla los procedimientos para la evaluación clínica inicial, que debe realizarse en las primeras 24 horas posteriores al ingreso del paciente, siempre que su estado neurológico lo permita. Se especifican los criterios para escalar la evaluación a estudios instrumentales, como la videofibrolaringoscopia o la videofluoroscopia, cuando la evaluación clínica resulta insuficiente o existe un alto índice de sospecha. El documento establece umbrales claros para la toma de decisiones.

Además del diagnóstico, el protocolo aborda el manejo nutricional e hidratación segura, definiendo las consistencias dietéticas apropiadas y las estrategias de compensación postural. Incluye también pautas para la higiene bucal meticulosa, un componente esencial para prevenir neumonías por aspiración. La rehabilitación fonoaudiológica se presenta como un pilar fundamental para los casos de disfagia persistente, con referencias a técnicas basadas en evidencia.

Qué es la disfagia post-ACV

La disfagia post-ACV es un trastorno de la deglución que ocurre como consecuencia de un accidente cerebrovascular. Se caracteriza por la dificultad o imposibilidad para formar o mover el bolo alimenticio de manera segura y eficaz desde la boca hacia el estómago.

Su origen es neurológico. El ACV, ya sea isquémico o hemorrágico, puede dañar las áreas cerebrales o las vías nerviosas que controlan los músculos y reflejos complejos involucrados en la deglución. Esto afecta la coordinación y fuerza de los músculos de la boca, la faringe y la laringe, comprometiendo las fases oral y faríngea del proceso.

Las consecuencias principales son dos: el riesgo de desnutrición y deshidratación por una ingesta inadecuada, y el riesgo de neumonía por aspiración. Esta última ocurre cuando alimentos, líquidos o secreciones pasan a la vía aérea en lugar de al esófago, pudiendo causar infecciones respiratorias graves. Por su alta frecuencia y potencial letal, su detección temprana sistemática es un pilar crítico en la atención inicial del paciente con ictus.

 

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