Seno familiar. Referentes de cultura y solidaridad para todos sus vecinos

Idea: sus orígenes, su familia

Sus padres Leandro Vilariño (poeta y barraquero) y Josefina Romani tuvieron cinco hijos: Poema, Azul, Alma, Idea y Numen. Alma se destacaba como pianista, tanto que Numen ha reconocido que ella fue quien le enseño muchas de las técnicas de ejecución. Azul tocaba la guitarra (falleció tempranamente a los 23 años) y era un típico muchacho de barrio al que todos los vecinos saludaban con indisimulado cariño. Idea Vilariño, considerada la mayor poeta del siglo XX tocaba el violín y según su hermano Numen, lo hacía muy bien.

Rememorando sus años juveniles, Numen Vilariño afirma: «La nuestra fue una familia cuya vida fue muy golpeada pero parece que uno no puede arrepentirse de nada, fue una familia feliz, muy nutrida, muy alimentada de cosas que valen la pena, aunque todo costaba mucho sacrificio».

Esta familia de artistas fue un referente de cultura y solidaridad para todos sus vecinos del barrio La Comercial. Primero habitaron una casona de la calle Inca y Cuñapirú (hoy Juan José de Amézaga) luego se mudaron a otra casa en la misma manzana, en la calle Justicia casi Cuñapirú donde la empresa familiar fue la famosa Calera Oriente (barraca de construcción) propiedad de don Leandro, un convencido anarquista que ­según recuerda Numen­ era más compañero que patrón. En su barraca las cosas se resolvían juntos, todo compartido. El fondo de la casa tenía un estanque con patos y otros animalitos, también una higuera enorme que era lo más alto de la manzana.

Numen recuerda nombres de «gente linda, humilde, trabajadora y sacrificada con un fuerte sentido de pertenencia barrial, gente que brindaba toda su humanidad» y que por extensión constituía una gran familia.

En esa fermental zona habitada entre los años treinta y sesenta por un gran contingente de inmigrantes europeos, los comercios eran el lugar en que los vecinos compartían penas y alegrías, algo muy distante de la actual cultura despersonalizada de los shopping y supermercados. El bar Fernandito, la tienda de ropa para hombres de Cappozzolo, la peluquería de Pantaleón, la zapatería del italiano Pascualito, la «chanchería» de Bachicha, el almacén de cueros de López Pita, una casa de venta de sombreros, dos farmacias en una misma cuadra (ambas con boticario incluido), dos tambos, el almacén de los armeños, el de Ivonne, la florería La Primavera, el Montevideo Basquetbol Club y otros comercios eran los lugares por donde discurría la vida de la familia Vilariño al promediar los años cincuenta.

«Mi madre, recuerda Numen, falleció joven, a los 42 años. Ella había dicho que yo tenía que dedicarme al piano. A mí me parecía que Alma era la destinada, me parecía que era una virtuosa. Sin embargo, tal vez fue eso lo que me volcó al piano, fue un compromiso. Yo tenía apenas diez años cuando falleció mamá.

Eramos muy amigos con Jacobo Lagsner, que vivía también en la calle Justicia, su padre tenía una tienda de sombreros. Era un barrio de artistas».

Y en ese barrio de artistas nació precisamente Idea, una de las mayores poetas de la lengua española cuya obra fundada congrega unanimidades poco frecuentes y en la que lo popular y lo académico discurren naturalmente sin falsas oposiciones.

Una infancia feliz aunque también poblada de fantasmas, la desesperada visión de un universo sin Dios, una sufrida historia de amor con Juan Carlos Onetti y un compromiso siempre militante con el tiempo que le tocó vivir, muestran las diversas facetas de una mujer que ha logrado trasmitir a través de la escritura las que tal vez sean las más profundas y desgarradoras palabras de amor y dolor de la literatura uruguaya.

Ayer una multitud acongojada, entre quienes se encontraban la ministra de Cultura, María Simon, el presidente de FA, Jorge Brovetto, el director de Cultura del MEC, Hugo Achugar, los músicos José Carbajal y Daniel Viglietti, despidió sus restos en el hall de la Universidad de La República, acompañando luego el sepelio que se realizó en el Cementerio del Norte. En sesión, el Senado de la República dispuso un minuto de silencio en homenaje a quien ayer ingresó al corpus mitológico de la literatura como una de las grandes voces del Siglo XX.

 

YA NO

Ya no será,

ya no

no viviremos juntos

no criaré a tu hijo

no coseré tu ropa

no te tendré de noche

no te besaré al irme

nunca sabrás quién fui

por qué me amaron otros.

No llegaré a saber

por qué ni cómo nunca

ni si era de verdad

lo que dijiste que era

ni quién fuiste

ni qué fui para ti

ni cómo hubiera sido

vivir juntos

querernos

esperarnos

estar.

Ya no soy más que yo

para siempre y tú

ya no serás para mí

más que tú.

Ya no estás

en un día futuro

no sabré dónde vives

con quién

ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca

como esa noche

nunca.

No volveré a tocarte.

No te veré morir.

 

SI MURIERA ESTA NOCHE

 

Si muriera esta noche

si pudiera morir

si me muriera

si este coito feroz

interminable

peleado y sin clemencia

abrazo sin piedad

beso sin tregua

alcanzara su colmo y se aflojara

si ahora mismo

si ahora

entornando los ojos me muriera

sintiera que ya está

que ya el afán cesó

y la luz ya no fuera un haz de espadas

y el aire ya no fuera un haz de espadas

y el dolor de los otros y el amor y vivir

y todo ya no fuera un haz de espadas

y acabara conmigo

para mí

para siempre

y que ya no doliera

y que ya no doliera.

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