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Orsi en la ONU: Uruguay reafirma el multilateralismo y denuncia el bloqueo a Cuba ante la Asamblea General

El presidente uruguayo llevó a la Asamblea General una posición de perfil propio: apoyo explícito a las misiones de paz, crítica al bloqueo a Cuba y un llamado a reformar el Consejo de Seguridad.

Foto: Presidencia
Foto: Presidencia

El presidente uruguayo Yamandú Orsi intervino el 24 de septiembre de 2026 ante la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York y presentó una doctrina de política exterior basada en la paz como construcción permanente, la humildad como principio de relacionamiento entre Estados y una crítica directa a los bloqueos económicos prolongados.

Su discurso se produjo en un contexto global marcado por guerras activas, desplazamientos forzados y una creciente polarización entre potencias, y propuso a Uruguay como un actor pequeño pero consistente en la defensa del derecho internacional.

La paz como trabajo permanente

Orsi definió la posición uruguaya con una precisión que evitó la retórica vacía: “No concebimos la paz simplemente como la ausencia de guerra”. Para el mandatario, la paz implica construir condiciones concretas para que las personas puedan vivir, trabajar y educar a sus hijos sin miedo. Esta definición se alinea con la tradición de política exterior uruguaya, que ha mantenido una participación sostenida en misiones de paz de Naciones Unidas durante décadas.

Uruguay es actualmente el 13.º mayor contribuyente de personal uniformado a las operaciones de paz de la ONU, con más de 800 efectivos desplegados —incluidas 51 mujeres— en misiones en África, Medio Oriente y América Latina. El país ha participado en misiones en República Democrática del Congo, Siria, Colombia, República Centroafricana, India-Pakistán y Líbano. Orsi ratificó esa disposición: “Sigan contando con Uruguay para ello”, expresó ante los jefes de Estado y de Gobierno reunidos.

El sufrimiento no tiene nacionalidad

Uno de los pasajes más contundentes del discurso abordó la selectividad con la que la comunidad internacional valora el dolor humano. “No puede haber una paz para unos y otra paz para otros”, afirmó Orsi. “No hay sufrimientos que importen más porque ocurren más cerca, ni vidas que valgan menos porque nacieron en otro territorio”. En ese marco, mencionó las consecuencias de guerras, desplazamientos, pobreza, crimen organizado y terrorismo, y se refirió específicamente al bloqueo económico que afecta al pueblo cubano.

La mención al bloqueo a Cuba no fue un gesto simbólico menor. Orsi lo incluyó entre las situaciones frente a las que “no se puede permanecer indiferente”, equiparándolo con el sufrimiento provocado por conflictos armados y tiranías. Esta posición se distancia de la línea de varios gobiernos latinoamericanos que evitan pronunciarse sobre el tema y coloca a Uruguay en una posición de perfil propio dentro de la región.

“Nadie es más que nadie”: humildad como método

Orsi recurrió a una expresión arraigada en el habla cotidiana uruguaya para sintetizar su visión de las relaciones internacionales: “Nadie es más que nadie”. A partir de esa idea, sostuvo que “ningún país es dueño de la verdad absoluta, ninguna nación tiene el monopolio de las soluciones, ninguna sociedad puede pretender que su experiencia histórica sea universal”.

El concepto no es meramente retórico. Implica un rechazo explícito a la imposición de modelos políticos o económicos desde el exterior, algo que Orsi formuló con claridad al afirmar que “ningún pueblo debería ser obligado a elegir entre modelos impuestos desde afuera”. Para el presidente, esta postura no supone debilidad, sino reconocer las propias limitaciones y confiar en las capacidades de los demás.

El desarrollo se mide en vidas, no en indicadores

En un tramo que articuló buena parte de su intervención, Orsi vinculó el desarrollo, la economía, la tecnología y la política con un propósito único: mejorar la vida de las personas. “El desarrollo tiene sentido cuando mejora la vida de las personas”, afirmó. “La economía tiene sentido cuando está al servicio de la sociedad. La tecnología tiene sentido cuando amplía nuestras libertades y oportunidades. Y la política tiene sentido cuando es capaz de transformar la realidad para llevar felicidad a nuestra gente”.

Esa definición adquiere relevancia en un momento en que la agenda internacional está dominada por debates sobre inteligencia artificial, transición energética y nuevas formas de producción. Orsi contrastó esas discusiones con las preguntas que millones de personas siguen haciéndose: “¿Cómo alimentaré a mis hijos?, ¿cómo encontraré vivienda?, ¿cómo encontraré trabajo?, ¿cómo enfrentaré el mañana sin miedo?”. El desplazamiento del foco desde los grandes temas globales hacia las necesidades concretas de la población constituye una de las marcas distintivas de su intervención.

Una ONU que debe evolucionar o quedará obsoleta

Orsi dedicó una parte sustantiva de su discurso al funcionamiento de las instituciones multilaterales. Reconoció la vigencia de Naciones Unidas —“la ONU tiene cada vez más razón de existir”— pero advirtió que la organización “debe inevitablemente evolucionar al ritmo de los cambios geopolíticos que se despliegan a velocidad vertiginosa”.

Su crítica más directa apuntó al mecanismo de toma de decisiones: “No podemos seguir siendo rehenes de la voluntad de un puñado de países que se pueden contar con los dedos de una mano”, sostuvo. La frase alude sin nombrarlo al Consejo de Seguridad, donde cinco miembros permanentes concentran el poder de veto. Orsi reclamó una organización “actualizada, debidamente apoyada, que tome decisiones justas y que sean respetadas”.

El presidente uruguayo también cuestionó la dinámica de confrontación que domina la Asamblea General. “Poco aporta a los objetivos de la ONU utilizar solamente esta tribuna para acusar y atacar. El fuego no precisa más combustible. Aprovechemos mejor esta instancia y démosle otra oportunidad a la paz”, concluyó.

Esta posición no implica neutralidad pasiva. Orsi aclaró que buscar caminos de entendimiento “no significa indiferencia frente al sufrimiento o desconocimiento de las responsabilidades”. Su apuesta es por “buscar caminos hacia el entendimiento, abrir espacios para el diálogo y ayudar a que los conflictos encuentren una resolución pacífica”. La frase final de su intervención condensó esa visión: “Somos y nos transformamos juntos”.

 

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