DESPEDIDA

A los 91 años falleció el sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman

El sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman, creador del concepto de la "modernidad líquida", uno de los grandes críticos de la modernidad y la sociedad de consumo falleció este lunes a los 91 años.

A los 91 años falleció el sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman .
A los 91 años falleció el sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman .

El sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman falleció a los 91 años en la ciudad inglesa de Leeds, localidad donde residía.
Nació en 1925 en Poznán, Polonia, en el seno de una familia judía pobre; tuvo que huir hacia el este por la persecución nazi y se trasladó a la Unión Soviética para después volver a Polonia.

Bauman se dedicó a abordar asuntos como el socialismo, el holocausto, la hermeneútica, la modernidad, la posmodernidad y la nueva pobreza, entre otros temas. Creador del concepto de ‘modernidad líquida’, una metáfora con la que trataba de entender el cambio tecnológico y la dimensión digital en la que todo caduca hasta las relaciones.

A sus 91 años seguía analizando la sociedad actual con una lucidez extrema. Era uno de los más feroces críticos de la modernidad y la sociedad de consumo. En 2010 ganó el premio Príncipe de Asturias de Comunicación entre los intelectuales «clave para entender el siglo XX».

Entre sus obras se destacan «La modernidad líquida» (2004); «Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos» (2005); «Europa, una aventura inacabada» (2006); «Ética posmoderna» (2006); «Tiempos líquidos» (2007); «Vida de consumo» (2007), y «Libertad» (2008).

En su último libro, «Vivir con el tiempo prestado», de 2009, analiza los retos a los que se enfrenta un mundo globalizado en el que todo, la naturaleza y el propio ser humano, parece haberse convertido en mercancía y los seres humanos son meros consumidores.

Pensamiento

En una entrevista con El País de Madrid hace un año hizo apreciaciones sobre el desencanto que estamos viviendo ante las políticas neoliberales y la inundación tecnológica.

Para él la promesa neoliberal de que la riqueza de unos cuantos acabaría derramándose hacia otros estratos de la sociedad se ha revelado como una gran mentira, y la desigualdad sigue creciendo sobre esta promesa. Así se crea lo que llama «un precariado», una sociedad precaria que sufre a expensas de una minoría privilegiada. En su concepto el precatiado es «la categoría de los que viven en una precariedad continuada: no saber si su empresa se va a fusionar o la va a comprar otra y se van a ir al paro, no saber si lo que ha costado tanto esfuerzo les pertenece… El conflicto, el antagonismo, ya no es entre clases, sino el de cada persona con la sociedad. No es solo una falta de seguridad, también es una falta de libertad».

También se refirió en esa entrevista a la desigualdad y la crisis de la democracia «Lo que está pasando ahora, lo que podemos llamar la crisis de la democracia, es el colapso de la confianza. La creencia de que los líderes no sólo son corruptos o estúpidos, sino que son incapaces. Para actuar se necesita poder: ser capaz de hacer cosas; y se necesita política: la habilidad de decidir qué cosas tienen que hacerse. La cuestión es que ese matrimonio entre poder y política en manos del Estado-nación se ha terminado. El poder se ha globalizado pero las políticas son tan locales como antes. La política tiene las manos cortadas. La gente ya no cree en el sistema democrático porque no cumple sus promesas. Es lo que está poniendo de manifiesto, por ejemplo, la crisis de la migración. El fenómeno es global, pero actuamos en términos parroquianos. Las instituciones democráticas no fueron diseñadas para manejar situaciones de interdependencia. La crisis contemporánea de la democracia es una crisis de las instituciones democráticas».

Redes sociales

En cierta forma Bauman le atribuida al Internet y a las redes sociales el adormecimiento generalizado que vive la sociedad en la cual la visión que ha sido promovida es la de un individualismo rampante que produce un pérdida del sentido de comunidad. Él lo llamo un «activismo de sofá» desvinculado de las acciones que realmente pueden hacer una diferencia.

«La cuestión de la identidad ha sido transformada de algo que viene dado a una tarea: tú tienes que crear tu propia comunidad. Pero no se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad pero la red te pertenece a ti. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionadas. La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales. Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu centro de trabajo, y te encuentras con gente con la que tienes que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo. El papa Francisco, que es un gran hombre, al ser elegido dio su primera entrevista a Eugenio Scalfari, un periodista italiano que es un autoproclamado ateísta. Fue una señal: el diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa».

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