MP Talks: A sus 92 años, este uruguayo recorrerá el Camino de Santiago (por segunda vez)
En el popular podcast de Medicina Personalizada se toca un tema que viene instalándose en las conversaciones de todos y todas: ¿Cómo será la nueva longevidad en un mundo cambiante? Un espacio para repensar el envejecimiento activo, la autonomía, los proyectos y el deseo de seguir en camino.
A horas de subirse a un avión, Wilmer Gueçaimburú, de 92 años, hizo las valijas en MP Talks, el popular podcast de MP – Medicina Personalizada. No viaja solo: lo acompaña una hija y una decisión que ya tomó dos veces: recorrer el Camino de Santiago. La primera vez lo hizo hace cuatro años, cuando murió su esposa. “Cuando falleció mi señora, me sentí un poco en la obligación de hacerlo en honor a ella”, recuerda. Ahora, tras la muerte de un hijo, quiso repetir la experiencia. “Me parece que es bueno pedir por la gente que se fue y es bueno pedir por la gente que queda”, dice.
En la entrevista, junto al doctor Aldo Fierro, médico internista y geriatra de MP, la conversación se ordenó alrededor de una idea: la nueva longevidad no es solo sumar años, sino decidir cómo vivirlos. “Hoy vivimos más años que antes y la pregunta ya cambió: no es cuánto tiempo vivimos, sino cómo queremos vivirlo”, planteó el programa. Fierro lo formuló con una frase clásica: no se trata solo de dar más años a la vida, sino “más vida a los años”.
Un caminante que se prepara
Wilmer no improvisa. Cuenta que para el Camino hay que prepararse caminando y haciendo musculación, sobre todo para “tener los cuádriceps que te banquen”. Usó bastones, que considera importantes porque ayudan a participar a todo el cuerpo y a balancear el esfuerzo. Su hija, más joven, casi no los usó; él los necesitaba. La primera vez fue con desconfianza: “ni siquiera me sentaba. Pensaba que si me sentaba no me iba a poder parar”. Esta vez, en cambio, sabe que puede sentarse y disfrutar. “Ahora ya sé que puedo hacerlo, puedo sentarme, puedo disfrutarlo. Entonces esta vuelta además quiero disfrutar”, dice.
Para él, el Camino tiene una mística particular. “El camino es algo muy especial. Uno llega ahí y cambia todo”, afirma. Aclara que no todos los que lo hacen son religiosos, pero destaca un clima de colaboración, amistad y humildad. “No se ve a nadie con cara mala, se ve a todo el mundo ayudando, diciendo buen camino”, describe. Él es católico y creyente en los milagros; por eso espera poder completarlo otra vez.
La mirada médica: función, autonomía y prevención
El doctor Aldo Fierro explicó que el caso de Wilmer es una demostración de envejecimiento saludable y activo. Recordó que la población envejece y que existe incluso un “envejecimiento del envejecimiento”: cada vez se vive más años y hay más personas de edades muy avanzadas. Pero el objetivo no es solo la cantidad. Citó a la Organización Mundial de la Salud, que en 1959 señaló que la salud de los adultos mayores se evalúa mejor “en términos de función”. Es decir, importa cuánto puede hacer una persona de manera independiente.
Según Fierro, mantener actividades avanzadas de la vida diaria, sociales y recreativas requiere algo más que medicina general: un estado cognitivo preservado, un estado afectivo cuidado, control de enfermedades y la menor carga posible de dolencias. Todo eso confluye en la función. También advirtió que los adultos mayores son un grupo muy heterogéneo: una persona de 74 años puede estar peor que otra de 92. Por eso, la evaluación debe ser individual. Sostuvo, además, que “se envejece como se vive” y que el envejecimiento saludable se construye a lo largo de la vida, aunque nunca es tarde para tomar medidas beneficiosas.
Entre los pilares para envejecer bien, el geriatra mencionó el manejo del estrés, que tiene impacto biológico comprobado y puede favorecer enfermedades infecciosas y neoplásicas, además de empeorar la inmunidad. También habló de evitar la toxicidad vascular: controlar hipertensión, diabetes, colesterol y cuidar la alimentación. Y subrayó el ejercicio durante toda la vida. Incluso en personas con problemas severos de marcha, dijo, se pueden hacer ejercicios de tonificación con pesas, levantar y flexionar las piernas. El músculo, recordó, tiene memoria.
Fierro puso el foco en detectar al “adulto mayor frágil”: alguien activo e independiente que, por una caída, una fractura de cadera u otra condición, puede perder capacidades. Ahí está, dijo, el valor diferencial de la geriatría: prevenir la dependencia. Y criticó la sobreprotección familiar cuando sustituye a la persona en actividades que puede hacer y que no son riesgosas. “Sustituir a una persona en actividades que puede realizar y que no son de riesgo, no está bien”, afirmó.

Optimismo, controles y rutina
Wilmer cuenta que siempre pensó que moriría joven. Su padre murió a los 50, una hermana de su padre a los 51, su abuelo paterno a los 50 y un hermano de este a los 44. “Yo no tenía ninguna chance de vivir más”, dice. Incluso preparó a su familia para una vida corta. Pero la vida tomó otro rumbo. Tuvo un buen matrimonio, seis hijos, doce nietos y diez bisnietos, dos de ellos en camino. Y cultivó algo que considera clave: el optimismo. “El optimismo es fundamental para manejar el estrés”, sostiene.
Su manera de resolver problemas es práctica. Si algo depende de la ley, no se estresa. Si es un problema ético, busca otro camino. Pero siempre intenta solucionar y actuar. “A Dios hay que ayudarlo”, resume. También destaca la importancia de los controles médicos. En 1991 le encontraron un cáncer de colon in situ; se lo sacaron y nunca más tuvo nada. “Si no me lo hubiera hecho, hoy no estaría hablando”, asegura. En aquel momento también había empezado a engordar y decidió adelgazar por su cuenta, porque quería cuidar sus rodillas y su capacidad de caminar.
Hoy vive solo. Se levanta alrededor de las 7, prepara el desayuno, lee varios diarios —incluido alguno europeo—, ve poca televisión y escribe. Cuando hizo el primer Camino de Santiago escribió un libro para que sus bisnietos supieran cómo era la vida de sus bisabuelos. Ahora está escribiendo otro, vinculado al Camino y a temas como los milagros, la suerte y la mala suerte. Como cristiano, cree que la suerte genera una responsabilidad mayor: si tuvo tanta, debe esforzarse más. Mantiene amigos y a una compañera de clase de primaria, y valora las relaciones dentro y fuera de la familia.
Duelo, familia y autonomía
La conversación también abordó las pérdidas. Fierro explicó que el duelo no se transita igual en todas las personas y que los hombres que pierden a su compañera de vida suelen ser un grupo de riesgo; en las mujeres es más frecuente sobrevivir al compañero y, de algún modo, anticiparlo. A veces, dijo, la familia se acerca con buena intención, pero la sobreprotección o la sustitución pueden ser contraproducentes. Lo importante es mantener el soporte social, las relaciones y las actividades, y evitar que la persona se recluya.
Wilmer encontró sostén en la religión. “El mundo no se termina acá”, dice. Para él, la pérdida tiene también una dimensión que llama egoísta: “yo sufro por la persona que se fue. Pero si yo me pongo a pensar que la persona que se fue probablemente esté mucho mejor que acá, no tengo por qué sufrir”. Igual reconoce que el egoísmo de haberla perdido no lo deja estar contento. Su decisión es seguir viviendo, y hacerlo lo mejor posible por los que quedan. Una vez por mes reúne en su casa a hijos, nietos y bisnietos. Antes hacía asado; ahora prepara una merienda con sándwiches y torta. El objetivo es que la familia se mantenga unida.
También defiende su independencia. “Trato de que nadie me ayude en nada, porque en la medida que me ayudan me quitan habilidades”, afirma. Cuenta que cuando baja las compras el portero le ofrece llevar las bolsas y él responde: “Si me sobran cosas en la mano, me las llevás; si no, no”. Sabe que hay límites, pero intenta no dejar de hacer lo que puede.
Un proyecto que ilusiona
A horas del viaje, Wilmer dice que esta vez quiere hacer el Camino sin el estrés de saber si llega o no. La primera vez estaba pendiente del resultado. Ahora quiere disfrutarlo. Recuerda una anécdota: a 2 kilómetros de un punto, su hija le propuso tomar un coche para completar los 100 kilómetros exigidos para el certificado. Él se negó: “Antes de tomar un coche me corto las piernas”. No quería tener que decir en Montevideo que lo habían ayudado, porque sabía que la gente multiplica la ayuda. Esta vez va con “la cabeza más abierta”, pero aclara que no quiere usar esa apertura: quiere hacerlo.
Fierro distingue entre estar ocupado y tener un proyecto que realmente ilusione. “Toda la diferencia”, dice. Tener expectativas, un estímulo para vivir y hacer bien a los demás es fundamental. El geriatra contó que en el consultorio ve con angustia a personas mayores que quedan solas, sin proyecto de vida, sin relaciones sociales ni actividades. Por eso insiste en un enfoque multidimensional: lo médico, lo social y lo afectivo deben confluir.
Para cerrar, cada uno definió qué es envejecer bien. Wilmer lo resumió así: “Envejecer bien es mantenerse activo”. No pretende volver a hacer lo que fue, pero reivindica “el derecho y la obligación de seguir siendo una buena persona que tiene objetivos por delante”. Su meta es tener una buena familia y dar el menor trabajo posible. También cree que cuanto mejor se vive y mejor se mantiene la independencia, más fácil es tener una mejor muerte. Lejos de verlo como algo negativo, se muestra agradecido y dispuesto a ayudar a otros a vivir mejor.
Fierro cerró con una idea que atraviesa todo el episodio: el envejecimiento saludable y activo busca mantener la independencia funcional, con buena salud física, controles médicos, estimulación de la memoria, ejercicio y soporte social. No se trata solo de vivir más años, sino de darle más años a la vida. Y cuando se habla de que la población envejece como si fuera un problema, respondió: “Eso es un logro”. Que la gente viva más y viva mejor no es una carga, sino un objetivo cumplido. Entre risas, cuando le dijeron “cuando sea grande quiero ser como vos”, Wilmer respondió con humor. Mientras tanto, ya está en camino.
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