El sueño de un castillo inconcluso
A fines del siglo XIX, la zona de Villa Colón era uno de los lugares preferidos para el descanso y la recreación de los montevideanos. Tomar el té y andar en lancha por el arroyo Pantanoso era un paseo característico. En ese entonces, se llegaba hasta la Plaza Colón en tren y luego se iniciaba un recorrido de unas cinco cuadras por la Avenida Reina Isabel –actualmente Lezica– donde se encontraba el salón Tea Garden.
Esta zona conocida fundamentalmente como lugar de veraneo y descanso, fue elegida por Matilde Baños de Idiarte para construir un castillo, en donde la familia presidencial pasaría sus vacaciones. Así adquirió la quinta y mandó pedir varios planos a Francia para elegir un modelo.
La costrucción del palacio estilo Luis XIII, estuvo a cargo del paisajista Carlos Tahys –realizador de Bulevar Artigas, Plaza Independencia y Parque Rodó– y del arquitecto Alfredo Maussue.
El sueño de la entonces primera dama no puede finalmente ser concretado, pues cuando el castillo estaba prácticamente terminado un atentado acabó con la vida de Idiarte Borda que no llegó a vivir en la mansión.
La familia Idiarte disfrutó muy poco tiempo de ella. A los pocos meses del fallecimiento del presidente, se trasladó a Argentina, donde permaneció unos cuantos años.
Hoy se puede viajar en el tiempo y recrear la época. Disfrutar de un té, almuerzo o cena en la misma sala donde descansaba la familia presidencial, así como también utilizar parte del mobiliario que perteneció a ella y que aún se conserva.
Sustituye al antiguo paseo por el arroyo, una recorrida por los jardines con plantas exóticas, especies únicas, como un «cefalotatus» de más de cien años, único en el país. Se pueden admirar dos fuentes y un aljibe con brocal de granito de una sola pieza y un invernáculo.
La propuesta estuvo cargo de Piero y Richard Garaffoni que luego de vivir quince años en Europa, regresaron para difundir cultura e historia asociadas a la gastronomía y acondicionaron el lugar para que funcione como restaurante.
En «La Promenade» se puede tomar un té completo por 120 pesos, almorzar o cenar por 90 o 150 –ejecutivo o familiar– y realizar una fiesta o evento empresarial por 30 dólares por persona. Los productos ofrecidos son caseros y se elaboran en la quinta misma. «Nosotros proponemos volver a lugares cargados de historia, donde descansaban nuestros abuelos», afirmó el dueño del complejo gastronómico. *
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