El ataque de Trump a los kurdos de Siria y dos hipótesis

Foto: Flickr / The White House
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Miles de personas, entre ellas niños, ancianos, enfermos y personas con discapacidad que habitaban el norte de Siria vuelven a huir de sus hogares, esta vez de los bombardeos de Turquía. No hay duda de que el autor “intelectual” de la invasión del 9 de octubre comandada por Erdogan ha sido el presidente de EEUU, quien dos días antes ordenó la salida de unos pocos soldados que tenía en la zona para que las víctimas no fuesen estadounidenses. Ante el estupor de sus opositores en el Congreso y el Pentágono, por haber entregado esta estratégica zona al aliado díscolo de la OTAN, Donald Trump ofreció sus particulares excusas:

1. Los kurdos no ayudaron a EEUU con Normandía, por lo que no hay ninguna deuda histórica con ellos, todo lo contrario: han recibido millones de dólares y equipamientos militares para defender su propio territorio, no el de EEUU.

2. El motivo de la presencia de las tropas de EEUU en Siria era acabar con ISIS, algo conseguido completamente -afirma- y en caso de que el grupo terrorista resurja, deberán ser los países de la región quienes se enfrenten a él.

3. Con esta (pequeñísima) retirada, EEUU ahorra «un montón de dinero» y cierra una de tantas «guerras ridículas» en la que ha participado. Pero, el presidente no explica por qué el mismo día anuncia el envío de otros 3.000 soldados a Arabia Saudí para enfrentarle a Irán.

Aun así, y de repente añade: «Dicho todo esto, nos gustan los kurdos», dejando la puerta abierta para ir a salvarlos si el presidente en su “sin igual sabiduría” lo considere. Los miembros del Concejo de Seguridad, incluidos China y Rusia, no han castigado y ni siquiera han condenado la invasión turca a un estado soberano de la ONU: se han limitado a mostrar su preocupación.

Lo que Trump no confiesa

1. Que la presencia de las tropas de EEUU en suelo sirio es ilegal, ya que no tiene la autorización de Damasco, ni de la ONU, ni siquiera del Congreso de EEUU.

2. Que no se retira de Siria, sino de una zona del norte de este país. Gracias a la guerra, EEUU por primera vez en su historia aquí cuenta con una veintena de bases militares, y del mismo modo que no ha sacado sus topas de Japón o de Alemania pasados 74 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, no las sacará, ni por las malas, de un Estado ubicado en el corazón de Eurasia.

EEUU no ha conseguido todos sus objetivos en Siria, que han sido 1) Romper el Eje de Resistencia contra Israel, compuesto por Siria, Irán, Hizbolá y Hamas; 2) Eliminar al único aliado de Irán, siendo éste el “premio” de sus guerras en la zona, albergando la primera reserva mundial del gas y la tercera del petróleo; 3) Desmantelar a otro Estado árabe después de transformar a Irak y Libia a cenizas, convirtiéndolo en una trampa mortal para los rivales de Israel; 4) Dividir el país en miniestados (como lo reveló el Sirialeaks), con el fin de poder dominarlos fácilmente en el futuro: Trump ya reconoció el dominio de Israel sobre una parte de Siria, los Altos de Golán; 3) Imponer una larga guerra y vivir del suculento negocio de armas; 4) Otanizar completamente el Mediterráneo, sin las molestas que pudiesen causar Libia y Siria; 5) Dominar Eurasia- el «heartland» o «Área Pivote»- desde Siria; 6) Cortar la Ruta siria de la Seda de China; 7) Impedir la construcción del gaseoducto Irán-Irak-Siria-Mediterráneo; 8) Seguir reconfigurando el mapa del «Nuevo Oriente Próximo» a la medida de sus intereses, un siglo después de que hicieron lo mismo Francia y el Reino Unido desintegrando el imperio otomano. Crear un estado kurdo Frankenstein de las entrañas de Siria e Irak es uno de los proyectos de Washington, a pesar de su imposibilidad. Por lo que, la guerra contra Siria continuará.

Debido a que los mortales no tenemos acceso a los sótanos oscuros de la Casa Blanca y del Pentágono para saber lo que han cocinado, dejamos volar nuestra imaginación buscando respuestas a esta misteriosa acción de Trump.

Primera hipótesis

El presidente está ejecutando el Proyecto del Nuevo Oriente Próximo y ha considerado que es hora de balcanizar Siria a lo largo de sus fallas étnico-religiosas. En su comunicado, la Casa Blanca afirma que Turquía se iba a hacer cargo de los prisioneros de ISIS, quienes están en el campamento al-Hol cerca de Irak, lo que significa que no se trata de crear una zona de amortiguamiento en la frontera turco-sirio, sino de que los turcos se apoderasen de gran parte del noreste de Siria. Si Erdogan realmente estuviera preocupado por la «seguridad» de sus fronteras, hubiera levantado un muro en vez de lanzar un ataque tan arriesgado y costoso.

EEUU está provocando una situación semejante a la que tuvo lugar en Irak en 1991, coincidiendo con el fin de la Unión Soviética: incitó a los kurdos (y a los árabes chiíes) de levantarse en armas contra el régimen de Sadam Husein, su propio aliado. Una vez que lo hicieron, los abandonó, dejándoles a merced de la venganza de Sadam. La protesta mundial por aquella traición fue el pretexto de EEUU para establecer dos zonas de exclusión aérea, sacándolas del control de Bagdad. Una vez debilitado el Estado, por los continuos bombardeos y un criminal embargo, en 2003 derrocó a Sadam con 7 mentiras y por 10 objetivos, y creó la Región Autónoma Kurda (con su parlamento, ejercito, himno, bandera, etc.), convirtiéndola en una de sus principales bases en la región.

Es posible que hoy Washington haya trazado los siguientes pasos en Siria: habrá una matanza de kurdos a mano del ejército turco y una terrible crisis humanitaria, ampliamente televisadas (al contrario de las atrocidades cometidas por la coalición dirigida por EEUU-Arabia Saudí en Yemen); ISIS reaparecerá cortando cabezas delante de las cámaras. En 2014, nació como un ejército de mercenarios cuya misión fue «hacer de buldócer», allanando el camino del dominio del EEUU sobre Siria, sin que perdiera un solo soldado: lecciones de Vietnam, Irak y Afganistán. Paso seguido, la llamada «comunidad internacional» estará obligada, por ética a enviar tropas de «paz» compuestas por árabes, turcos y europeos, al norte del país, -el granero de Siria, donde además tiene sus reservas de petróleo y agua-, para así separarla del resto del territorio.

De paso, tiende una gran trampa a la Turquía de Erdogan -ahora que el golpe de estado contra él fracasó-, hundiéndole en lo que será un profundo pantano para su ejército y su economía debilitada. Además, es probable que los kurdos de Turquía vuelvan a la guerra partisana semejante a los años ochenta. De hecho, los países de la OTAN, que sin duda estaban al corriente del plan de invasión, han llamado «operación» al ataque militar ilegal a un país soberano. ¿Cómo reaccionarán si Venezuela invadiera a Colombia, por ejemplo?

Segunda hipótesis

Se trataría de una estrategia de supervivencia de Donald Trump acorralado por los demócratas y el «Estado profundo», quienes han pretendido destituirle, incluso barajando un golpe de estado: lo han intentado a través del Rusiagate, la campaña de MeToo -lanzada desde el Hollywood «demócrata»-, sensibilizando la opinión publica hacia abusos sexuales (y él ya tiene unas cuantas denuncias), y sobre todo empujarle hacia una guerra con Irán. A partir de agosto, la presión ha aumentado sobre el presidente:

12 de agosto: un petrolero japonés y otro noruego sufren ataques en el golfo de Omán, en medio del aumento de las sanciones sobre el petróleo iraní.

20 de agosto: Irán derriba por error un avión no tripulado de EEUU. Podría haber sido un perfecto pretexto para un castigo militar a Irán, pero Trump se negó y afirmó que no había sido intencionado.

10 de septiembre: Trump destituye al halcón más belicistas de su gobierno: John Bolton. Su impacto sobre la política de EEUU es tal que el precio del petróleo cae unos 2 dólares el barril, algo que nunca había sucedido en este país con la salida de un asesor de seguridad.

12 de septiembre: la Casa Blanca filtra que las agencias de inteligencia de EEUU han acusado a Israel de colocar dispositivos de escucha en la Casa Blanca para espiar al presidente.

14 de septiembre: un ataque de procedencia misteriosa destruye la planta petrolífera de Saudí Aramco y Mike Pompeo, sin presentar ninguna prueba, acusa a Irán. Aún así, Trump se niega a entrar en una guerra con Irán, que podría acabar con sus aspiraciones electorales de 2020. Pompeo, ex jefe de la CIA, ocupó la Secretaria de Estado poniendo fin a la diplomacia en EEUU sustituyendo a Rex Tillerson, quien fue cesado por defender el acuerdo nuclear con Irán y había recortado el presupuesto de las operaciones militares en el extranjero en un 31%.

26 de septiembre: empieza el Ucraniagate, y la posibilidad real del triunfo de una moción contra Trump y el vicepresidente Mike Pence, ofreciéndole a la presidenta demócrata del Congreso, Nancy Pelosi, sustituirle.

Es en este contexto cuando Trump realiza la llamada de teléfono a Erdogan, invitándole a atacar al norte de Siria y anuncia la retirada de unos pocos soldados de una base militar, sorprendió hasta a Mike Pompeo que afirmaba que EEUU nunca dio ‘permiso’ a Turquía para lanzar esta “operación militar” contra los kurdos. ¡Pompeo podrá ser el siguiente en caer del gobierno!

Trump sigue jugando su baza del máximo jefe de las fuerzas armadas para deshacer los logros imperialistas del «Estado profundo»: podrá desmantelar cerca de 800 bases militares de EEUU esparcidas por el mundo y repatriar a decenas de miles de soldados, asestando un duro golpe al Pentágono y el complejo industrial-militar. En este caso, su intención sería un intercambio con sus enemigos: ellos retirarán la moción de censura y él no echará a la basura el resultado de años de guerras de expansión de EEUU en Oriente Próximo.

Por el momento, el ganador es Trump: ha conseguido, con este caos controlado, desviar la atención del mundo de Ucraniagate a la brutalidad de los turcos y la tragedia de los kurdos.

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