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De la vocación familiar a la especialidad en oncofertilidad: el camino de la Dra. Dana Kimelman

La ginecóloga especialista en oncofertilidad, parte del cuerpo médico de MP - Medicina Personalizada, comparte su trayectoria, su enfoque humano y las lecciones que aprendió de sus pacientes.

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La medicina corre por las venas de la Dra. Dana Kimelman, una de las especialistas de MP – Medicina Personalizada. Su camino profesional estuvo marcado desde temprano por una influencia familiar innegable. “Mi mamá es médica, mi abuela fue médica, y además tengo una clara vocación de servicio y mucho interés por el contacto con las personas”, comparte la especialista.

Sin embargo, la elección de la ginecología no fue inmediata. Fue durante el último año de la carrera, en su rotación por el Internado, cuando descubrió su pasión. “Los primeros nacimientos que vi me parecieron increíbles y me pareció algo maravilloso poder participar en el momento del nacimiento de alguien”, recuerda.

Pero la vida profesional le tenía reservado un giro inesperado. “Increíblemente después de que terminé mi especialidad, nunca más asistí un nacimiento porque ya el último año de la residencia me fui acercando a la oncología ginecológica”, explica. Este cambio de rumbo se debió en gran parte a docentes que en ese momento se estaban formando intensamente en esta área.

El interés por la oncofertilidad surgió de manera orgánica al trabajar con pacientes jóvenes que enfrentaban patologías graves. “Al ver pacientes jóvenes con patologías graves, preocupándose mucho por su fertilidad futura, me empezó a interesar mucho esa área”, relata.

El momento clave que definiría su carrera llegó cuando se mudó a Estados Unidos junto a su marido. “Fuimos a trabajar y conocí la oncofertilidad como disciplina. Ahí me di cuenta de que yo me iba a dedicar a eso probablemente el resto de mi vida”, confiesa.

Una personalidad que define su práctica médica

La Dra. Kimelman traslada su esencia a cada consulta. “Soy bastante parecida en la vida y en la consulta. Me gusta mucho escuchar a las personas, conocerlas”, describe.

Sus consultas son extensas, con un enfoque donde la escucha activa y el diálogo son protagonistas. “Mis consultas son extensas, donde escucho y pregunto mucho, y me gusta también que los pacientes pregunten”, detalla.

Un aspecto distintivo de su abordaje es el interés genuino por conocer la vida de sus pacientes antes de la enfermedad. “En la consulta me interesa especialmente conocer sobre la vida de las personas antes de la enfermedad, saber cómo la están atravesando y ver cómo puedo ayudarlos a concretar sus proyectos”, explica.

“Creo que mi personalidad es lo que más me define en la consulta médica, trato de que sea un espacio cercano”, añade.

Lecciones de vida que transforman la mirada profesional

El trabajo con pacientes jóvenes con enfermedades oncológicas ha dejado una huella profunda en su perspectiva de vida. “De mis pacientes aprendo mucho todos los días. Todos los pacientes me dejan algo”, afirma.

La conciencia sobre la fragilidad de la vida se ha convertido en una enseñanza recurrente. “Al trabajar con personas jóvenes con enfermedades oncológicas, entiendo que la vida puede cambiar en un segundo”, reflexiona.

Esta comprensión la lleva a intentar vivir con mayor presencia. “Trato de vivirla con mucha presencia. Es un ejercicio, no es fácil, pero intento vivir el tiempo de una manera que pueda ser valorada de verdad, saber que la vida es muy corta y que hay que disfrutar la vida todo lo que se puede”, comparte.

Los pilares de su vida fuera del consultorio

Si bien su trabajo demanda gran parte de su tiempo, la familia ocupa un lugar central en su vida personal. “El trabajo ocupa mucho de mi día, pero fuera de eso, lo que más disfruto y lo que más vivo es mi familia: mi marido y mis hijos”, revela.

Los lazos familiares son una prioridad que protegen con dedicación. “Tratamos de proteger mucho el tiempo juntos e intentamos también tener tiempo para nuestras familias de origen. Tenemos a nuestros padres, tenemos hermanas y sobrinos que tratamos también de compartir el tiempo con ellos”, detalla.

Los amigos también cumplen un rol fundamental. “Aunque me gustaría dárles mucho más tiempo del que les doy, sin duda nos dan años de vida cuando compartimos con ellos”, expresa.

El trabajo invisible que define su día a día

Detrás de cada consulta hay un trabajo silencioso pero fundamental. “Muchas veces me enfrento a condiciones que son súper raras, situaciones complejas, y creo que algo que no se ve son las horas de estudio antes y después de las consultas”, explica.

Aunque suele compartirlo con sus pacientes, reconoce que este esfuerzo permanece oculto. “Es algo que siempre les comento a mis pacientes, pero creo que eso no se ve”, añade.

La colaboración interdisciplinaria constituye otro aspecto central. “La comunicación con los colegas, yo dependo mucho de mis compañeros de trabajo, del resto del equipo de salud y es muy raro que después de ver un paciente no tenga que comunicarme con alguien más para tomar decisiones en conjunto”, detalla.

Este intercambio, aunque no visible para el paciente, demanda tiempo y dedicación. “Y aunque no se visualice, eso lleva un montón de tiempo, de pienso, de intercambiar opiniones, que está buenísimo pero quizás es algo que no se ve”, concluye.

 

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