Los cambios
El Frente Amplio al hacerse del gobierno en los últimos comicios prometió cambios sustanciales que removerían hasta las «raíces de los árboles». Sin perjuicio de ser discutible y mucho sobre si los mismos eran necesarios, en la mayoría de los hechos la «montaña parió ratones». O sea, en grandes líneas, se sigue en materia internacional como grandes amigos del Imperio. Fraternos camaradas de Bush y Dick Chaney en su momento y esperanzados admiradores del morocho Obama hoy. Un neoliberalismo disfrazado muy parecido a los antiguos gobiernos batllistas muy propio de don Danilo. Y en los demás aspectos, imitaciones muy malas producto de las inmadureces e ingenuidades propias de la inexperiencia. Caso de la seguridad pública, donde hacen agua a diario y en lo cual ni los propios ministros están a salvo. La inflación con los precios desbordados que hacen cada vez más complicada la sustentación de una familia promedio, etc. Pero todo con ser mucho, no llega por cerca a lo peor. En el bien entendido que durante 180 años de construcción, desde la época de la Patria Vieja a la fecha de los mencionados comicios, todo lo hecho según el Frente, ha sido malo, perverso, explotador, y retardatario. Se comenzó y en eso sí lo admito, a pensar en demostrar cambios absolutos, o a intentar fomentando un sistema ético propiamente dicho de vida nacional distinto. Por lo pronto, el concepto de defensa de la vida, con alguna excepción honorosa, tiene otro perfil con la despenalización y aceptación correlativa del aborto. Algo impensado en otros tiempos, en que se respetaba la existencia humana del concebido, que lo es con su alma y derecho natural propio a una vida plena legítima, similar a la de sus padres o a otro ser u hombre cualquiera. Hoy con los «cambios» sería legal tirarlo en los basurales en una caja de zapatos a ser devorado por las ratas. Es el fin que se le quiere dar al niño por nacer, que obviamente molesta. Y la nueva moral «izquierdosa» encuentra como solución para sus honorables y humanistas padres. Lo mismo con la eutanasia. Por más terminal que un enfermo esté, por más desahuciado que los médicos lo consideren y él, consciente pida por su eliminación evitando sufrimientos y demás traumas propias de la desesperación del momento trágico, incluyendo anuencia de sus familiares que deseen evitar más dolores acelerando la muerte, ¿quién asegura que ese día o al siguiente aparezca algún científico con el remedio o antídoto salvador? Pero ya estaría muerto… Ya pasó. No es un argumento sofisticado o rebuscado. Con la fiebre amarilla o la rabia epidemia en su época (París, etc.) por ejemplo, se dieron cientos de casos! Con el descubrimiento de la penicilina también! Por supuesto esas concepciones «progresistas» tienen como filosofía final, negarle a Dios, ¡como si pudieran infelices humanos!, el derecho a ser el único que decide sobre la vida o la muerte. O sea, hay un sentimiento antirreligioso, (las religiones son el opio de los pueblos…) de parte de esas izquierdosas sociedades socializadas que se nos están queriendo imponer, con soberbia de verdad absoluta. Pero no quedan ahí, los «cambios» nuevos nacionales. Se está atacando subliminalmente los viejos conceptos y sagradas ideas sobre la integridad misma de la familia como base fundamental de cualquier sociedad sana. Los añejos principios de respeto a padres y abuelos en la obediencia venerable necesaria de los hijos bien nacidos, cada vez se desdibuja más con apoyaturas intelectualizadas de una enseñanza oficial materialista incidente. Enseñanzas que restan importancia a conceptos de Patria y de sus representaciones como himnos, banderas, escudos, etc.
Hoy se está negando homenajes a gloriosas fiestas y efemérides nacionales en sus fecha por orden nada menos que del Ejecutivo Nacional. ¡Que es justamente, el que más y mayor responsabilidad tiene en honrarlos! Obsérvese en otros órdenes parecidos, la anuencia por parte gubernamental o sus bancadas, por iniciativas, regularización y aprobación futura mediante que se está aprontando, de las uniones irregulares y deformatorias de reglas naturales insertas en las relaciones de la pareja humana heterosexual. El principio Bíblico y natural de «casaos y reproducíos». Se aspira a regularizar jurídicamente matrimonios homosexuales. Se permite y publicita, a vista y curiosidad de los niños, en los ómnibus de transporte capitalino, escenas repugnantes en sendas fotos, de machos por un lado y dos hembras presuntas por el otro, besándose apasionadamente. Y en el medio, una tercera, esa sí heterosexual normal, haciendo lo mismo. En buen romance, igualando o tratando de mimetizar situaciones como si fuesen lo mismo naturalmente. Un cambio absoluto en los cimientos mismos de la estructura social y familiar de la Nación, sodomizando paulatinamente sus costumbres y su futuro. Pero además, como «frutilla del postre», se nos dice y comenta, que la tal propaganda «prostibularia» estaría inserta y financiada por alguna embajada de país europeo que se ha transformado en centro de la pornografía mundial. Ignoro su veracidad. Pero de serlo, sería una clara y gravísima injerencia en las costumbres sociales de nuestro Uruguay. Más razones para que el gobierno no se haga partícipe de esos «honorables» cambios. Y como punto final, dentro de ese marco de legalizaciones matrimoniales homosexuales, téngase en cuenta el «brutal» paso siguiente, de la adopción de parte de esas parejas, de criaturas huérfanas recién nacidas. Se nos ocurre que no es una buena formación para una criatura que nace a la vida, ver en tálamo nupcial dos hombres o dos mujeres como sus padres naturales. Legalizadas obviamente por el estado socialista que según parece, «sacude las raíces de los árboles». No fue por cierto, lo que nuestros héroes y mayores que construyeron la Patria Vieja tan despreciada por la izquierda, quisieron para el futuro de la misma.
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