Fábula del tonto libertario

Una densa carga de mitomanía/cinismo/psicopatía/
En el contexto de la conversación social en Argentina, las críticas al modelo inexistente fallido del engendro Javier Milei y el impacto socioeconómico de sus reformas de libre mercado suelen asimilarse a la crudeza de ciertas metáforas de mis canciones de libertad, amor y paz.
La gestión de Milei es un modelo en el que el mercado actúa sin regulaciones, favoreciendo la acumulación de los sectores más concentrados mientras se recortan fondos públicos, con las consecuencias atroces que hacen mella en los más carenciados: Juego de amo y sirviente… / No nos engañemos, así es como funciona este demen presidente / De arriba a abajo, de eso se trata / Con los niveles intermedios siendo eliminados / Es una vida de dominación de perro come perro…
La premisa libertaria fuerza a la clase trabajadora a aceptar condiciones extremas frente al «capital», instaurando una lógica descarnada de dominados y dominadores… Pérdida de derechos civiles y el retroceso de la empatía entre iguales: En retroceso / Armados con nueva tecnología / No nos queda humanidad sensible/ Nos hundimos por dentro… / No sentimos nada por fuera / Podemos ver los golpes / Podemos ver los llantos / Cuando los de otros lugares mueren / Simplemente los vemos pasar / No sentimos nada por dentro…
«Crueldad» aplicada por este traumado, en las medidas de ajuste fiscal que afectan a sectores vulnerables (jubilados, comedores comunitarios, centros de salud o universidades). Desde esta perspectiva, la falta de respuesta estatal ante la urgencia social se percibe como una desconexión y deshumanización, si en algún tiempo hubo humanización…
Y, en un escenario de luces encendidas y sombras persistentes, instaladas por desregulada IA, la realidad contemporánea de la Argentina suele ser descrita por diversos analistas como un espacio de profundas contradicciones políticas y sociales, donde conviven las urgencias del presente con los ecos de crisis pasadas, las visiones encontradas sobre la coyuntura actual del país y la figura de su presidente, el patriota de afiche de boliche al paso, en urgencia electoral, Javier Milei el neo-malvinense, reflejando las tensiones de una sociedad dividida entre la expectativa del cambio y el peso de su historia, levanta la bandera del desquicio, de la especulación, lanzando insultos, difamaciones a los fantasmas que perturban sus largas noches pesadillescas, desde siempre:
I
En las cloacas de Buenos Aires, crujen las cadenas del mercado,
un grito de plagiario y de perros fantasmas clonados en la noche del Abasto.
Ahí va el presidente fallido, el tonto de la corte del capital,
agitando una motosierra de plástico contra los fantasmas del siglo veinte.
Bailas, engendro ridículo, en el desierto de tu propia teoría clandestina,
mientras la vida se evapora, como el humo de parrilas huérfanas de carne
y los jubilados cuentan monedas de papel higiénico bajo los puentes de Constitución.
Gritas «¡Libertad, carajo!», a las paredes vacías de Olivos,
pero solo eres un títere de traje prestado, un médium que habla con Conan en el más allá,
un poema mal escrito , en los márgenes de un libro de Rothbard que nadie leyó.
Nueva York te ignora, el algoritmo te engulle, el país tiembla de frío.
Tu profecía es un chiste de stand-up que ya no hace gracia,
un delirio místico de traje oscuro y ojos desorbitados en el vacío de la tarde.
Termina el show, Javier, la música se apaga y el mercado te deja solo,
desnudo en el centro de la pista, monarca de cartón pintado en la noche de Buenos Aires.
II
Hablas de soberanía con el libre mercado,
mientras admiras de lejos a la Dama de Hierro,
un patriotismo extraño, de diseño y ensayado,
que reduce el reclamo a un frío destierro.
Envuelto en banderas que la urgencia reclama,
reunido con generales de tierras extranjeras,
prometes un futuro que el norte proclama,
mientras diluyes la memoria de nuestras fronteras.
Engendro de artificio, de orgullo prestado,
que confundes coraje con la entrega sutil,
la historia recuerda el suelo ensangrentado,
no la puesta en escena de la gesta de abril.
Grita el estrado un libre ruego,
con motosierras de papel y viento,
mientras el mapa se debate al fuego
de un nuevo y drástico experimento.
Camina un líder de postura extraña,
tejiendo dogmas de mercado y furia,
promete luz tras la brutal hazaña
con motosierras oxidadas.
En el tablero de las cumbres y el mercado,
Se firma el pacto de la entrega silenciosa,
donde el reclamo secular queda archivado
bajo la sombra de una línea diplomática.
Miradas fijas en el norte y las finanzas,
mientras las islas en el frío viento esperan,
se cambia el fuego de la histórica templanza
por los acuerdos que el orgullo desmantela.
Hablan las voces de los héroes en la arena,
reproche mudo ante el convenio rubricado,
que ven la causa convertida en una pena
y el mapa patrio por el lucro recortado.
No hay soberanía que resista el desapego
ni dignidad que se subasta en la vitrina,
cuando se apaga con el cálculo y el ruego
el viejo grito del sur de Argentina.
III
Envuelto en una bandera que repudias,
vociferas ¡patria! con la voz prestada,
mientras la entregas al norte dócilmente,
la soberanía quedó agrietada.
Gritas ¡libertad! frente a micrófono ajeno,
pero de rodillas ante el gran patrón,
un falso orgullo que destilas veneno
y confundes el delirio con la nación.
Vendes la tierra que dices defender,
cambias la historia por un titular,
simulas un fuego que no sabes encender
mientras el pueblo no puede llegar.
Sos un patriota de la desregulación,
que aplaudes al ricachón mafioso en su pedestal,
y el suelo nativo padece su mal.
La mirada perdida, los números no cierran pero el delirio avanza,
un viaje místico a Mar-a-Lago en la autopista de la nada,
aullando consignas que el viento de la realidad arrastra.
Soles artificiales de neón y algoritmos,
el prócer rabelesiano, se disuelve en un tuit de medianoche,
repite el mantra del norte,
la libertad es una estatua de yeso en el living de un mafioso sicario.
Nunca caminas sobre el mapa que regalas,
la mirada fija en el imperio,
falso rebelde de traje de feria americana y motosierra de utilería,
un verso suelto e incoherente
en el blues triste de una esquina que ya no le cree.
Ruges engendro de la motosierra y el can clonado,
proyectando tus traumas de niño castigado
arrodillado ante el altar del libre mercado estallado,
vómito de verborragia histérica en el microcentro dorado.
Aullido de perros muertos en la frecuencia del más allá,
¡Oh Conan, oh Murray, oh espectros de la inflación mental!
Profeta del dolor autopercibido ruges tú trauma bíblico,
ego de cristal licuado por las luces del set televisivo,
arrodillado ante los números sagrados que nunca cierran.
¡Argentinos!, mirenlo mendigar el aplauso en templos financieros,
mientras los ángeles caídos del conurbano tiemblan de frío,
su cabeza es un nido de cuervos libertarios en la noche,
un aullido desértico, una plegaria rota a las fuerzas del cielo,
arrodillado en su propia pampa de delirio psicotrópico.
El engendro brama, las calles gimen, el capital huye,
y él sigue ahí, de rodillas, devorando su propia sombra.
«¡Feliz vida!… y no olviden nunca, que el mundo es el mejor lugar para esconderse.
Se puede controlar el tiempo, instalarse en él… y no hacer nada, no precisas dioses, ni gurúes… No esperar nada, excepto uno mismo…». (“Blues Circunstancial”, 2017, Prosa Editores)
(*) Filósofo (Cambridge, Inglaterra), poeta, performer, ecologista, artista y periodista argentino. Pionero en el arte performativo. Precursor del minimalismo en América Latina y del Land Art, según Jean Baudrillard. Autor del Manifiesto de los indignados contra el neoliberalismo, año 2011. Miembro asesor de The World Literary Academy (Cambridge, Inglaterra), «Biography of the Year Award» de Historical Preservation of America (1986), «Man of the Year», IBC Cambridge 2004, Honoris Universidad de Bologna, Glasgow y Essex. Nominado en dos ocasiones a la Beca Guggenheim. Nominado al Premio Nobel de Literatura. Miembro activo de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Miembro de honor de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA).
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