Lula o Bolsonaro: Brasil decide si se pertenece a sí mismo o se entrega a la hegemonía global
Este domingo, más de 158 millones de brasileños están habilitados para votar. La pregunta de fondo es qué lugar quiere ocupar Brasil en el mundo: el de un país que decide por sí mismo o el de uno que espera instrucciones desde la capital del norte.

Este domingo, más de 158 millones de brasileños están habilitados para votar en unas elecciones que van mucho más allá de un cambio de gobierno. Está en juego el lugar que Brasil quiere ocupar en un mundo en disputa: el de un país que decide por sí mismo o el de uno que espera instrucciones desde otra capital.
Lula da Silva busca un cuarto mandato. Enfrente tiene a Flávio Bolsonaro, senador por el Partido Liberal e hijo de Jair Bolsonaro, el expresidente que hoy está preso por el intento de golpe de Estado posterior a su derrota de 2022.
La elección llega mucho más cerrada de lo que sugerían las encuestas de agosto. Una encuesta ubica a Lula con 45% de los votos válidos frente al 42% de Flávio Bolsonaro, con un margen de error de dos puntos. Otra encuesta difundida este sábado muestra una distancia todavía menor: 46% para Lula y 45% para el senador, un empate técnico. Si se miden los votos totales y no solo los válidos, una encuesta da 42% para el presidente y 40% para su rival.
La tendencia del último tramo favorece al candidato del PL. Un relevamiento difundido en la víspera registró que Flávio redujo a la mitad una brecha que hace unas semanas era de diez puntos. En tercer plano aparecen Augusto Cury con 4%, y Ronaldo Caiado y Renan Santos con 3% cada uno, un caudal chico pero que puede pesar si hay balotaje.
Y casi todo indica que lo habrá. Ninguno de los dos tiene margen para superar el 50% de los votos válidos, así que la segunda vuelta del 25 de octubre es el escenario más probable. Ahí las encuestas se vuelven una moneda al aire. Una encuesta proyecta 47% para Lula y 46% para Flávio, mientras que otra encuesta pone al senador adelante por 44% a 42%.
Otro sondeo lo ubica con 48% contra 45% para Lula. Las cifras varían según la consultora y según se midan votos válidos o totales, pero todas caen dentro o muy cerca del margen de error. Nadie puede dar por decidido el resultado.
Lula y la soberanía como método y discurso
El presidente se presenta con una idea de soberanía que atraviesa su política exterior. Brasil dialoga con Washington, Pekín, Bruselas y Moscú sin pedir permiso a ninguno. Impulsa los BRICS, reclama una reforma de la gobernanza global y sostiene que el Sur no puede ser el patio trasero de nadie.
Su gesto más costoso fue llamar por su nombre al genocidio en Gaza, con el precio de una ruptura diplomática con Israel. Se puede discrepar de la forma, pero es la conducta de un jefe de Estado que mide sus decisiones por el interés y los principios de su pueblo, no por la conveniencia de un aliado.
Esa postura tuvo una prueba concreta. Cuando la administración Trump castigó a Brasil con aranceles y sanciones por el proceso judicial contra Jair Bolsonaro, Lula no se arrodilló: respondió que a la justicia brasileña la juzga Brasil. Para sus defensores, fue una defensa de la independencia institucional frente a una injerencia sin precedentes recientes en la región.
El bolsonarismo y el alineamiento entreguista automático
Jair Bolsonaro no está en la boleta, porque está inhabilitado por la condena, pero su proyecto sigue siendo el eje de la campaña. Flávio intenta convertir la elección en un plebiscito sobre el legado de su padre y sobre el gobierno de Lula. Sus críticos describen una política exterior de subordinación explícita a Estados Unidos y de identificación automática con Israel, que reduce el interés nacional a la afinidad personal con quien gobierne en Washington.
Que miembros de la familia Bolsonaro hicieran gestiones en Estados Unidos mientras se discutían sanciones contra su propio país resume, para esa lectura, la distancia entre ambos modelos: uno defiende a Brasil de las presiones externas y el otro las busca como herramienta de política interna. Que Javier Milei haya participado en San Pablo del lanzamiento de la candidatura de Flávio refuerza la imagen de una ultraderecha regional que se coordina hacia afuera antes que hacia adentro.
Pero una narrativa seria no puede omitir los argumentos de quienes apoyan a Flávio. Sostienen que Lula tiene afinidades ideológicas con gobiernos autoritarios y que su política exterior aísla a Brasil de socios económicos clave. Para ellos, el alineamiento con Estados Unidos e Israel responde a valores e intereses compartidos, no a sumisión.
Hay además un dato que el oficialismo no puede ignorar: la evaluación negativa de Lula ronda el 40%, y buena parte del electorado, sobre todo en el sur y el centro-oeste, quiere un cambio de rumbo en economía, seguridad y costo de vida. La polarización es real y atraviesa regiones, géneros y clases: el nordeste es el gran bastión lulista, mientras el sur y buena parte del interior agrícola respaldan al bolsonarismo.
En este escenario, Brasil, como la mayor economía de América Latina, tiene además el mayor pulmón verde del planeta y un actor que ningún orden multipolar puede ignorar. Con ese peso, la pregunta que se plantea al electorado es simple: si esa fuerza se usa para negociar de igual a igual o se pone al servicio de agendas ajenas. Para quienes ven en la soberanía la condición de cualquier desarrollo posible, la elección está clara. Y toda la región mira, porque lo que se decida en Brasil, hoy o el 25 de octubre, va a tener consecuencias mucho más allá de sus fronteras.
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