Sexo sin vueltas

Siempre hay que contestar la correspondencia

El otro día recibí una carta (llamémoslo mail, correo, mensaje privado o como se quiera decir hoy en día), en ella un individuo daba un largo y “convincente” alegato de lo que a su modo de ver era una transgresión de los derechos humanos, de la falsa moral y lo incorrecto en estos días de libertinaje que vivimos.

Primero de nada, diré que el dichoso correo era anónimo, este tipo de personas que explotan vísceras en un folio en blanco dejando clara su postura, mientras que mantienen su nombre y rostro metidos en el culo de otro. Me hubiese gustado poner un nombre propio al Sr. /Sra., pero no es posible. Por lo tanto, le vamos a llamar Hipocrito, que es un nombre muy bonito y me gusta mucho.

Nuestro querido Hipocrito empezaba diciendo lo afligido que se encontraba, destrozado psicológicamente gracias a ciertos textos y relatos que había leído de mi autoría.

Pobre, me dio una penita tan grande hacer sentir a una persona de esa manera…

Luego continuaba relatando, con su culto y elocuente vocabulario, lo mala persona que yo era, lo ofendido que estaba por leer cosas que ponían en evidencia mi falta de profesionalidad, alegando que mis textos de contenido sexual eran un alarde de impúdicas blasfemias. Palabras como: “Calienta pollas” “Guarra” “Puta” y un largo etcétera que hacía la lectura interesante y divertida.

Se había leído una gran parte de los textos que cuelgo en Internet, en mis webs personales y mis redes sociales. Hipocrito, estaba muy bien informado y sabía de lo que hablaba.

La palabra “Reputación” hizo acto de presencia repetidas veces en diversos párrafos (yo diría que los sinónimos a este hombre/mujer no le gustan mucho, por lo que opta por poner siempre los mismos adjetivos, no vaya a ser que no me entere de lo que me cuenta) y seguía y seguía con su exposición de lo que estaba bien o mal escribir en los tiempos que corren.

Me recriminaba severamente por contar intimidades personales en mis escritos (véase este enlace por si no quedó claro en mi anterior artículo de dónde saco la información de lo que escribo: http://www.lr21.com.uy/comunidad/1051525-los-lectores-despistados-existen)

La carta era extensa, tanto que tuve que hacer un descanso para darme un baño en la piscina y tomar un refrigerio, por eso de que estamos en veranito y las autoridades sanitarias advierten que hay que prehidratarse a menudo.

Luego, cuando continué con la lectura, ya más refrescada y con fuerzas para seguir soportando las obviedades que me contaba nuestro Hipocrito, descubrí que en realidad era una persona que tenía carencias importantes en eso de tener la mente abierta (Sí, hasta ese momento había aplicado objetividad a la lectura y le había concedido el beneficio de la duda) pero quedó claro su obcecamiento cuando, muy elocuentemente me puso:

Transcripción: “Has deshonrado el nombre de la poesía, haces que los hombres que te leen sientan la necesidad de querer follar contigo y los buscas porque eres una puta que no está satisfecha con sus relaciones sexuales o quiere encontrar a hombres solitarios en busca de sexo. Es lo mismo hacer películas porno que escribir lo que tú escribes. ¿No te da vergüenza?”

Ahí ya fue cuando me sentí por primera vez satisfecha con la lectura, por fin había tocado el punto exacto del monólogo interno de nuestro querido Hipocrito. Estaba solo y necesitado, y llamaba mi atención para que le hiciera compañía, pobre hombre/mujer desatendido, ains…

Por supuesto le di las gracias por abrirme los ojos, a partir de ahora escribiré sobre ovejitas (todas con la ropa puesta, claro) y sobre nubes blancas acompañadas de pajarillos. (Aquí vendría muy bien un emoticono de esos tan chulos: “¬¬”.

También le di las gracias por la molestia de leerme reiteradamente y buscarme, por escribirme y tomarse su preciado tiempo en hacerlo, sería descortés por mi parte no ser agradecida.

Le dije que no hacía falta que dejara de leerme, total, parecía por sus palabras que le gustaba lo que yo escribo, ya que repetía la misma acción todos los días.

Le aclaré que yo jamás había escrito poesía (porque para eso hay que saber hacerlo, y no es mi modus operandi) Y le dejé claro que, cuando una persona vive en el siglo tres debería relacionarse con personas que vivan en esa misma época, para sentirse más en casa.

Supongo que él esperaba otro tipo de contestación, porque inmediatamente me ofreció una cita para tratar el tema más personalmente (o quizás, es que no se había enterado del significado de mi respuesta) Pero no pasa nada, aquí y en público se lo traduzco:

“Me importa un pepino lo que te puedan ofender mis textos, ya que los escribo para personas a las que les guste mi forma de escribir. A mí nadie me ha obligado a leer nada en esta vida y creo que yo no te he puesto una9 mmsobre la sien para que consumas mis letras, por lo tanto, deja de dar por culo a las personas que no te han dado vela en este entierro e intenta consumir lecturas mucho más acordes con tu forma de ver la vida, eso, o que te hagan una buena mamada para ver si por ahí salen los perjuicios que con tanto ahínco defiendes.”

Después de esto, quiero decir que no a todos nos gusta leer las mismas cosas, habrá gente que vea este artículo (o lo que quiera que me haya salido) con cierta indiferencia, o que quieran dar la razón al pobre de Hipocrito, pero puedo daros ciertos títulos mucho más recomendables que mis textos eróticos, donde nadie se sentirá ofendido por palabras malsonantes y escenas masturbatorias. Porque seamos realistas, el consumidor de terror quiere sentir miedo al leer, el asiduo lector de humor se quiere partir de la risa y los que buscan literatura erótica quieren pasárselo bien.

Os mando un abrazo muy fuerte a todos vosotros mis lectores, bueno, a todos menos a Hipocrito, no vaya a ser que se me altere, me demande por acoso o le tenga que mandar un ramo de flores al hospital por la agresión sexual que interprete de un abrazo cariñoso. Feliz día.

Irene Comendador
Irene Comendador

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