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Ser consecuente con uno mismo o no serlo: el quid de la hipocresía

Siempre he sido una persona muy respetuosa, intento meterme en la piel de los demás para comprender su comportamiento, a veces cuesta un poco si dicho comportamiento es extraño, pero creo que es la mejor manera de abrir tu mente y aprender de los demás. Quién sabe, eso que en un principio te resultó chocante, podría ser tu nueva forma de pensar.

Lo que nunca he podido comprender de las personas ha sido la deshonestidad o la doble moral. Y como veo que no tenéis ni idea de qué rabanillos estoy hablando, os pondré unos ejemplos sobre situaciones que he podido contemplar por mí misma.

Empezaré por un pequeño acontecido sin importancia. Hace unos meses asistí a una reunión entre varias amigas, algunas eran conocidas y otras gente a la que no había visto nunca; fuimos a tomar un café. Aquella tarde salieron muchos temas diferentes de conversación, las mujeres hablamos de tantas cosas… pero en un determinado momento llegó la charla sobre el libro que desde hace poco se ha puesto de moda, el famoso “50 sombras de Grey”. Cada una dio su opinión sobre la saga. A algunas les había gustado tras leerlo, otras eran más reticentes y debatieron su punto de vista por no satisfacer su gusto literario, otras (como es lógico entre un grupo tan numeroso de gente) ni siquiera lo habían leído.

Una de las tertulianas destacó del resto, su planteamiento era el siguiente: según ella, aquellos libros eran una cochinada para mujeres impúdicas y desesperadas, literatura pornográfica que debería estar prohibida, llegando a comparar dicha obra con las películas porno de toda la vida. Lo cierto es que se respetó su opinión, aunque ella no hizo lo propio con el resto de mujeres.

Pasados unos días del encuentro, recibí un mensaje de una de las chicas con las que tomé café aquel día. En el mensaje, me pasaba el enlace a una red social por la que la “chica anti-porno” se movía. Su última actualización de estado era la siguiente, escueta y concisa: “Yo quiero un Cristian Grey en mi vida” Agregando con exclamaciones incluidas: “Uff, que calor!!!”

Y digo yo, ¿hace falta dar lecciones de decencia y ética a los demás, cuando ni tú eres sincero contigo mismo?

Falsos castos los hay en todos sitios, esa fue mi conclusión después de todo.

Pero sigamos con más casos inverosímiles y sandungueros…

Hace años conocí a la dueña de un bar, estaba casada y tenía dos hijas, una de ellas se quedó embarazada a muy temprana edad. Lo que se le ocurrió a esta madre de negocios, fue echarla de casa por mala conducta, pensando que con ese castigo aprendería la lección a su hija mayor y recapacitaría a la más pequeña. No entraré en si a mí me parece bien o mal su decisión (ese es otro tema), lo que sí os contaré es lo que tras unos pocos años he averiguado de dicha mujer. Aquella señora de aptitud recta y conservadora, fue descubierta en un prostíbulo (casa de putas, puticlub o local de alterne, como más os plazca llamarlo), ejerciendo su segundo trabajo, se sacaba un sobresueldo muy sustancioso vendiendo su cuerpo. Y mi análisis de la situación no es si está bien o mal tener una segunda vida secreta, pero creo que ha quedado claro que la mujer tiene un puntito considerable de hipocresía.

La hipocresía se mueve por muchos terrenos, como el caso de aquel cura que guardaba bajo la cama revistas de Playboy; el hombre manchaba sus páginas por las noches y se flagelaba por ello cada mañana.

Obviaré entre los ejemplos a las señoras que aún teniendo cinco hijos, se escandalizan cuando se habla de sexo. La vida a veces es pura ironía.

Y para terminar, os diré que este texto se lo voy a mandar a mi amigo Hipocrito estoy segura de que su opinión me resultará cuanto menos graciosa. Hoy tengo ganas de reír.

Pasad un buen día y sed consecuentes con vuestras palabras, al fin y al cabo, los actos las acompañan siempre.

(Para saber quién es Hipocrito: http://www.lr21.com.uy/comunidad/1060403-siempre-hay-que-contestar-la-correspondencia)

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