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El arte de labrar la tierra


De qué hablamos cuando hablamos de agricultura? Según la Real Academia Española, agricultura significa: El arte de labrar la tierra. Con observar este significado sale a la luz un contraste imperante con la realidad de las prácticas actuales al momento de labrar la tierra, lejos de ser esta un arte.

Hoy en día se practica convencionalmente una agricultura basada en la aplicación de agroquímicos, que nada tienen que ver con la naturaleza biológica de los cultivos que se intenta fertilizar. Todo se reduce a una aplicación de sustancias químicas en términos de “dosis por hectárea” según tablas de requerimiento de cada cultivo; y la aparición de las enfermedades como símbolo del debilitamiento de los cultivos es erradicada con venenos en lugar de solucionar el problema que les da origen.

Así, el desbalance natural es llevado al próximo nivel, donde los pesticidas deben ser más fuertes para exterminar plagas más resistentes, junto con la poca vida que va quedando en el suelo, cada vez más degradado. Y así se libra la batalla contra la naturaleza en este sistema llamado “convencional”, en donde el suelo es reducido en su valoración a poco más que una superficie de sostén para que las plantas reciban alimento de origen mineral y venenos.

Por otro lado, tenemos la diferenciada “agricultura ecológica u orgánica”, que debe ser certificada por alguna entidad para poder llamarse de tal modo, valga la redundancia del término “orgánico”. De qué naturaleza son los alimentos si no son orgánicos? Será que con las aplicaciones de tanto fertilizante mineral es que los vamos convirtiendo en “inorgánicos”? Los análisis realizados sobre los cultivos provenientes de la agricultura convencional demuestran que poseenniveles mucho más bajos de vitaminas, enzimas, y nutrientes en general, que los que se encuentran en cultivos desarrollados mediante la agricultura libre de agrotóxicos. Y por supuesto que presentan también niveles detectables de todos los venenos que se le aplican durante el crecimiento en los campos.

Sintetizando la realidad de este modo, resultan completamente ilógicas las prácticas convencionales tan difundidas a nivel mundial. Al igual que los seres humanos, que nos enfermamos cuando tenemos las defensas bajas, producto del stress o mala nutrición, de la misma forma ocurre con las plantas cuando crecen sobre un suelo enfermo o con carencias.

Será necesario cambiar el enfoque con el que se encaran los problemas que conciernen a la agricultura, ya que el modelo actual demuestra no ser sustentable. Las leyes de la Naturaleza son complejas y deben ser evaluadas en su totalidad, y sanear un campo de cultivo puede no ser tarea simple y rápida, pero mientras simplifiquemos la ecuación económica y no incluyamos a la degradación del suelo, el número final será una mentira.

Propongo que no nos convirtamos en fanáticos de un sistema u otro, sino la de ser responsables, desde el productor hasta el consumidor. El primero, entrando en conciencia de los efectos que produce la aplicación indiscriminada de agroquímicos, después de todo, existía ya la agricultura antes del descubrimiento de estos. Y al consumidor, que no desvalorice el “voto de elección” que realiza cada vez que adquiere un producto. Es allí cuando aportamos nuestro capital para que los sistemas sigan en pie, así que elijamos con sabiduría, y quizás logremos que la agricultura vuelva a ser “el arte de labrar la tierra”.

Y correspondería al Estado velar por que el consumidor tenga la información explícita en los productos que consume, por ejemplo exigiendo políticas de etiquetado de los mismos.

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