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Claves para entender el ciclo de la vida

Todos los alimentos que consumimos provienen de la tierra, tanto directamente (los vegetales) como indirectamente (las carnes). La fuente de energía necesaria para que los vegetales puedan sintetizar los nutrientes, que luego serán consumidos por los animales y por los humanos, proviene del Sol. Ellos convierten, a través de un proceso llamado fotosíntesis, sustancias simples que son absorbidas de la tierra en sustancias más complejas que serán luego utilizadas como alimento por quienes no tienen la capacidad de sintetizarlas. Al final de esta cadena llamada “cadena trófica”, en la que cada sujeto tiene un rol fundamental, todo debe retornar a la tierra.

Todo es un ciclo en la Vida: los días, los años, las estaciones, nuestra propia respiración al inhalar y al exhalar. Estamos bebiendo el mismo agua que bebieron otros individuos antes que nosotros y las mismas partículas que en este momento componen nuestro cuerpo físico, ya han conformado otros cuerpos anteriormente, y seguramente vuelvan a hacerlo pronto ya que reciclamos el 98% de nuestra materia corporal en aproximadamente 7 años.

Este intercambio de materia entre nosotros y el ambiente se produce a través de los alimentos. Ya hablamos anteriormente sobre el deterioro progresivo de la tierra provocado por la aplicación indiscriminada de agroquímicos, pero aún luego de la cosecha, qué clase de alimentos tenemos disponibles hoy en el mercado?

La mayoría de los alimentos contiene un listado de ingredientes compuesto por sustancias cuyo nombre resulta inentendible por todo quien no sea un experto en el tema. Estos son los llamados “aditivos”: ingredientes no nutritivos agregados con la finalidad de alterar las propiedades organolépticas (color, sabor, aroma, etc) de los alimentos. Se podría decir mucho sobre este tema, pero ahora nos enfocaremos en 2 puntos fundamentales.

El primero es que los aditivos son, en la gran mayoría de los casos,  sustancias desarrolladas químicamente cuyo nivel de toxicidad está determinado experimentalmente por el índice llamado DL50 (dosis letal 50), que establece la dosis a la que muere el 50% de una población de animales en la que se realiza la aplicación del aditivo del cual se quiere evaluar su toxicidad. Una vez determinado este índice se aplica un “factor de seguridad” (para darnos a los humanos un margen estimativo de seguridad) y así se establece la IDA (ingesta diaria admisible).

Nos sorprenderíamos comprobando con un cálculo simple que en muchos casos excedemos la IDA, principalmente los niños, ya que este factor depende en gran medida del peso corporal.

Pero aún así, queda librado a la suerte el efecto potencial de la combinación de tantas sustancias ingeridas diariamente en los diferentes tipos de alimentos! El segundo punto a tener en cuenta al hablar de aditivos, es que siempre existen alternativas saludables para conservar los alimentos, sólo que en general en la cadena productiva se busca minimizar el costo de producción utilizando métodos y aditivos más económicos y menos saludables.

Cada vez más, despojamos a los alimentos de su vitalidad y los llenamos de sustancias sintéticas que no pueden ser más ajenas a nuestro organismo y, al igual que como ocurre en la agricultura con la aplicación de agroquímicos, es la Vida misma la que estamos hipotecando, y muchos de nosotros no somos realmente conscientes de cómo estamos contribuyendo a este modelo en el que todos perdemos. Hipócrates dijo años atrás: “somos lo que comemos”. Voy a desafiar esta frase porque creo que no somos sólo lo que comemos.

Creo que somos también algo más que, dentro de tanto glutamato monosódico, aspartamo y tartrazina, nos permite tomar conciencia y actuar en consecuencia. Vivimos en un mundo y bajo unas leyes que indican que todo debe (re) ciclarse, y no podremos subsistir si no cumplimos con esta ley fundamental, por la simple razón de que somos parte de ella, es ella misma la que nos mantiene con Vida.

Hemos demostrado tener un gran potencial en el desarrollo de tecnología, aplicando las leyes de las matemáticas, la química, la física, etc, pero si no observamos las leyes de la naturaleza en su totalidad, no seremos capaces de autosustentarnos como especie humana.

Me pregunto entonces: de qué sirve todo lo otro? Detengámonos por un minuto, aunque hoy en día eso ya es mucho tiempo, y (re) pensemos hacia donde vamos.

Enfrentemos la realidad que estamos creando y tengamos la voluntad de cambiar lo que sea necesario cambiar.

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