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Fasano responde al Director de Búsqueda: ¿Qué virus, Claudio Paolillo, infectó tu alma?

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Federico Fasano.

Marcaban las 13.30 en mi viejo Longines, memoria de mi abuelo, cuando por la entornada puerta del bar de la Onda de la Plaza Libertad se acercaba a mi mesa, ubicada contra la ventana mirando hacia la entrada, (reflejo inconsciente de los años sesentas cuando nos sentábamos precavidos contra la pared para ver quién entraba) un joven socialista, que enterado del fin de mi exilio mexicano y mi autoría sobre el proyecto democrático de medios de comunicación en ese país, me había citado en nombre de su partido para pedirme ideas sobre el tema. Corría el año 1985, reinaba el sanguinettismo y la impunidad estaba bien guardada en cajas de seguridad.

Intercambiamos figuritas de la historia reciente, me encontraba frente a un joven, de una generación posterior a la mía, hijo de un gran cronista policial del diario El Día, persona a quien yo respetaba profesional y humanamente.
Me habló de su partido, el Partido Socialista, de sus ideales, sus utopías, de la coyuntura política a la caída de la dictadura, de la delgada democracia con proscripciones conducida por las formaciones políticas tradicionales, y también de sus propias convicciones en busca de un mundo donde fuéramos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres. Me alegró su presencia, me parecía estar escuchando a un alumno aventajado de Rosa Luxemburgo, en el Uruguay de los 80’s.

Tres décadas después, el mismo joven idealista de otrora, escribe un artículo donde defiende el motín putchista contra la digna y honesta presidenta de Brasil, Dilma Roussef, protagonizado por una turba de bribones comandados por el corrupto y encausado vicepresidente Temer que ostenta una exagerada popularidad del 2% de los brasileños.

Niega que se trate de un golpe de estado, y elude analizar el motivo baladí del ilegítimo proceso destituyente de la primer mujer brasileña que con 52 millones de votos que la legitiman, conducía los destinos de ese gran país. Tampoco analiza la catadura moral de sus falsos catones.

“Decía nuestro presidente mártir, Salvador Allende, que ser joven y no ser revolucionario es una contradicción casi biológica.”

La emprende luego contra el Frente Amplio por su declaración de apoyo a Rousseff al que acusa de decir “sandeces” y por sugerir el FA que en el impeachment brasileño aparece la mano negra del imperialismo, “un cuento que ya solo sirve para hacer dormir a los niños pequeños”. Acusa a la principal fuerza política del país, de ser un partido antirrepublicano, que no cree en la democracia y que continúa marchando hacia el autoritarismo, seguido por un grupo de “pusilánimes que solo merecen piedad”.

Y para rematar su catilinaria afirma sin pudor, que los presidentes y ex presidentes, Evo Morales, Lula da Silva, Rafael Correa, Dilma Roussef, Cristina Kirchner y Maduro, son todos autócratas que “además de robar, taparon su absoluta incapacidad para gobernar”. Y para que no haya dudas los identifica como “ladrones, corruptos y coimeros”.

Hace tiempo que al ex militante del marxismo lo leo con atención y fueron muchas las veces que me contuve para no contestarle. Protagonizamos hace años un contencioso judicial y no quería que mi opinión se atribuyera a un encono personal, que por mi parte no existe.

Pero esta vez, su diatriba contra el mejor período emancipatorio de la historia de América Latina, por la cantidad de países involucrados, incluso superador de las aisladas revoluciones mexicana y la boliviana en la primera mitad del siglo pasado, rebasó todos los límites.

Esperé varios días con la esperanza de que alguien le contestara sus invectivas, pero el silencio fue la respuesta. Decidí entonces hacerle una sola pregunta. ¿Qué virus, Claudio Paolillo, infectó tu alma? Decía nuestro presidente mártir, Salvador Allende, que ser joven y no ser revolucionario es una contradicción casi biológica. Tú no viviste esa contradicción en tu juventud.

“En estos últimos 12 años la mayoría de las Naciones latinoamericanas combatieron el darwinismo social, el fascismo de mercado, la privatización de los Estados”

Puedo entender incluso que con el paso del tiempo, un joven militante del gran Partido Socialista, el de Vivian Trías, José Pedro Cardozo, Arturo Dubra, Raul Sendic, Marenales, y tantos otros que dedicaron su vida a ese sueño milenario de justicia y libertad, haya decidido archivar sus utopías. Pero de ahí a lanzar ese vómito inclemente ante la tertulia ciudadana, contra el más importante intento de creación de la Patria Grande, tantas veces postergado, aquella con la que soñaron Artigas, Bolívar, San Martín, José Martí, Mariano Moreno, Sandino y decenas de patriotas que lucharon contra la balcanización de nuestra América, la pobre, hay un paso que para mí, carece de explicación. Lo percibo como una infección del alma. Y desconozco el virus que lo provoca. Danthés decía que “los sueños vuelan alto y si tocan el suelo se arrastran y mueren”. ¿Habrá sido eso lo que te sucedió Porque difamar la docena histórica que vivió América Latina es una estafa ideológica.

En estos últimos 12 años la mayoría de las Naciones latinoamericanas combatieron el darwinismo social, el fascismo de mercado, la privatización de los Estados, debilitando a los regímenes patéticos que se habían parapetado en el poder para asegurar las arcas de los menos y la infelicidad de los más.  Estos gobiernos que tú denigras, y los envuelves en un sudario identificado como “progresismo corrupto”, son los que más han herido al modelo decadente del pasado, que aumentaba las desigualdades, que confundía sociedad con mercado y mercado con democracia.

Llevaron a cabo una inconclusa revolución productiva con equidad, bajo las banderas del desarrollismo nacional distribucionista dentro del capitalismo dependiente periférico en el que vive nuestra América, con las armas de la participación popular, la solidaridad social, la equidad distributiva, jugando el Estado un rol activo al servicio de las grandes mayorías marginadas, pauperizadas, desocupadas, que carecían antes, hasta del derecho a ser explotadas porque  sufrían el peor de los castigos, no poder trabajar, condenados al ejército de reserva del capitalismo neo liberal.

Estos 12 años constituyeron una gran aventura de la transformación latinoamericana.

Se podrá decir que fue un esfuerzo plagado de errores, inconcluso, por momentos errando el rumbo, pero no podrás negar que jamás se eludió la contradicción principal: oligarquía o pueblo, neo liberalismo o democracia. Muchas iniciativas quedaron solo prendidas de alfileres, pero si mal es dejar propuestas colgadas de alfileres, peor es sacar los alfileres. Y eso es lo que estás ayudando a hacer, Claudio.

Pese a todo, el centenario proyecto oligárquico fue interrumpido, aunque no fue vencido. Pero el progresismo exhibió la incompatibilidad del neo liberalismo con los valores humanos. Y en el plano internacional, no pueden caberte dudas, que hubo unanimidad en apoyar un mundo multipolar contra el mundo unipolar que le tocó en suerte.

Y como no te creo un maromero, y hoy eres un formador de opinión, director de una publicación que construye hegemonía del statu quo, es que te pido expliques el estrabismo de tu mirada ideológica. Quizás hoy no te mueva el fomes igualitario que movía a Artigas, como diría Carlos Maggi. ¿Qué fomes es hoy el que te excita, Paolillo? Espero con cierta tristeza tu respuesta. También espero que esta vez sea sin insultos.

Cuánto me gustaría que en lugar de responderme con pasión y con ira, te miraras en el espejo de tu pasado de izquierda y encontraras cuánto mejor se siente la conciencia de los que creen en el ascenso del hombre del reino de la necesidad al reino de la libertad, sintiendo al humanismo socialista como el horizonte necesario de nuestro tiempo y la forma más justa de organización de la familia humana.

Si te ofendí con estas reflexiones, no fue mi intención. Solo la de intentar que medites sobre la responsabilidad de tus diatribas y quizás, por qué no,  que puedas lograr aunque sea por un instante, sentir el fuego de la antigua llama. Te sentirás mejor reviviendo aquel añejo y solidario manantial de sueños.

Y si no fuera así, termino brindándote el mismo consejo que daba José Martí a sus críticos antes de la batalla: “los que no tienen el coraje de sacrificarse, deben tener al menos, el valor de callarse ante quienes se sacrifican”.

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