¿Qué priorizará Biden en su agenda? ¿Ucrania o Irán?

Foto de archivo
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El presidente de Ucrania Volodímir Zelenski ha denunciado que, bajo el pretexto de que Rusia se prepara para invadir Ucrania, EEUU ha creado un clima bélico sin un fundamento real provocando no sólo pánico innecesario entre la población sino también graves daños a la economía del país.

Después de varios años sin grandes guerras, los generales aburridos de la OTAN, que odiaban a Trump por ello, piensan en divertirse y esta vez han optado por ir a bailar sobre los escombros ensangrentados de Ucrania. Su peligrosa jugada está siendo vetada incluso desde las propias filas amigas: la ministra de Asuntos Exteriores alemana, Annalena Baerbock, en un intento de parar una catástrofe bélica generada por los halcones de EEUU y Europa, anunció que «la adhesión de Ucrania a la OTAN no está ahora sobre la mesa«. ¡Lo que habría ahorrado al mundo si lo hubiera dicho hace unas semanas!

La irreal «crisis de Ucrania» ha irrumpido de forma artificial en otro escenario en tensión y muy real: Irán. Una guerra de la OTAN contra Rusia (y China), o sea, una III Guerra Mundial, es imposible de ganar para ninguna de las partes. Sin embargo, los costos de un conflicto bélico con Irán son menores (o eso piensan). Por otro lado, hay un pequeño pero poderoso país llamado Israel que empuja a EEUU y Europa hacia la destrucción de Irán con todos sus medios. Ha conseguido el desmantelamiento de poderosos estados árabes como Irak, Siria y Libia y ahora va a por Irán y Turquía.

Las negociaciones sobre el programa nuclear de la República Islámica (RI) y los 5+1 —China, EEUU, Rusia, Francia, Reino Unido y Alemania—, en Viena, Austria, han alcanzado un punto crítico, tanto que el Ayatolá Jameneí ha descubierto que «negociar, hablar e interactuar con el enemigo en algún momento no significa rendirse a él» autorizando a la delegación de Irán un diálogo directo con EEUU para firmar cuanto antes un acuerdo nuclear que ponga fin a las sanciones contra la población iraní. Sin embargo, la Escuela Teológica de Qom, el Vaticano del chiismo, y el diario Keihan, representantes del sector más intransigentes de la RI, —que consideran a Ali Jameneí y Ebrahim Raisi como «traidores al islam»—, se han opuesto tanto a saludar a los «infieles» como a firmar un acuerdo con ello aunque la consecuencia sea una brutal guerra.

Que el general Kenneth McKenzie, comandante del Mando Central de los Estados Unidos, afirmase que «los misiles de Irán se han convertido en una amenaza más inmediata que su programa nuclear» demuestra que Washington sacará otra cara de la manga para destrozar el juego independientemente de cuantos acuerdos firme Irán. El objetivo de Estados Unidos es desintegrar Irán que no derrocar a la RI.

La lentitud del avance de las negociaciones está acabando con la paciencia de EEUU. Pues, la RI, que es el único estado del mundo que, desde un actitud irracional e inaudito en la diplomacia, se niega a hablar con la superpotencia, utiliza al resto de los participantes como «mensajeros», quienes transmiten sus propuestas a los estadounidenses, que están en la sala contigua, y luego traen sus respuestas para los iraníes, y así día tras día, desde el noviembre pasado.

 Urge un acuerdo

A Jameneí, por los siguientes motivos: 

– El aumento de las protestas sociales con un fuerte tinte económico: millones de trabajadores (privados de sindicatos y partidos políticos), y de todos los sectores (incluido el petrolífero), y a pesar de la prohibición de manifestarse contra el «gobierno de Dios», están ocupando las calles del vasto territorio del país exigiendo el cobro de su salario atrasado, el fin de la corrupción, la inflación, el desempleo y las discriminaciones étnicas, religiosas y de género. Cerca del 60% de la población, según el gobierno, vive por debajo de la línea de la pobreza, en chabolas y casas humildes levantadas sobre un mar de Oro Negro. El propio Jameneí acaba de reconocer por primera vez que la grave situación económica no se debe «solo» a las sanciones.

– El fracaso del proyecto del «imperio chiita» que iba a proteger a la teocracia. En Siria e Irak la identidad nacional árabe ha regresado para apartar la «hermandad religiosa»: así, Bashar al Asad «chiita», que cohabita en Siria con las tropas ocupantes de EEUU, Francia, Reino Unido y Turquía, entre otros, se acerca a Emiratos Árabes y Arabia Saudí, mientras las fuerzas iraníes van desapareciendo debido a los continuos ataques de cohetes israelíes. En Irak, los chiitas árabes anti-iraníes, representados por el gran ayatolá Sistani y el clérigo Moqtada Al Sadar, ganaron las elecciones del octubre pasado. En el Líbano, la profunda crisis política de la teocracia corrupta, que ha convertido el país en un Estado Fallido, también salpica al Partido de Dios, Hizbolá. Y así en Gaza, Bahréin, Kuwait, Yemen, etc.

– El temor a que su hipotético fallecimiento, antes de la firma del acuerdo, amenace la propia existencia del nacional-chiismo, desde dentro y desde fuera.

Por lo que, la RI para salvarse, en vez de invertir en los paramilitares de extrema derecha islámica, deberá evitar una sublevación popular, (¡y que tampoco será una «revolución naranja!) puesto que esta vez sería imposible aplastarla, no solo por su magnitud  sino sobre todo por el agotamiento del propio totalitarismo religioso.

Por lo que ha tenido que:

– Renunciar a la indemnización que pedía a Biden por los daños sufridos por la ruptura del pacto (que firmó a pesar de sus perjuicios para Irán)  por Trump.

– Dejar de exigir un acuerdo «duradero y estable» que sobreviva al presidente Biden. El propio Jameneí no puede garantizar el respeto al acuerdo por su sucesor, en caso de que lo llegue a tener.

– Renunciar al levantamiento de todas las sanciones permanentes y/o no definitivas. Biden sólo suprimirá las impuestas por Trump y preservará las decretadas por el gobierno de Obama.

– Incluir las instalaciones nucleares de Karaj en la lista de los lugares inspeccionados por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) tras las amenazas de EEUU de enviar el «expediente iraní» al Consejo de Seguridad de la ONU y ampliar las sanciones.

A Biden, por:

  • La cercanía de las elecciones  intermedias de noviembre. Cae en las encuestas: el primer año del presidente se recordará por las graves deficiencias de un sistema de salud de pago, el aumento de la inflación, una deuda de casi 30 billones de dólares, el fiasco de Afganistán, el drama de los inmigrantes de América Central y por no poder impedir nuevas pruebas nucleares de Corea del Norte, entre otros. Por lo que el presidente Biden necesita una victoria. ¿La conseguirá en Viena? El gobierno de Biden no para de repetir que baraja «otras opciones» si Irán no se doblega, algo que sin la mediación de Beijing y Moscú no lo va a lograr: ¿qué tal si a cambio la OTAN se olvida de Ucrania y EEUU rompe el acuerdo de AUKUS? A ambos, que aplican un pragmatismo sin ideología en su política exterior, les interesa que la Alianza esté distraída con otros focos de tensión. La prioridad de la política exterior de Rusia es garantizar la seguridad del país en sus 16 fronteras; no tiene mucho que ganar ni perder en Viena, ni tampoco si Irán se convierte en un estado nuclear.

Aunque, el conflicto ucraniano reduce la presión sobre Irán, también puede desviar la atención mundial de una posible operación militare israelí-estadounidense contra Irán.

– La presión de Israel (que cuenta con el apoyo del secretario de Defensa de EEUU y el ex director de una empresa militar-nuclear Loyed Aoustin) a cualquier acuerdo con Irán. Biden ha pospuesto hasta 2024 la entrega de los aviones cisterna Boeing Kc46 (3.100 millones de dólares) a Israel, imprescindibles si pretende atacar las instalaciones nucleares de Irán.

La propuesta rusa

A pesar de la intención de Biden y Jameneí, ha sido imposible resucitar el acuerdo lleno de defectos del 2015.

La RI ha rechazado (de momento) la propuesta del canciller ruso Sergie Lavrov de firmar un pacto provisional, que implique el levantamiento de parte de las sanciones contra Irán a cambio de la paralización total del programa nuclear de la RI, como ruta para ir hacia uno íntegro. Pues, si EEUU no cumple con su parte, -que no lo hará-, Irán no podrá volver fácilmente al punto donde dejó su programa.

A Israel, que tiene material ilegal para al menos 80 bombas ilegales, tampoco le gusta un acuerdo de «firmar y tirar»: considera que cualquier concesión le dará a Teherán la oportunidad para fabricar su bomba.

Quizás solo un conflicto serio entre EEUU y China en el Estrecho de Taiwán o el Mar de China Meridional, por ejemplo, obligue a todas las partes a aceptar un «acuerdo de mínimos».

EEUU e Israel tienen previstas realizar una megamaniobra militar conjunta para el mayo de 2022, en la que usarán aviones combate F-35, F-16 y F-15 y naves espía Gulfstream G550 para ensayar un ataque a gran escala contra las plantas nucleares de Irán.

El mercado de una carrera nuclear

¿Con qué autoridad moral EEUU exige a un Irán, rodeado de enemigos, mantenerse desarmado si no para de vender o regalar armas más avanzadas a Arabia Saudí, Israel o Emiratos Unidos?

Las presiones de los 5+1 contra Irán levantan una sospecha: ¿No será que se benefician más de una carrera nuclear en Oriente Próximo que de una región libre de dichas armas? La negativa de Europa, Rusia y China a poner en marcha mecanismos para desactivar las sanciones de Trump contra Irán, empujó a la RI hacia la reanudación de su programa, además de perder la confianza hacia todos las partes.

Mientras, Donald Trump mandó fabricar bombas nucleares de mochila y firmó licencias para que seis empresas estadounidenses vendiesen tecnología de energía atómica a Arabia Saudita. Westinghouse o Toshiba consiguieron suculentos proyectos para construir, en la Ciudad del Rey Abdullah, varias plantas nucleares, y llevarse parte del presupuesto asignado por los jeques para construir 16 reactores de energía nuclear en 25 años que es de 80.000 millones de dólares. Si bien Arabia ha financiado las bombas nucleares de Pakistán está desarrollando sus propias capacidades tecnológicas para alcanzar la «latencia nuclear» y poder construir rápidamente sus armas gracias a la instalación construida por China en 2020 para extraer torta amarilla, según afirma la prensa estadounidense que no aclara si los misiles que han comprado los saudíes a China podrían llevar o no ojivas nucleares.

Por el momento, la guerra entre Israel e Irán mantendrá su actual formato: ciberataques, atentados, asesinatos selectivos y el bombardeo de las posiciones de Irán en Irak y Siria.

El objetivo de Israel, que acusa a Irán de avanzar hacia la ruptura nuclear, -lograr la capacidad de fabricar arma nuclear-, es forzarle a salir del Tratado de Proliferación de Armas Nucleares. Al igual que en 2015, cuando consiguió retener a las tropas de EEUU en Oriente Próximo -, Tel Aviv esta vez también hará todo lo posible para empujar a Washington a otra guerra en esta zona: El Estado Islámico está de regreso en Irak, Siria y Afganistán.

La crisis de Ucrania, a todas luces, hará que los términos del posible acuerdo con Irán sean más perjudiciales para este país que el del 2015. La pregunta es: ¿cuál será la respuesta de Teherán?

 

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