AEBU impulsará en Foro Social lucha contra el neoliberalismo
«Desde el punto de vista de la economía mundial estamos ante una nueva fase del desarrollo del capitalismo. Lo que determina que de los seis mil millones de habitantes del mundo cuatro mil millones viven por debajo de la línea de pobreza, se sostiene en diagnóstico de la situación económica mundial que contiene el informe que la Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay (AEBU) aprobó en su asamblea general del miércoles y en la cual participaron 6.700 personas.
Se sostiene en el documento que se ha tendido a consolidar el desarrollo desigual que sustenta la explotación por los países centrales, de la periferia empobrecida y en términos de hegemonía, consolidar la supremacía de los EEUU asociado a la omnipotencia de las empresas transnacionales.
Los logros de la revolución científico-tecnológica que transformaron los procesos de producción, el transporte, las comunicaciones y la tecnología de la información –creados y financiados por los trabajadores– fueron secuestrados por las ricas y poderosas oligarquías representadas por las compañías transnacionales y sus cárteles bancarios y financieros.
El 86% de la riqueza del mundo pertenece al 22% de la población mundial. Los 225 capitalistas más ricos del mundo detentan en total una riqueza superior a 1 billón de dólares, equivalente a los ingresos anuales del 47% más pobre de la población del mundo.
Como contrapartida de los seis mil millones de habitantes del mundo, cuatro mil millones viven debajo de la línea de pobreza. El momento histórico actual está signado por una concentración mundial y centralización de las finanzas sin precedentes. Pero a pesar de este nuevo fenómeno de globalización de las finanzas, el sistema capitalista no ha logrado escapar a lo que lo caracteriza como sistema social, el de traer consigo la inestabilidad de las crisis cíclicas.
A una economía mundial de desarrollo desigual y combinado, fuertemente sustentado en los estados nacionales, le fueron útiles las políticas de intervención activa del Estado y de masificación del consumo, así surgieron los estados de bienestar. Su profundidad se fue ligando al desarrollo de las luchas sindicales que fueron arrancando mejoras para los trabajadores.
Se procura entonces reforzar el «modelo neoliberal» mediante la «apertura de los mercados» al capital transnacional. Las políticas impuestas a través del Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial de Comercio en beneficio de las compañías y grupos financieros transnacionales han desestabilizado las economías, agravando los problemas de las relaciones comerciales y económicas desiguales y ampliando la salida de recursos de los países en desarrollo, además de haber afectado la soberanía de las naciones causando pérdidas de trabajo, problemas en los servicios de salud, educación y derechos de la seguridad social, etc.
Nuevas respuestas
Sostiene el documento que en este marco comienzan a desarrollarse las movilizaciones antineoliberales en todo el mundo, que se suman a las que ya se venían desarrollando en los últimos años en América Latina. A los cortes de ruta en Argentina, las tomas de tierras del Movimiento de los Sin Tierra en Brasil y de los campesinos paraguayos, se sumaron las movilizaciones callejeras de masas en repudio a las reuniones cumbres del Foro de Davos, de presidentes o del FMI realizadas en Seattle, Praga, Québec y Gotemburgo, duramente reprimidas.
Aumentan en cantidad y calidad los esfuerzos de coordinación globales antineoliberales y progresistas: las reuniones de Attac por la implantación de la tasa Tobin que grave con el 0.5% las transacciones financieras para financiar planes de desarrollo, la Alianza Social Continental reunida en Quebec al mismo tiempo que se reunían allí los presidentes de las Américas (excepto Cuba), las reuniones internacionales de dirigentes sindicales, y el Foro de São Paulo que se apresta a celebrar en La Habana su X Encuentro.
Pero sin dudas el Foro Social Mundial realizado en Porto Alegre concitó la mayor cantidad de organizaciones sociales y militantes políticos comprometidos en la lucha contra la estrategia imperialista neoliberal, allí se hizo presente una delegación de nuestro sindicato. Su segunda edición, también a desarrollarse en Porto Alegre a principios del año 2002, marcará un punto alto en esta lucha, apuntando a profundizar el intercambio de experiencias de lucha y propuestas alternativas.
Participación uruguaya
En el material de AEBU se afirma que nuestro país practicó una «afiliación ortodoxa al modelo neoliberal». Indica que para ello abrió la economía al exterior a partir de una reforma comercial y retiro al Estado del mercado de trabajo, por lo que el Estado no intervino más en las negociaciones colectivas, en las negociaciones de salarios y en la protección social.
A esto se le debe sumar la reforma del Estado y las empresas públicas a partir de la privatización o debilitamiento en beneficio de las empresas multinacionales. Se desmanteló la seguridad social; existe una ausencia de políticas de desarrollo sectorial; se promovió la concentración permanente de los grupos económicos de poder; se apostó a las políticas fiscales que hacen recaer la carga impositiva en los sectores de ingresos fijos, se fomentó la desregulación y flexibilización laboral. La consecuencia de esta política significó la quiebra del aparato productivo, desocupación, precarización del trabajo, marginalidad, exclusión social, desprotección social, emigración, inseguridad, etcétera, etcétera.
Deterioro económico
Indica el informe sindical que la economía nacional denota diariamente mayores síntomas de deterioro. El equipo económico de gobierno reconoce públicamente, paquetazos de medidas mediante, sus limitaciones para controlar la situación. Las cuentas públicas son alarmantes: el déficit fiscal es incontrolable pese a los sucesivos ajustes. La desocupación –según cifras oficiales– involucra a 200 mil compatriotas. La precarización del empleo alcanza a 300 mil más.
La tasa de inversión es la más baja de América Latina, el producto cae en forma sostenida, hay un endeudamiento generalizado del aparato productivo, y una gran dependencia de nuestra economía respecto a la región. Es notorio que cada vez más se acentúa el desequilibrio entre la economía real y la financiera. El sistema financiero nacional representa el 12% del PBI, relegando a todos los demás renglones de actividad.
Es necesario reconocer que se acentúa la descomposición de la contabilidad nacional, caen incesantemente la recaudación, el consumo, la masa salarial y se restringe el crédito. Tenemos instalada una política cambiaria peligrosa y una permeabilidad absoluta a la incidencia de factores externos que erosionan cada vez más nuestra pequeña y frágil economía como, por ejemplo, el precio del petróleo, el alza de las tasas de interés y los términos de intercambio, sumados a una integración regional que por deformada nos condena.
El panorama de exclusiones, precariedad, desregulación e informalidad nos conduce a una terrible escena: es más importante para el gobierno y sus tecnócratas el investment grade que la mínima satisfacción de las necesidades básicas de la gente, en particular de los niños que, en nuestro país, el 42% de ellos nacen por debajo de la línea de pobreza. A la coalición de gobierno le preocupa más la ultraliberalización e irracional apertura acordadas en las Cartas de Intención con el FMI y las recetas del BM, la Ley de Presupuesto Nacional de hondo contenido antipopular y restrictiva en abuso, y la aplicación sistemática del mecanismo
de la Ley de Urgente Consideración, que la propia vida de la gente y sus perspectivas de desarrollo.
Un país como el nuestro con una dotación extraordinaria de recursos naturales por habitante, la más alta del mundo con relación al recurso tierra, nos encuentra con miseria, desnutrición y falta de oportunidades de empleo.
Un país con un Estado que socializa las pérdidas y privatiza las ganancias ha cargado con todo el peso de la desfinanciación del aparato productivo nacional; se afirma en el diagnóstico realizado por AEBU.*
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