Kirchner tendrá la oposición sindical si opta por apoyar a multinacionales
Lozano conversó con LA REPUBLICA durante su estadía en Montevideo, donde participó del seminario sobre «Las políticas sociales de los gobiernos progresistas».
¿Cómo está la clase obrera argentina hoy día, después de haber pasado la crisis de 2000? ¿Cuál fue el papel que jugó en ese momento y qué expectativas tiene?
El cuadro social de Argentina es sumamente complejo. Argentina recién hoy está recuperando los niveles de actividad económica correspondiente al año 98. Es decir que seis años llevó volver al mismo nivel en que estábamos, pero sobre un cuadro social, incluso, peor del que existía en aquel momento. Porque hoy los ingresos de los argentinos están un 30% por debajo de lo que estaban. El desempleo es un 30% más alto y hay cinco millones de pobres más.
Es decir, que la lógica económica que ha quedado planteada luego de la devaluación, es una lógica en la cual la actividad económica se sostiene sobre una mayor explotación de los trabajadores y un mayor empobrecimiento de la sociedad argentina. Ese es, en todo caso, el cuadro actual.
En ese marco, la experiencia de los trabajadores en la Argentina ha sido sumamente rica en términos de lucha y confrontación con la experiencia neoliberal.
Se han gestado iniciativas absolutamente nuevas. De hecho, se ha conformado una nueva central de trabajadores que en realidad comienza a existir a partir del año 92. Que ya tiene un grado de desarrollo en todo el país, sumamente significativo, sobre bases distintas a lo que es la historia sindical tradicional de la Argentina, que es el caso de la CTA.
Incluso diría que existe un proceso de recuperación de la discusión social de la mano de una realidad objetiva, y es el hecho de que, más allá de que han pasado dos años de la recomposición de la actividad económica, las condiciones de desigualdad son superiores a las anteriores.
Por lo tanto, si bien hay una mejora relativa que se percibe en los números macroeconómicos, las economías de las familias no mejoran de manera significativa. Hoy estamos en un proceso donde ha habido movilizaciones estatales en todo el país. Recientemente hubo una marcha por quince provincias de todo el sector educativo, hay una jornada nacional de protesta y paro, y movilizaciones previstas para el 9 de junio. Viene toda una movilización de las distintas experiencias sociales que trabajan con el problema de los chicos, que preparan una marcha por todas las provincias, entre el 20 de junio y el lº de julio. Hay toda una recuperación social muy significativa, de la mano de volver a instalar el problema de la desigualdad como un problema clave, dejando en claro que la recomposición, hasta ahora existente, no alcanza para resolver los problemas sociales y urgentes que tenemos.
¿Esto estaría indicando que la relación con el gobierno de Kirchner no sería la mejor?
Depende en qué lugar se ponga el gobierno. Si el gobierno opta por asociarse con los intereses que construyeron la decadencia de la Argentina, o sea con las multinacionales, sí. Ahora, si el gobierno entiende que puede canalizar ese descontento fortaleciendo estrategias y políticas que modifiquen la situación, lo puede vivir como un activo. De hecho, en la práctica, este gobierno pudo desarrollar un conjunto de acciones, sobre todo en el comienzo de su gestión, casualmente porque asume en el marco de un cuestionamiento social profundo al sistema político y al sistema del poder vigente en el país. Esto le permitió avanzar al presidente Kirchner en definiciones institucionales importantes en temas relacionados con los derechos humanos, con el tema de la Justicia, con el tema militar, con las instituciones policiales, e incluso, en el comienzo también, tomando definiciones en materia de relación con las privatizadas, defensa de la banca pública, e incluso discursos y planteos respecto a la negociación con los organismos multilaterales de crédito. Es muy importante para nosotros mantener vivo el oxígeno político que supone la participación de la sociedad buscando mejores condiciones de vida; es un activo de cualquier gobierno que tenga ese objetivo.
Las reinvindicaciones sociales de los piqueteros, que asomaron en estos últimos tiempos, han sido particularmente fuertes. ¿Cómo es la relación de la CTA con este movimiento y como lo observa?
Nosotros siempre tuvimos, dentro de nuestra central, una parte significativa de la experiencia piquetera a partir de las organizaciones de base territorial que integran la central. Nosotros no somos una central sindical tradicional. El mecanismo de la afiliación directa de los trabajadores a nuestra central permite que los desocupados y los trabajadores en negro también se incorporen en la misma. Y de hecho, una parte importante de lo que ha sido el movimiento piquetero es parte de la CTA.
Eso implicó que en toda la experiencia del desarrollo piquetero en Argentina, la central tuviera mucho que ver durante todo el año 2001.
La verdad es que lo que se observa hoy en Argentina, es un replanteo de la discusión social que tiene más que ver con el cambio en el esquema económico. El piqueterismo aparece como forma de lucha en el contexto donde lo que estaba en debate era la ausencia de empleo, en un contexto de declive de la actividad económica. En un marco donde hay recomposición económica y lo que genera es empleo de baja calidad o de bajo nivel de ingreso; el debate se plantea más por el lado de la participación del ingreso generado dentro de la empresa, por lo tanto es sobre el tipo de empleo.
En ese sentido, la experiencia piquetera ha perdido algún tipo de relevancia. Si bien sigue siendo importante, no tiene la centralidad que tenía en la etapa pasada. Esto se vio acompañado también de un fenómeno de división fuerte al interior de ese movimiento por vía de diferentes procesos de captación político electoral que practicaron algunas fuerzas partidarias, y eso ha hecho que ese movimiento perdiera la autonomía y el vínculo expreso con las experiencias territoriales que efectivamente tenía.
Me parece que hay una discusión más general donde participan hoy todos, tanto los trabajadores que están organizados a nivel sindical, como aquellos que no lo están y que tienen o son parte de las organizaciones territoriales, que es el debate sobre la necesidad de una política de ingresos que alcance al conjunto de la población.
Hoy el gobierno usa herramientas tradicionales, convencionales, que son del pasado. Discute solamente el salario mínimo o el tema de las paritarias, y en realidad eso representa una parte muy chica de los trabajadores argentinos. Los que quedan involucrados no exceden el 30% del total de los trabajadores y para poder llegar al resto hay que hacer otro tipo de políticas que son las que están faltando.
Nosotros estamos discutiendo la necesidad de recuperar un piso de ingreso del conjunto de los hogares que fortalezca la capacidad de negociación y discusión de los trabajadores que están ocupados. Al mismo tiempo, estamos discutiendo la posibilidad de que los trabajadores elijan como se organizan y no que tengan necesariamente que organizarse en un sindicato, cuando pueden considerar que ese sindicato no los representa. Estamos planteando la necesidad de vincular toda esa estrategia destributiva con una lógica productiva distinta.
Es decir, ampliación del consumo popular, más mercado interno, más oportunidades de negocios y otro proyecto productivo, aprovechándolas.
-¿Como observa el movimiento obrero argentino estos nuevos gobiernos progresistas que están apareciendo en la región?
– La verdad que nosotros estamos viendo con mucho i
nterés el momento de América Latina. El continente está viviendo procesos de cambios políticos y de movilización social en las calles de los diferentes países de la región. Este es un dato sumamente favorable para gestar los procesos políticos que se necesitan para replantear las condiciones de vida que tiene el pueblo latinoamericano.
Los trabajadores argentinos vemos este momento como un momento de oportunidad que esperamos no desaprovechar. *
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